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Trabajo y tabaquismo

Sáb, 15/10/2005 - 12:20
FERNANDO RODRIGO
Dossier

El próximo 1 de enero de 2006 entrará en vigor la nueva ley de prevención del tabaquismo. Nuestro país tiene uno los porcentajes más altos de población fumadora de Europa. La nocividad del tabaco para la salud es evidente y nadie la pone en cuestión, excepto las propias compañías tabaqueras y algunos supuestos expertos a sueldo. Pero la adicción al tabaco, como otras adicciones, tiene condicionantes sociales. El trabajo y las condiciones que lo determinan forman parte de ellos. La clase social y la categoría laboral o profesional tienen que ver con la probabilidad de fumar y, también, con la probabilidad de éxito en los intentos de abandonar el hábito.

Con la nueva ley, se prohíbe totalmente fumar en el trabajo. De cómo se aborde este problema en las empresas se derivarán consecuencias para el éxito o el fracaso de la lucha contra el tabaquismo, así como conflictos o tensiones en caso de un abordaje puramente individual y moralista.

Compartimos el principio de liberar de humos los espacios de trabajo y reivindicamos el derecho de todos a respirar un aire limpio y saludable. Esta cultura hay que extenderla también a los riesgos impuestos por las condiciones de trabajo y las decisiones empresariales en las que no media ningún margen para la elección personal.

En el trabajo hay muchos malos humos y ahora es la ocasión de realizar una política integral contra todos ellos. En lo que respecta al hábito de fumar, la mejor política de erradicación que se puede hacer en el ámbito de la empresa es aquella que mejore la condiciones de trabajo de tal forma que se modifiquen en positivo los condicionantes sociales que lo favorecen. Esta es la forma de apoyar, no de reprimir, a los trabajadores para resolver un problema de salud: la adicción al tabaco.

La empresa es un lugar privilegiado para desarrollar determinadas políticas sanitarias, pero ellas carecen de todo sentido si se solapan con una total despreocupación por la prevención de los riesgos laborales. Malamente se puede intentar concienciar a los trabajadores de lo perjudicial del tabaco cuando tres millones de trabajadores están expuestos a sustancias cancerígenas en el trabajo. Tratemos de no desperdiciar esta oportunidad. El diálogo, la negociación y el acuerdo son el mejor camino para conseguirlo.

Fuera los malos humos del trabajo. Todos.