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Urge un cambio de rumbo

Dom, 15/01/2017 - 12:19
VICENTE LÓPEZU
Dossier

Una de las causas por las que no se desarrollan acciones preventivas es porque nuestro marco laboral actual incentiva una competitividad empresarial basada en la reducción de costes laborales y el aumento de beneficios a corto plazo. Beneficios que se anteponen al bienestar y la salud integral de los trabajadores y trabajadoras. La prevención de riesgos laborales en origen entra en conflicto con las prácticas de gestión de la mano de obra llevadas a cabo en una parte importante de nuestro tejido productivo. Unas prácticas que son toleradas y alentadas por una normativa laboral que limita los derechos individuales y colectivos de la población asalariada.

Se han cumplido 20 años de la entrada en vigor de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, y lo que podemos ver es que durante todo este tiempo se ha legislado para reducir al mínimo la capacidad de presión de los trabajadores y trabajadoras y aumentar al máximo la idea de que la prevención es una actividad técnica más, un negocio, del que sacan rentabilidad dos tipos de empresas: las que externalizan la prevención y cumplen de manera burocrática sus obligaciones legales, y las que se dedican a ofrecer servicios preventivos a la baja, que en realidad no tienen en cuenta la salud de los trabajadores y trabajadoras como principal objetivo, sino que su cliente cumpla con los mínimos que obliga la ley. Las primeras por un poco de dinero se quitan de encima “el muerto de hacer verdadera prevención”. Las segundas ponen a sus trabajadores y trabajadoras en situaciones imposibles, ofreciendo “prevención low cost” y generando no pocos conflictos éticos a quienes saben de prevención y trabajan para ellas.

Para acabar de cerrar el círculo, desde la Administración pública y desde el Gobierno no se dan los pasos normativos que evitarían que este proceso se agudizara, sino todo lo contrario: se obliga a las mutuas a vender los servicios de prevención en un tiempo récord, se fomenta la externalización de los servicios de prevención, se evita el debate de crear delegados de prevención territoriales y sectoriales, se realizan reformas laborales que precarizan más si cabe nuestro mercado laboral, etc. Mientras tanto, la prevención languidece en el desván de la casa, donde los roedores campan a sus anchas y dan buena cuenta del viejo ideal de preservar la salud de los trabajadores y trabajadoras como un derecho. Es urgente un cambio de rumbo y en este dossier ofrecemos algunas reflexiones sobre los problemas y algunas propuestas de actuación.