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"Profesionalizar y dignificar el trabajo en el hogar es una prioridad"

Pilar Expósito Cortes, Secretaria de Igualdad y Mujeres de la Federación de Construcción y Servicios de CCOO
Mar, 30/07/2019 - 11:22
BERTA CHULVI
Dossier

Pilar Expósito Cortes, Secretaria de Igualdad y Mujeres de la Federación de Construcción y Servicios de CCOO conoce de primera mano la problemática del sector de trabajadoras del hogar y los cuidados, no sólo en España, sino también en Europa. Su Federación, junto con FOREM, está participando en el proyecto PROMODE que busca contribuir a la profesionalización de las trabajadoras y trabajadores domésticos al facilitar un currículum europeo común. Visibilizar y dignificar este trabajo exige, según Expósito, una clara voluntad política.

Pilar Expósito

¿Cómo definimos este perfil profesional de trabajadoras del hogar que estáis tratando de profesionalizar?

Siguiendo a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las trabajadoras y trabajadores del hogar son personas que trabajan para hogares privados, con frecuencia sin condiciones de empleo claras. Las mujeres constituyen el 83% por ciento del sector a nivel mundial, de ahí que las secretarías de igualdad de las distintas Federaciones de Construcción y Servicios de CCOO estemos especialmente implicadas. Una trabajadora del hogar puede trabajar a tiempo completo o parcial; para una sola familia o para varias; puede vivir en el hogar de la familia que la emplea o en su propia residencia. Reciben salarios muy bajos y aunque tienen reconocido un descanso semanal, muchas veces éste no se respeta. Tienen jornadas de trabajo muy largas porque muchas veces las horas de “permanencia” que se debe a destinar a una disponibilidad excepcional se convierten en horas de trabajo habitual. Algunas veces, están expuestas a abusos físicos, mentales y sexuales o a restricciones de la libertad de movimiento que pueden incluso llegar a concretarse en que el empleador o empleadora les retenga la documentación identificativa. Trabajan solas y se enfrentan a fuertes exigencias emocionales. Carecen de autonomía para la toma de decisiones. Soportan grandes desconfianzas por parte de los empleadores. Un alto porcentaje son trabajadoras migrantes con el plus de desprotección que eso genera. Muchas veces están en una situación legal precaria a lo que se puede sumar la falta de conocimiento del idioma o de las leyes locales. Se trata una situación de explotación que sólo se puede explicar porque están excluidas de la plena integración en el régimen general de la Seguridad Social. Lo paradójico es que se trata de un sector económico en alza que mayormente permanece en la economía sumergida. En 1995, en España, el número de trabajadoras del hogar se estimaba en 355.000. En 2010, la cifra llega hasta 747.000. De esa cifra, entre un 35 y un 40 por ciento no tiene contrato y trabaja en situación irregular. 

¿Cuáles son los principales problemas del marco legal en España?

El marco legal que regula en España el trabajo en el hogar es la expresión más descarnada de la desigualdad social y del empleo que históricamente sufrimos las mujeres: segregación laboral, desvalorización social, empleo sumergido y salarios bajos. Todo esto es posible porque se materializa en un régimen laboral de carácter especial que les excluye del derecho a subsidio de desempleo, que las excluye de la aplicación de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales y que establece unas condiciones especiales en relación al despido, bajo la figura del “desestimiento” que lo abaratan todavía más.

En Francia e Italia, los otros dos socios del proyecto PROMODE, la situación es distinta ¿qué nos gustaría trasladar de esos modelos a España?

