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Te vamos a castigar con 15 días de ERE, los ajustes de plantilla se utilizan como amenaza para que los trabajadores acaten órdenes

Dom, 15/01/2012 - 12:19
BERTA CHULVI
Dossier

La frase parece ciencia ficción, pero se la dijo un directivo del hotel Juan Carlos I de Barcelona a Eric, un joven delegado de CCOO que trabaja en la conserjería del hotel. Eric se negó a desarrollar una práctica irregular y defendió sus derechos como trabajador. Pero la crisis parece haber abierto la veda: todo vale y los ajustes de plantilla se utilizan como espada de Damocles sobre los trabajadores.

ajustes de plantillaEn 2006, el hotel Juan Carlos I tenía 500 trabajadores, ahora quedarán unos 210. Cuando el grupo HUSA se hizo cargo de la gestión del hotel, la empresa empezó un proceso de subrogación de secciones a otras empresas, que ha servido para ir desmantelando el poder de negociación de los trabajadores. En julio de 2009, la empresa presenta un ERE por causas económicas que le habilita para enviar al paro a los trabajadores ciertos días al mes con la única condición de que el trabajador recibiera la información con 48 horas de antelación. En ese proceso, el hotel subroga también el parking a otra empresa, el del hotel y el del Palacio de Congresos que está al lado. Como la nueva empresa sólo tiene un trabajador para atender los dos parkings, el propietario de la misma pretende que los trabajadores de conserjería del hotel atiendan el parking del mismo y cobren a los clientes cuando la máquina de tiques ha tenido algún problema o la barrera no se levanta: “Era continuo –explica Eric–, y un día me cansé y le dije que sí quería que trabajara para él me pusiera en nómina”. El propietario del parking entró en cólera y encontró el respaldo del subdirector del hotel que le exigió a Eric que incurriera en una práctica, trabajar para otra empresa, que en realidad puede considerarse prestamismo laboral. Eric se negó y el subdirector le amenazó con castigarle con 15 días de ERE. El trabajador sufrió una crisis de ansiedad, acudió al médico y éste le dio una baja. Eric afirma que estas amenazas sí que han funcionado con otros trabajadores y trabajadoras que están en una situación más vulnerable: tiene niños que mantener y a veces la pareja también trabaja en el hotel.

Cuando el propietario del parking reclamaba los servicios de Eric sin pagarlos, este trabajador ya estaba sometido a una fuerte presión: con el ERE han disminuido los recursos humanos pero el trabajo ha aumentado. “Cuando la empresa presenta el ERE –explica Eric–, hay días que el número de trabajadores se reducen a la mitad o incluso más. Por ejemplo, si en la conserjería teníamos tres maleteros, tenemos uno menos. Si teníamos cuatro telefonistas, sólo tenemos dos. Y así en todo. Pero, ¿qué ocurre con la cantidad de trabajo? La cantidad de trabajo no disminuye sino que aumenta porque la empresa prima la entrada de dinero y lo que hace es reventar precios, llena el hotel hasta la bandera a mitad de precio. Nosotros tenemos más trabajo que en una época de bonanza y somos menos gente”. Eric relata cómo con la amenaza del despido se hace trabajar a la gente hasta la extenuación: “A las camareras de piso les hacen hacer 13 habitaciones al día, cuando en un hotel como el nuestro, de gran lujo, está comprobado que hacer más de 9 habitaciones al día es muy difícil. Para llegar a esa cifra hay gente que no baja ni a comer”. A unas mayores exigencias físicas y psicológicas se unen los problemas en el cobro.

Menos derechos y más riesgos

La situación de Eva y Nuria no es muy diferente a la de Eric, a pesar de que ellas trabajan en una cadena valenciana de supermercados. Ellas también son jóvenes y también son delegadas de CCOO. En su empresa hace dos años eran más de 1.000 trabajadores y trabajadoras y ahora quedan poco más de 300. El proceso fue el mismo, primero subrogaciones de tiendas enteras con trabajadores incluidos y más tarde un ERE que afectó a 122 personas. CCOO no tiene la mayoría en el comité de empresa y se negó a firmar un ERE que no ofrecía garantías a los trabajadores, como luego se ha demostrado: “El Fondo de Garantía Salarial se niega a pagar la indemnización acordada y los trabajadores ya están en la calle”, explica Eva.

