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Trabajadores que reciclan residuos expuestos a gases tóxicos

Mar, 15/10/2013 - 12:19
BERTA CHULVI
Dossier

Una situación preocupante se está produciendo en las plantas de reciclaje de residuos de los distintos territorios del Estado español. En Cataluña y en la Comunidad de Madrid hemos detectado que las tareas que antes se realizaban al aire libre han pasado a instalaciones cerradas, dándose situaciones graves de exposición a gases tóxicos cuando la ventilación de las instalaciones es deficiente. Los trabajadores, bajo la presión constante de la pérdida del empleo, no se atreven a denunciar.

Conocemos los casos, pero la presión de las empresas es tan tremenda y la amenaza de perder el empleo tan real, que no hay manera de ponerle el cascabel al gato. En esta situación son los responsables sindicales con muchos años de lucha a sus espaldas los que se atreven a describir lo que está pasando. Es el caso de Rafael López, responsable de Saneamiento Urbano de la Federación de Servicios Privados de CCOO: “La falta de inversión en los sistemas de ventilación de muchas plantas de reciclaje de residuos urbanos está minando la salud de muchos trabajadores en precario que realizan un servicio esencial para la comunidad en condiciones de toxicidad, penosidad y peligro”.

Además de los riesgos psicosociales que desde la Federación de Servicios Privados se están estudiando en colaboración con ISTAS, la alarma ha saltado en relación a la exposición a gases tóxicos que emanan en los procesos de degradación de los residuos orgánicos y se distribuyen por el ambiente, especialmente en verano. Nos referimos, principalmente, al ácido sulfhídrico y al amoniaco. La gravedad de la exposición se debe a que para evitar los malos olores en los entornos próximos, los trabajos de tratamiento de residuos que antes se realizaban al aire libre ahora se desarrollan en un recinto cerrado con un sistema de ventilación deficiente. Sistemas que no cumplen con sus objetivos de reposición de aire limpio. “Nos encontramos ante instalaciones antiguas que no incorporan suficiente cantidad de aire limpio donde están operando las personas”, señala Rafael López.

Entre los gases más conocidos –no se descartan otros– a los que están expuestos los trabajadores se encuentran el ácido sulfhídrico y el amoniaco, clasificados como extremadamente inflamables y muy tóxicos por inhalación. Ambos son considerados por el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo como un agente de enfermedades profesionales en el sector agrícola relacionadas, sobre todo, con el aparato respiratorio. También son agentes responsables de dermatitis irritativas por contacto, irritación ocular, dolor de cabeza y fatiga. Además, el INSHT reconoce que las exposiciones a dosis altas de estos agentes en espacios confinados son una causa continua y recurrente de muerte.

Para ambos gases hay establecidos valores límite ambientales de exposición diaria, dada su clara toxicidad. Concretamente 7 miligramos por metro cúbico en el caso del sulfuro de hidrógeno y entre 14 miligramos por metro cúbico en el caso del amoniaco. Frente a esto, las empresas se niegan a facilitar las mediciones, muchas veces en complicidad con otros sindicatos que tienen la mayoría en los comités de empresa, pero sin embargo no actúan de forma diligente en la defensa de la salud de los trabajadores. Rafael López responsabiliza también a la Inspección de Trabajo: “Estamos cansados de ver lo mismo en todas las comunidades autónomas. La Administración hace la vista gorda ante estas grandes empresas, que provienen en su mayoría de la construcción, y que son contratas de la Administración. La gran mayoría de los trabajadores manuales en este sector está desprotegida, perdiendo su salud por sueldos muy reducidos y bajo la amenaza constante del despido. Mientras, las empresas ganan mucho dinero fruto, por un lado, de la contrata que tienen con la Administración como, por otro lado, por la venta de los productos para el reciclaje que demanda el mercado. Cuando miras con lupa este negocio y ves en qué condiciones trabajan las personas en las plantas, te das cuenta que aquí lo más limpio es la basura”, concluye López.