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Trastornos musculoesqueléticos: colectivos más vunerables

Sáb, 15/04/2017 - 12:19
MONTSERRAT LÓPEZ BERMÚDEZ
Dossier

El porcentaje de trabajadores y trabajadoras que manifiestan molestias musculoesqueléticas es elevado en general, pero especialmente para ciertos colectivos más vulnerables. Un 78% de los trabajadores mayores de 55 años sufre de trastornos musculoesqueléticos, un porcentaje que desciende poco entre la población trabajadora que tiene entre 16 y 29 años (70%) y que deberían gozar de mejor salud. Entre las mujeres de todas las edades, este porcentaje se eleva al 81%.

dolor espaldaLos trastornos musculoesqueléticos (TME) comprenden un amplio abanico de signos y síntomas, desde molestias y dolores hasta cuadros clínicos médicos graves que obligan a solicitar baja laboral, en los casos más extremos, discapacidad y dejar de trabajar. Pueden afectar a distintas partes del cuerpo mediante lesiones en huesos, músculos, tendones, articulaciones, ligamentos, nervios y vasos sanguíneos.

El origen de los TME se debe a múltiples causas. Salvo los procesos originados únicamente por lesiones accidentales (sobresfuerzos), en casi todos los casos, en la producción de TME intervienen varios factores de riesgo, que tienen que ver con la tarea y con la organización del trabajo: la manipulación manual de cargas, la adopción de posturas forzadas estáticas o dinámicas, realizar movimientos repetitivos, las vibraciones mecánicas, junto con la variedad de tareas, ya sea por exceso o por defecto (trabajo monótono y repetitivo), la falta de control sobre la propia tarea, el ritmo de trabajo elevado, la duración de la jornada prolongada y la falta de periodos de descanso y recuperación, etc.

El reconocimiento del origen laboral de estos TME supone un problema para la población trabajadora. Cuando este tipo de trastornos se origina por circunstancias traumáticas, como puede ser un desgarro muscular mientras se levanta manualmente una carga, no debería haber ningún problema y se reconocería como accidente de trabajo. Sin embargo, la mayoría de los TME se originan por efecto acumulativo y el síntoma clave es el dolor. Las lesiones se producen con el paso del tiempo y, aunque existen algunos TME reconocidos como enfermedades profesionales, son insuficientes y limitan las actividades asociadas a su desarrollo, por lo que se dificulta todavía más el reconocimiento como tal.

Jóvenes
El colectivo de jóvenes de 16 a 29 años soporta altas tasas de precariedad que se manifiestan ante todo en temporalidad en la contratación, horarios regulares, salarios bajos, escasa experiencia laboral y formativa, poca conciencia y sensibilización al riesgo. Además son discriminados en determinadas actividades preventivas como la formación en prevención, la vigilancia de su salud, incluso la evaluación de riesgos de su puesto de trabajo. El miedo a perder el empleo cierra el círculo de vulnerabilidad sobre la que, por supuesto, habrá que incidir para poder garantizar la seguridad y la salud del colectivo de jóvenes, y con ello la prevención de los daños musculoesqueléticos en el ámbito laboral. Los resultados de las estadísticas sobre accidentes de trabajo de 2016 reflejan que los trabajadores y las trabajadoras jóvenes tienen menos accidentes de trabajo; sin embargo, dentro de este colectivo los accidentes debidos a sobresfuerzos son los de mayor incidencia con el 33%, frente al 22% para el colectivo de 55 años y más. Entre las molestias musculoesqueléticas que padecen destaca el dolor en la espalda, cuello y extremidades superiores, según datos de la Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo. 6ª EWCS - España 2015.

