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Tiempo de trabajo: El beneficio empresarial a costa de la salud de los trabajadores

Dom, 15/04/2012 - 12:20
CARMEN MANCHEÑO
Dossier

Hay evidencia científica que demuestra que la duración de la jornada, los altos ritmos de trabajo, los turnos o la nocturnidad tienen sus efectos sobre la salud física, mental y social de los trabajadores. Hoy la situación es más delicada que nunca, la última reforma laboral ha introducido nuevos desequilibrios en este campo, ya que dota a los empresarios de un mayor margen de actuación discrecional en materias como el tiempo de trabajo sin mejorar la participación de los representantes de los trabajadores en este tipo de decisiones.

La ordenación del tiempo de trabajo está basada en la actualidad en criterios de adaptación de los recursos humanos a las cambiantes necesidades productivas de las empresas, incidiendo en la distribución de los ritmos y los horarios de trabajo y en la fijación de los tiempos de descanso. Como consecuencia de ello se ha producido una cada vez mayor diversificación, descentralización e individualización del tiempo de trabajo que ha desembocado en una creciente tensión entre los intereses y necesidades de trabajadores y empresarios.

La duración media de la jornada –en los trabajadores a tiempo completo– ha superado las 40 horas semanales, situándose en torno a 41, mientras que la distribución más tradicional de la misma –de lunes a viernes– está en declive frente a todo tipo de horarios atípicos y variables que afectan negativamente no sólo a la salud de los trabajadores, sino además a su vida social y familiar. En un país como el nuestro, en el que un 45,3% de los trabajadores alarga de forma habitual su jornada laboral, el tiempo de trabajo es un elemento central del debate político y social. De estos trabajadores, según la Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo de 2007, un 18,5% no recibe compensación alguna por este tiempo. Y hay más datos significativos de la misma fuente: un 27,3% trabaja más de 40 horas semanales de media; casi un 25% trabaja en turnos de tarde o de noche, en turnos rotatorios o en horario irregular. Un 35% trabaja tanto entre semana como los fines de semana, y un 26% trabaja habitualmente en domingo y festivos.

Nuestra situación no es, ni mucho menos, homologable a la existente en otros países europeos. Según un estudio realizado por el European Labour Force Survey, si observamos el periodo 2006-2010 podemos comprobar cómo en España la jornada semanal es 1,3 horas mayor que la media de los 27 países que conforman la Unión Europea en la actualidad. Si nos centramos en los datos de la UE-15, y dejamos de lado los de los países de más reciente incorporación, podemos comprobar cómo en nuestro país se trabaja mensualmente casi 8 horas más que en Holanda, 4 más que en Dinamarca y 5 más que en Noruega. Según este informe, en materia de tiempo de trabajo España se encontraría más cerca de los últimos países incorporados a la Unión y menos desarrollados que de los países del norte, con mayor nivel de desarrollo.

A nadie se le escapa que, como suele ser habitual ante el “problema” del tiempo de trabajo, las mujeres se llevan la peor parte y que, aunque cada vez haya más mujeres asalariadas, sus responsabilidades familiares no han disminuido, más bien al contrario, sobre todo en tiempos de crisis como los actuales, en los que los recortes en servicios sociales están suponiendo un aumento y diversificación de las responsabilidades familiares.

La reticencia más importante del mundo empresarial con respecto a la reducción y reordenación del tiempo de trabajo se basa en una teoría que aún no ha sido probada y es que a menor tiempo de trabajo menor productividad. Pero algunos estudios apuntan todo lo contrario, es decir, que la reducción del tiempo de trabajo y/o la adopción de medidas conciliadoras no parecen tener efecto sobre la productividad en tanto en cuanto ésta no empeora, siendo otros los elementos ligados a la gestión de la empresa, como por ejemplo los aspectos organizativos y tecnológicos, los que mayor influencia tienen sobre la competitividad y la productividad.

