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Una jornada irregular impuesta incrementa la exposición a riesgos psicosociales y perjudica la salud de trabajadores y trabajadoras

Mié, 15/01/2014 - 12:20
CLARA LLORENS Y SALVADOR MONCADA
Dossier

La exposición laboral a riesgos psicosociales es una de las causas más importantes de problemas de salud tan frecuentes como las enfermedades cardiovasculares, algunos trastornos de la salud mental y los músculo-esqueléticos, y también es una de las causas más relevantes de absentismo laboral por motivos de salud. Con la última reforma laboral, que impone un 10% de jornada irregular a todos los trabajadores y trabajadoras, el gobierno va justo en la dirección de aumentar esta problemática.

La última reforma laboral realizada por el Partido Popular en materia de regulación de la jornada niega el significado social del tiempo. Esta reforma trata el tiempo como si fuera una magnitud homogénea, como si las 11 de un miércoles fueran iguales que las 11 de un domingo. Pero las horas no son intercambiables, porque el uso del tiempo no es individual, ni dentro ni fuera de la empresa. Cualquier cambio en la jornada laboral va a tener importantes efectos en las condiciones de vida de trabajadores y trabajadoras porque distorsiona su vida social fuera de la empresa.

Con este cambio, el legislador niega la existencia de ta reas de cuidado de personas y del mantenimiento del hogarfamilia, pues elude una de sus principales características: el hecho de ser tareas con exigencias temporales estrictas. Sin regularidad, sin control y sin respetar los tiempos que socialmente están asignados a otras actividades, la jornada laboral irregular lleva a exposiciones nocivas para la salud y provocará un incremento de las enfermedades.

Falta de control y doble presencia

Si no hay pacto o convenio que lo regule, un total de 182 horas, si atendemos a la jornada anual máxima que establece el Estatuto de los Trabajadores, pueden ser modificadas, es decir, se pueden pasar de un día a otro, de una semana a otra, de un mes a otro, etc. Y estas modificaciones se realizarán como el empresario decida: en grupos de 2 horas, de 6 horas, de 1 hora, de 8 horas, en un día laborable o en un no laborable o en un festivo, etc. Es decir, se ha eliminado la voluntariedad como derecho de la persona ante los cambios de ordenación de la jornada. Ahora el empresario no propone sino que exige al trabajador, quien ha de estar disponible para la actividad mercantil. Así, la población asalariada a la que se le aplique la reforma laboral tal cual perderá el control de la jornada, lo que aumentará las probabilidades de sufrir exposiciones desfavorables para la salud derivadas del deterioro de la influencia en el trabajo.

Los cambios unilaterales en la ordenación de la jornada dificultan especialmente la realización y el reparto equitativo entre hombres y mujeres del trabajo doméstico-familiar, ya que este trabajo y en especial las tareas de cuidado cotidiano de las personas tienen, como todos sabemos, delimitaciones temporales estrictas: por ejemplo, el centro de día cierra sus puertas a la misma hora cada día y los niños tienen que cenar todos los días, en todo caso ni las necesidades de las personas mayores, ni de los niños siguen la cadencia de las exigencias de distribución irregular de jornada. Así, los cambios en la jornada laboral, con un preaviso de 5 días de antelación, aumentan las exigencias simultáneas de ambos ámbitos. Y ello afecta especialmente a las mujeres, que siguen siendo aún el grupo de población que en mayor medida se encarga del trabajo doméstico-familiar. De aplicarse la reforma laboral, se producirá un incremento de la doble presencia.

Asimismo, la distribución irregular de jornada reduce las posibilidades de realizar actividades cívicas y de ocio de forma grupal. Los cambios de jornada sin regularidad imposibilitan realizar aquellas actividades que tienen una cadencia, que se realizan siempre los mismos días y a las mismas horas (reuniones de cualquier tipo de asociación, cursos presenciales...). Actividades que son una fuente de relación social y que la Organización Mundial de la Salud reconoce como una fuente imprescindible de salud mental.

Menor reconocimiento e inseguridad

Los cambios unilaterales en la ordenación de la jornada dejan de tener un sobrecoste para el empresario porque forman parte de la jornada ordinaria, de lo exigible por ley (o, mejor expresado, por el robo de nuestros derechos). Estos cambios no se compensan ni en tiempo ni en dinero, independientemente del coste material y emocional que tenga para trabajadores y trabajadoras dejar de realizar el trabajo doméstico-familiar, imprescindible y fundamental para el bienestar de la vida cotidiana y la sostenibilidad humana. Ello supone una merma en la valoración y reconocimiento del trabajo que constituye una exposición insana.

Asimismo, si la asignación de los cambios de jornada no se basa en un procedimiento que evite que siempre recaiga en los mismos colectivos de trabajadores, puede suponer un trato injusto, falta de justicia en el trabajo, que también se ha relacionado consistentemente con un peor estado de salud.

Finalmente, los preavisos cortos, y por ello con importantes efectos en los otros ámbitos de la vida del trabajador, podrían aumentar la exposición a inseguridad (entendida como preocupación en relación a los cambios no deseados de condiciones de trabajo fundamentales, como es la jornada).

Si no lo cambiamos, vamos a enfermar más

La evidencia científica muestra que la pérdida de control sobre la jornada de trabajo mediante la introducción de mayores niveles de discrecionalidad empresarial y la pérdida de control sobre los tiempos de trabajo de trabajadoras y trabajadores contribuyen notablemente a la aparición de exposiciones psicosociales desfavorables o al empeoramiento de las ya existentes. Las trabajadoras y trabajadores sometidos a estas condiciones de trabajo están condenados a enfermar más.

Por ejemplo, sabemos que la combinación de unas altas exigencias con un bajo nivel de control sobre el trabajo (o sea, baja influencia o autonomía, pocas posibilidades de desarrollar habilidades, bajo control sobre los tiempos de trabajo, poco sentido del trabajo…) o con unas escasas compensaciones (en términos de inseguridad sobre el empleo, falta de reconocimiento, trato injusto…) provoca que se duplique el riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares, enfermedades que constituyen la principal causa de muerte en nuestro país. Las mismas situaciones se han relacionado también con múltiples problemas de salud, entre los que destacan algunos trastornos de la salud mental (como el desarrollo de sintomatología depresiva) y músculo-esqueléticos (como el dolor de espalda, una de las principales causas de absentismo). En su conjunto, los problemas de salud relacionados con exposiciones a riesgos psicosociales en el trabajo constituyen una de las principales causas de absentismo laboral por motivos de salud; problemas de salud y absentismo laboral a los que contribuyen también de manera específica las distorsiones que la distribución irregular de jornada produce en los tiempos de recuperación que los humanos necesitamos después de realizar los esfuerzos (tanto físicos como psicológicos) que conlleva el trabajo.

En la misma línea, una reciente revisión sistemática de 53 investigaciones publicadas concluía que los sistemas de flexibilización de la jornada laboral que se basan en el aumento del control de los trabajadores y las trabajadoras sobre el tiempo de trabajo tienen efectos beneficiosos sobre las condiciones de trabajo, la conciliación del trabajo laboral y el doméstico- familiar, las exposiciones psicosociales y la salud, a la vez que disminuyen el absentismo y mejoran la productividad. Estos sistemas se basan en proporcionar autonomía y mayores márgenes de decisión sobre la hora de entrada y salida, la realización de las pausas, las vacaciones y los días libres, y sobre la distribución semanal de los días de trabajo y el alargamiento de jornada. Sin embargo, la reforma del gobierno va en la dirección absurda e injustamente contraria.