Mayores de 55
Las limitaciones que pueden padecer los trabajadores y las trabajadoras de 55 años y más no solo derivan del envejecimiento natural a nivel individual, sino que debemos sumar el desgaste que provoca la exposición prolongada a riesgos laborales y la antigüedad en el puesto de trabajo. El accidente de trabajo por sobresfuerzos supone el 90% de los accidentes de trabajo sufridos por este colectivo. La precariedad laboral también afecta a las personas mayores y tiene su correlato en la salud: los mayores de 55 años con contrato temporal sufren más accidentes por sobresfuerzo que los del mismo grupo de edad con contrato indefinido. En la actualidad, el Ministerio de Empleo y Seguridad Social no proporciona información detallada de las enfermedades profesionales por TME por grupos de edad. Este hecho revela una alarmante deficiencia de la información facilitada por el Ministerio. Si realmente existe la voluntad de considerar la vulnerabilidad del colectivo de mayores de 55 años, es preciso difundir, publicitar y facilitar el análisis de la información registrada.

Mujeres
Las desigualdades en el empleo y las diferencias biológicas entre hombres y mujeres ponen en riesgo a estas últimas. La condición de ser mujer sirve de argumento para el desvío de demasiados TME de origen laboral a enfermedades comunes.

En cambio este determinante biológico poco o nada se utiliza para relacionar los TME con las condiciones de trabajo, cuando todavía, actualmente, el diseño del puesto, los equipos que lo conforman o las herramientas que se utilizan siguen el canon masculino. Un ejemplo: los equipos de protección individual no se adaptan a las personas usuarias, pero menos todavía a las mujeres. En el estudio realizado por Karen Messing (1991) sobre mujeres que trabajaban en ocupaciones tradicionalmente masculinas, las trabajadoras se quejaban sobre todo de las botas, de los guantes mal ajustados, de las podadoras difíciles de manejar, de los asientos en los tractores demasiado alejados del volante, etc. Las mujeres dedican un mayor número de horas al trabajo doméstico que los hombres, por lo que las demandas físicas y mentales de este trabajo son más fuertes para la mujer, pudiendo aumentar el riesgo de sufrir TME debido a la sobreexposición y a la falta de descanso.

El 51,6% de las enfermedades profesionales declaradas en el 2016 fueron de mujeres. Ya existen enfermedades con nombre de mujer: como el síndrome del túnel carpiano o los nódulos en las cuerdas vocales. El 93,8% de las casos de enfermedades profesionales debidos a nódulos en las cuerdas vocales correspondieron a mujeres, así como el 63,6% de las parálisis de los nervios debidos a la presión.

Cuando los puestos de trabajo ocupados por mujeres son objeto de intervención, algo que ocurre en contadas ocasiones, pues se consideran exentos de riesgo, las medidas o intervenciones no sirven. Karen Messing muestra que incluso las recomendaciones para manipular cargas de forma correcta no son eficaces para las trabajadoras: ¿Alguien ha examinado el efecto del tamaño de los senos durante el levantamiento y transporte de una carga o al movilizar a una persona apoyándola sobre el pecho?, se pregunta esta investigadora.

Existe la actitud generalizada de achacar a la inexperiencia laboral en las personas jóvenes, al envejecimiento natural del colectivo de más edad, a las exigencias familiares y domésticas y su condición biológica en el caso de la mujer, la ocurrencia de cualquier daño a la salud como causa principal de todos sus males.

Pero lo que no es razonable, ni posible, es prolongar la vida profesional en ocupaciones que requieran una alta exigencia física y postural, no atender las necesidades preventivas en los comienzos de las vidas laborales y, por último, olvidarnos de las desigualdades.

Es necesario promover la búsqueda de medidas preventivas frente al riesgo que permitan adaptar el entorno de trabajo a las diferentes edades y desigualdades sociales y, en definitiva, a cada trabajador y trabajadora persiguiendo el objetivo de la ergonomía laboral, “adaptar el trabajo a las personas y no a la inversa”. Solo de este modo dejarán de existir desigualdades entre las personas trabajadoras, mejorando las condiciones de trabajo desde el inicio de la actividad laboral hasta el último día en su vida laboral.