En el caso de Francia, el sector está regulado por una legislación que incluye a las trabajadoras del hogar en el Régimen General de la Seguridad Social. Tienen además dos convenios colectivos claramente identificados, el que afecta al cuidado de las personas en el domicilio y el de tareas de limpieza. Se dispone además de diferentes contrapartes con posición negociadora: empresas privadas, empleadores particulares y sindicatos. Las trabajadoras se encuentran sindicalizadas en los sindicatos mayoritarios que participan de las mesas de diálogo social. Esos convenios colectivos regulan tanto las condiciones de empleo como la formación profesional y la prevención de riesgos laborales. Además, el gobierno tiene asignado un centro de referencia nacional para atender las necesidades formativas de este sector. Otro aspecto importante es que el gobierno francés incentiva la contratación mediante bonificaciones a las empresas como a los empleadores privados, algo que en España tienen todos los sectores menos el de trabajo en el hogar y los cuidados. En Italia, no hay una participación directa del Estado mediante bonificaciones pero si se ha organizado el sector mediante la creación de asociaciones de los empleadores particulares y las trabajadoras están sindicalizadas en las organizaciones sindicales mayoritarias. Nosotros consideramos que el modelo francés es más completo. A pesar de no haber ratificado el convenio 189 de la OIT, Francia ha desarrollado un modelo de negociación colectiva y una ordenación del sector que equipara a las trabajadoras del hogar con el resto de los trabajadores y trabajadoras.

Son muchas las voces que insisten en la ratificación del Convenio 189 de la OIT como un primer paso a dar en España ¿Qué supondría?

Supondría regularizar algunos aspectos importantísimos. Por un lado, la plena integración en el modelo de subsidios de desempleo, la erradicación del desistimiento del contrato como forma de despido, la plena cotización en el régimen general por todos los haberes, la aplicación de toda la normativa relacionada con el ámbito laboral. Por ejemplo, se les tendría que aplicar la ley de prevención de riesgos laborales o el Real Decreto sobre Control Horario que obliga al registro de la jornada. El gobierno no se plantea dar un paso de esa naturaleza porque supone una modificación sustancial de sus condiciones de trabajo. En el último periodo del gobierno socialista, ha habido reuniones y estaba en la agenda de la mesa de diálogo social, no como un grupo de trabajo, pero si en la agenda. Sin embargo, de la ratificación no se ha hablado seriamente.

CCOO ha denunciado que falta voluntad política para ratificar el convenio ¿Qué argumentos se dan para justificar esa falta de acción política?

Los obstáculos que se argumentan para ratificar el convenio de la OIT son varios: primero la inviolabilidad del domicilio, en segundo lugar, el impacto económico en las pensiones y finalmente la dificultad técnica la regular la aplicación del derecho al subsidio de desempleo para estas trabajadoras, porque pueden quedar en desempleo en un domicilio pero no de otro. Todos estos obstáculos son superables si hay voluntad política.

¿CCOO ha planteado alternativas a esos argumentos?

CCOO lo que plantea es la necesidad de dotar a estas trabajadoras de los mismos derechos que sus homólogas en otros sectores. Hay dos convenios que enmarcan y diferencian con claridad las actividades que se realizan en domicilios. Uno es el Convenio de Servicios de Atención a las Personas Dependiente, que regula la atención domiciliaria para la cual se debe tener una formación certificada especial, el otro es el Convenio de Limpieza de Edificios y Locales. Este último en su capítulo de formación contempla un certificado de profesionalización que coincide con las actividades que hacen las trabajadoras del hogar. Para extender esos convenios tiene que haber una contraparte empresarial formada por los empleadores particulares. La única manera de introducir agentes para regularizar sector sería que los empleadores/as se organizaran y exigieran bonificaciones fiscales dado que la ley de la dependencia no está dotada presupuestariamente. Lo que todos sabemos es que en gran medida el empleo en el hogar se está utilizando para atender a la dependencia. Si aparecieran esos agentes, que sí existen en Francia, se podría regularizar el sector y mejorar las condiciones de trabajo. Tenemos una ley de la Dependencia que muchos países europeos envidian pero como no hay presupuesto se está cubriendo la atención a la dependencia con salarios de miseria de trabajadoras internas. Es una tragedia, porque esas trabajadoras se hacen cargo de la situación, empatizan con sus empleadoras, entienden que con pensiones tan bajas no les pueden pagar salarios dignos y están trabajando como internas por 400 o 500 euros, muchas de ellas para conseguir los papeles de arraigo social tras tres años de condiciones laborales de explotación pura y dura. El problema es que esta sociedad tiene que hacer una reflexión sobre qué necesidades tiene, cómo va a cubrirlas y cómo va a pagarlas.