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Una experiencia desde los pupitres

Mar, 15/04/2008 - 12:20
BERTA CHULVI
Dossier

Àngels López Sans, una maestra del colegio El Turó de Mataró (Barcelona) consciente de las deficiencias que presentan las escuelas desde un punto de vista ergonómico realizó con sus alumnos una interesante experiencia de ergonomía participativa.

Àngels López tiene una opinión clara sobre por qué las escuelas dejan mucho que desear desde el punto de vista ergonómico. "La razón principal es que cuando se diseña un nuevo centro se concede más importancia a los aspectos estéticos del edificio que a su funcionalidad: se diseña sin tener en cuenta las necesidades de los futuros usuarios, ¡no se hace ergonomía preventiva!" afirma.

Una simple inspección guiada por criterios ergonómicos permite a Àngels López concluir que "en muchas escuelas españolas el mobiliario no se adapta a las medidas de los usuarios y éstos se ven obligados a adoptar posturas patógenas, es muy frecuente ver a niños que no alcanzan el suelo con los pies, adolescentes con las rodillas a la altura del pupitre, profesores encorvados corrigiendo en las mesas de los alumnos... y un sinfín de situaciones similares".

"Muchas personas que en la edad adulta alcanzan estaturas de metro ochenta y superiores recuerdan su paso por las aulas como un suplicio" afirma la profesora.

Con sus alumnos de 6 y 7 años, Àngels López observó que las actuales sillas de nuestros centros no ayudan al individuo a sentarse bien y generan posturas poco saludables, que los alumnos manipulan cada día una carga de peso excesiva y la transportan de forma incorrecta, que la iluminación artificial de las aulas es, en muchos casos, insuficiente y en otros, la luz natural provoca reflejos molestos, que las condiciones acústicas de las aulas tienen índices de reverberación excesivos, lo que hace que la comunicación verbal sea poco inteligible. "No es erróneo indicar que la situación actual de nuestras escuelas tiene mucho en relación con aquella que motivó el nacimiento de la Ergonomía a finales de la Segunda Guerra Mundial" concluye López.

Manos a la obra

¿Cómo enfrentarse a esta situación de la manera más eficaz posible, considerando los escasos recursos de los que se dispone? Àngels López apostó por implicar a los usuarios directos de un sistema en todas las fases del proceso relacionados con su evaluación y mejora. Por ello, decidió poner en práctica una experiencia de ergonomía participativa que sigue desarrollándose en la actualidad.

Lo primero que hizo fue introducir el concepto de ergonomía adaptándolo a la edad de los alumnos. "La principal idea que les transmití -explica Àngels- es que el entorno que habitan debe estar adaptado a ellos y no a la inversa". Por ejemplo, tras percatarse de que frecuentemente levantaban el libro para leer les preguntó por las causas de este comportamiento y obtuvo respuestas como "así no tengo que bajar el cuello y leo mejor", o "porque así no me duele el cuello" o "así no me molesta el sol".

Partiendo de tales respuestas, y tras analizar los inconvenientes derivados de tener que levantar el libro, la maestra y sus alumnos pensaron en cómo se podía evitar al tiempo que, lógicamente, se combatían los problemas que justificaban esta conducta. "Ante este requerimiento -explica- un alumno indicó que la solución era la de utilizar 'una mesa triangulada' (tenía la visión de una mesa con plano inclinado y ésa fue su manera de definirla). Al decirle que yo no lo entendía muy bien, pasó a la acción, levantó su mesa por un lado y me dijo: '¿Ves?, así'. Tras este comentario todos los alumnos de la clase trabajaron para conseguir que la mesa se aguantara de esa forma: colocaron cajas de juegos de madera en las patas de las mesas y experimentaron hasta conseguir que su mesa se convirtiera en una de plano inclinado".

Este fue sólo un caso entre tantos, ya que para evitar los reflejos molestos en el aula los alumnos plantearon la necesidad de unas cortinas en las ventanas. Y cuando analizaron los lavabos se percataron de que las niñas tenían espejo y los niños no, y eso, a veces, era un problema. En pocas palabras, descubrieron por sí solos soluciones obvias para mejorar su lugar de trabajo, "¡algo que -concluye Àngels López- algunos fabricantes de mobiliario escolar parecen haber olvidado!".