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Empresas sin alma

Jue, 15/04/2004 - 12:19

Empresas sin alma

Te dicen que lo más importante es el 'espíritu de equipo', el orgullo de pertenencia. Que tienes que sentirte identificado con la 'misión' de la empresa, esa especie de interés superior de la organización (no de los accionistas, por supuesto) al que todo debe supeditarse. Te piden lealtad, ilusión, fidelidad.

Es la revolución de la gestión de recursos humanos propiciada por la 'nueva economía'. El trabajo se está convirtiendo en una idelogía (nada de prosaicas motivaciones económicas, por favor). La empresa, es una jaula de oro en la que la gente trabaja en una atmósfera de 'explotación amable' y donde se acaba confundiendo lo profesional con lo personal. Según Barba Beck, directora de recursos humanos de la multinacional Cisco, la cuestión no está en buscar el equilibrio entre la vida laboral y familiar sino la 'integración de ambas'. De hecho, las nuevas tecnologías (moviles, correo electrónico) crean lazos invisibles que propician la irrupción del trabajo en la vida cotidiana.

El trabajador debe entregarse en cuerpo y alma a la empresa. Pero las empresas no tienen alma y los mismos 'líderes carismáticos' que predicaron la nueva religión, no dudan en apostar/apostatar por la deslocalización industrial, neo-eufemismo suavizante de una realidad tan antigua como la economía de mercado: que el capital no tiene otra religión que maximizar el beneficio.

Así, cuando vienen mal dadas, se acabó el 'buen rollito'. Que en Bulgaria la mano de obra (cualificada) cobra 56 euros de salario mínimo frente a nuestros 526, pues a Bulgaria. Antes se fueron a China, al Sureste Asiático, a Brasil o al Magreb. Y mucho antes -no lo olvidemos- con ese reclamo llegó a España la inversión extranjera.

El 'ejército resrva' del que hablara Karl Marx hace dos siglos, hoy se ha globalizado y las empresas se trasladan por todo el planeta allá donde los costes salariales son más bajos. Sin ningún tipo de escrúpulos.

No nace mucho. Bill Gates publicaba un decálogo del buen empresario. El primer mandamiento, estar dispuesto a despedir.

 

Reflexiones a raiz de las declaraciones de una trabajadora anónima de Sansung que denunció ante las cámaras de TV la incoherencia de la empresa con su propia 'filosofía'.