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Se duplica el porcentaje de personas que trabajan en condiciones de “alta tensión”

Mié, 15/07/2020 - 09:20
BERTA CHULVI
Dossier

Según los datos de la encuesta COTS, el porcentaje de personas que ha trabajado en situaciones de “alta tensión” durante la pandemia, se ha duplicado en relación a los valores de 2016. La encuesta COTS ha sido realizada por ISTAS-CCOO y el grupo POWAH de la Universitat Autònoma. 

alta tensión

Según el modelo Demanda–Control, formulado por Robert Karasek en 1979 y uno de los más utilizados para evaluar el estrés laboral, éste surge cuando se rompe el equilibrio entre las demandas psicológicas del trabajo y el nivel de control del trabajador sobre su trabajo, referido este último, al margen de autonomía y las posibilidades de aplicar habilidades y conocimientos en la realización del mismo. “La situación más desfavorable en la que puede encontrarse un persona trabajadora es la denominada “alta tensión”, aquella situación en que la persona está expuesta a altas exigencias, pero tiene bajo control. Se trata de un indicador importante porque se estima que el 5% de los casos de enfermedad cardiovascular en España, entre población trabajadora, podrían ser atribuidos a la alta tensión, así como prácticamente el 20% de los trastornos mentales”, según explica Clara LLorens, investigadora en ISTAS-CCOO y en POWAH-UAB y una de las autoras de esta investigación. 

En la tercera Encuesta de Riesgos Psicosociales de ISTAS-CCOO, realizada en el año 2016 se estimó que un 22,3% de la población asalariada residente en España estaba en situación de alta tensión, mientras que en los resultados de la encuesta COTS este porcentaje prácticamente se duplica alcanzando el 44,3%. La situación es peor para las mujeres (47,8%), los trabajadores/as manuales (51%) y aquellos/as con dificultades para cubrir las necesidades básicas del hogar (54,8%) son grupos especialmente expuestos (figura 24). Varias de las ocupaciones de primera línea seleccionadas tienen a más de la mitad de sus integrantes expuestos a alta tensión y la mayoría se sitúan por encima de la media, como se puede consultar en el informe completo de resultados

gráfica

“Esta exposición a los riesgos psicosociales tan desfavorable para la salud tiene su origen en las prácticas de gestión laboral” observa Clara Llorens Serrano. “Por una parte, las exigencias del trabajo en su vertiente cuantitativa, tienen que ver con las plantillas más que ajustadas después de la crisis-estafa de 2008 y que debido a la pandemia se han reducido más, así como con la nefasta planificación y asignación de las tareas que se desarrolla en este país en términos de cantidad, calidad y tiempo y que ha empeorado aún más con la pandemia, a lo que se le suma las carencias en las tecnologías y procesos, carencias agravadas con las pandemia” afirma la socióloga. Por otra parte, “la falta de autonomía en la realización del trabajo y de posibilidades de aplicar habilidades y conocimientos derivados de la experiencia profesional, tiene que ver con formas de organizar el trabajo arcaicas, que perduran en este país, como el ordeno-y-mando o la división radical del trabajo entre aquellos y aquellas trabajadoras que diseñan segundo a segundo cómo otras trabajadoras y trabajadores deben trabajar, sin que estas últimas que hacen cada día esas tareas puedan  aplicar sus conocimientos a los procesos”.

“Lo que hace ya casi un siglo, Charles Chaplin nos mostraba en la película Tiempos Modernos - añade Clara Llorens Serrano- hoy se evidencia en el puesto de gerocultora, cuyas trabajadoras tienen que seguir paso a paso la ruta que les marcan otras, sin posibilidad de participar en su diseño, o en el puesto de atención al cliente en los MacDonalds, y los estudios muestran que esta es una forma de organizar el trabajo que deshumaniza, porque los seres humanos somo creativos por naturaleza y por ello nos enferma”.

La socióloga apunta que  esta forma de organizar el trabajo aumenta en un 82% las posibilidades de caer en una depresión o de padecer ansiedad, según la última revisión sistemática publicada, que relaciona la exposición a riesgos psicosociales con problemas comunes de salud mental o que sea un 34% más frecuente el sufrir una cardiopatía coronaria o un infarto cerebral. Y que según la primera revisión sitemática publicada relativa al suicidio, este aumenta un 23% cuando la influencia en el trabajo es baja.