Efectos sobre la salud

Los turnos de trabajo pueden resultar más peligrosos para nuestra salud de lo que se creía hasta ahora. Los estudios científicos demuestran claramente que los trabajadores a turnos y nocturnos tienen hasta un 40% más de riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, una mayor incidencia de diabetes, son más proclives a padecer problemas neuropsiquiátricos, al consumo de sustancias tóxicas y se divorcian tres veces más que el resto de empleados que realizan su actividad durante el día. Existe igualmente una clara vinculación a trastornos digestivos y del sueño. A pesar de ello, la única ley que regula este fenómeno es la del mercado.

El desequilibrio que se produce en el reloj biológico interno al trabajar de noche puede repercutir directamente en nuestra configuración genética, lo que provocaría trastornos metabólicos a largo plazo. Recientemente, la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC) ha llegado a la conclusión de que existe una relación entre el trabajo nocturno y los turnos que conllevan trabajo nocturno con el cáncer. Según estos estudios, los trabajadores sometidos a este tipo de organización del tiempo de trabajo sufren una alteración de los ritmos circadianos tal que se produce una reducción de los niveles de la hormona melatonina en las horas nocturnas, que incrementa la incidencia o el crecimiento de tumores. Ante estas evidencias, la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer ha decidido clasificar el trabajo nocturno y el trabajo a turnos que implique trabajo nocturno como un agente 2A o, lo que es lo mismo, como un probable cancerígeno en humanos. Además, el aumento de la fatiga convierte al trabajador en más vulnerable a las enfermedades y a los accidentes de trabajo, sin olvidar que el incremento en el tiempo de trabajo aumenta la intensidad de la exposición a otros agentes físicos, químicos o biológicos con los consiguientes efectos sobre la salud de los trabajadores. La organización discrecional del tiempo de trabajo por parte de los empresarios, unido a la fuerte intensificación de la carga de trabajo y el miedo a la pérdida de empleo, produce un aumento muy importante de la exposición a riesgos psicosociales con importantes efectos adversos sobre la salud, fundamentalmente aumento del estrés y de los trastornos psicológicos y físicos derivados. 

* Carmen Mancheño es médico del trabajo y coordinadora de la Secretaría de Salud Laboral de CCOO de Madrid.

Los efectos de la representación sindical

SALVADOR MONCADA

En la encuesta de exposición a riesgos psicosociales que ISTAS realizó en 2010 a una muestra representativa de la población española, vemos una clara relación entre el alargamiento de jornada y dos variables: la existencia o no de representación sindical en la empresa y la exposición al riesgo de la doble presencia. El riesgo de doble presencia se define como las exigencias sincrónicas, simul - táneas, del ámbito laboral y del ámbito doméstico-familiar. En el ámbito laboral tiene que ver con las exigencias cuantitativas, la ordenación, duración, alargamiento o modificación de la jornada de trabajo y también con el nivel de autonomía sobre ésta, por ejemplo, con horarios o días laborables incompatibles con el trabajo de cuidado de las personas o la vida social. Lo que observamos es que de las 2.262 mujeres que componen la muestra, un 46% de las trabajadoras está en la peor situación posible de los tres niveles de exposición al riesgo, pero este porcentaje se incrementa hasta el 52% entre aquellas mujeres que alargan su jornada entre 6 y 10 días al mes y llega hasta el 57% entre aquellas trabajadoras que prolongan su jornada más de 10 días al mes. Entre los hombres, con porcentajes de exposición menores, también se observa el mismo fenómeno. De los 2.824 hombres entrevistados, un 24% se encuentra en la peor situación posible de los tres niveles de exposición al riesgo, pero este porcentaje llega hasta el 31% entre aquellos que alargan su jornada más de 10 días al mes.

La existencia de delegados sindicales tiene un claro efecto sobre la limitación en el alargamiento de jornada y actúa, por tanto, como un verdadero instrumento de prevención colectiva para proteger la salud de los trabajadores y trabaja - doras. Entre los trabajadores que cuentan con representación legal en sus empresas, un 37% alarga jornada de forma habitual, mientras que este porcentaje alcanza al 44% de los asalariados y asalariadas cuando están empleados en empresas donde no existe representación legal de los trabajadores.