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El tricornio deprime

Jue, 15/01/2004 - 12:19
MANUEL DEL ÁLAMO

El tricornio deprime. Bajas psicológicas y suicidio en la Guardia Civil

MANUEL DEL ÁLAMO. Director de Publicaciones de la AUGC
Un total de 24 guardias civiles (20 guardias, un cabo , un sargento, un teniente y un capitán) se quitaron la vida el año pasado, un notable crecimiento del 75% respecto al año anterior cuando la Guardia Civil registro 14 suicidios. Cifras muy desconocidas pero que muestran, como un iceberg, la situación de deterioro que padece en estos momentos el régimen interno de un cuerpo policial como la Guardia Civil por el empeño de unos pocos generales y mandos de seguir mirando atrás y conservar sus privilegios.

España tiene la tasa mas baja de suicidios de Europa, exceptuando los casos de adolescentes y de los guardias civiles cuyas tasas triplican al resto de la población. Según datos oficiales entre 1991-2002 se suicidaron 225 agentes, lo que supone una media de 19 fallecidos al año. Un dato adicional arroja más preocupación: se produjeron durante este mismo periodo 300 tentativas frustradas. Estas tasas son seis veces superior a las que presenta el Cuerpo de la Policía Nacional.

Las bajas por causas psicológicas también crecen sin cesar. Entre 1991 y 1998 se multiplicaron por siete (de 172 pasaron a 1.253), en 1999 fueron ya 1.400 y desde ese momento no han descendido, alcanzando en la actualidad a un 10% de los efectivos. La Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC), asociación profesional que cuenta con 22.000 afiliados, señala como causas de estas alarmantes cifras la pérdida del sentido del trabajo, las sanciones disciplinarias y la mala relación con los mandos, la monotonía y las decisiones no explicadas, los continuos cambios de servicio, la dificultades de conciliar la vida profesional y familiar, el estrés y las crispaciones derivadas de trabajar con pocos medios y la abundancia de correctivos mientras los incentivos sirven para que los jefes premien o castiguen.

El régimen disciplinario militar de la Guardia Civil ha provocado bochornosos e injustos casos que han tenido un importante impacto mediático como el sucedido a la agente María Asunción, condenada a cuatro meses de prisión militar por abandonar el puesto de trabajo algo menos de una hora para ir a saludar a los compañeros en las Navidades. O el del guardia Miguel José Gómez, en la actualidad en prisión militar, por el delito de comerse un bocadillo durante el servicio de vigilancia en un aeropuerto.

Por otra parte, la Ley de Prevención de Riesgos Laborales sigue sin aplicarse en la Guardia Civil cuyos agentes se ven privados de los derechos del resto de funcionarios. Un reciente proyecto de adaptación al Cuerpo de dicha normativa no es mucho más que una muestra de buenas intenciones. La desmilitarización y democratización de la Guardia Civil es todavía una asignatura pendiente de nuestra democracia.