Todo el proceso hasta llegar al ERE ha sido un auténtico vía crucis para las trabajadoras: “No nos llegaba producto a las tiendas con la presión que eso supone en la relación con el cliente. Había clientes que te preguntaban cuando ponías la “liquidación” porque sabían de otras tiendas que habían cerrado, unos días antes lo habían puesto todo a mitad de precio”, explica Nuria. Eva detalla cómo la rumorología y preocupación entre los trabajadores ha sido muchísima. “Hemos vivido situaciones dramáticas: gente que se escondía para que no la vieran llorar o gente que venía a trabajar con una uña totalmente partida y sangrando, después de haber sufrido un accidente laboral, sólo porque no quería señalarse. Y te veías a la trabajadora accidentada, con la mano en alto, pegando etiquetas.” Cuando llegó la información sobre qué trabajadores se incluían en el ERE, las delegadas se enfrentaron a la cruda realidad de la discriminación sexista: “La mayoría de las personas que han sido incluidas en el ERE son mujeres que tienen reducción por maternidad o un turno fijo por tener hijos menores de 8 años”, afirma Nuria.

Finalmente uno de los proveedores de la cadena compra las 14 tiendas que quedaban y las delegadas ven cómo se multiplican los riesgos psicosociales y ergonómicos a los que están expuestos los trabajadores y trabajadoras y cómo se modifican las condiciones de trabajo: “A las trabajadoras que tenían un turno fijo por maternidad les amenazan con el traslado de centro si no renuncian al turno fijo. Una de ellas aceptó el traslado, pero entonces se vio que era sólo una amenaza, que no la pensaban trasladar, y hoy por hoy está haciendo turnos rotatorios y más horas para poder pagar a quien se queda con sus hijos”, explica Eva.

Nuria cuenta cómo, para ahorrar costes en viajes, los camiones llegan mucho más cargados y donde antes te llegaba un box con sandías para descargar, ahora te llegan dos boxes apilados, o los palés cargados a doble altura, de forma que la trabajadora se ha de subir a una escalera para descargar cajas que pesan entre 18 y 20 kilos. “Cuando vimos la altura de los palés, le dijimos al responsable –explica Nuria– que había que llamar al servicio de prevención y que vinieran a hacer una foto de esto, pero nos comentó que ahora no nos convenía hacerlo porque teníamos las de perder”.

Nuria y Eva lo tienen muy claro: “La empresa está ahorrando costes sobre las espaldas de los trabajadores”. Ellas relatan muchas más situaciones que muestran el sobreesfuerzo al que están siendo sometidos los trabajadores. Tienen fuerza, hacen trabajo sindical sin descanso y como son jóvenes tiran del carro de los derechos de todos, pero se enfrentan a una lucha sin cuartel sin la colaboración de otros sindicatos: “Los descansos semanales no se cumplen –explica Eva–, el uniforme nos lo hemos de lavar nada más llegar a casa para que esté listo al día siguiente porque llevamos un año sin cambiar los uniformes. No hay transpaletas para descargar los palés y corremos riesgos de caídas y lesiones, las ruedas de las jaulas están en mal estado y hay que hacer un esfuerzo enorme para arrastrarlas. Los trabajadores se ven obligados a limpiar en áreas que no son su puesto de trabajo y cuando caes enfermo, la mutua no te da una baja así te estés muriendo”.

Lo peor es la incertidumbre

Juan Pedro tiene 42 años, su mujer está también en paro desde hace un mes y tienen dos hijos: uno de 11 y otro de 6. Es un conductor experimentado y llevaba 9 años trabajando para una empresa valenciana dedicada a transportar cubas de hormigón. Tras varios procesos de despidos y un ERE, finalmente se quedó en paro en abril del año pasado. Por delante tiene dos años de subsidio, pero empieza a sentir los síntomas de la ansiedad: “Vas a una y a otra entrevista de trabajo y te encuentras con que sólo quieren gente joven, inexperta, que no tenga información sobre sus derechos y a la que puedan manipular más fácilmente”. Cada mañana trata de hacerse cargo de la situación y de pensar en positivo, pero no es fácil: “Lo peor es la incertidumbre”, afirma Juan Pedro, quien nunca pensó que a su edad tendría que replantearse de qué trabajar: “Todos los sectores en los que tengo experiencia están en crisis y no sabes a quién dirigirte”, señala Juan Pedro.