Gobierno de españa - ministerio de trabajo migraciones y seguridad socail

Precariedad in itinere. Un mundo de furgonetas que trasladan trabajadores de acá para allá

Vie, 15/07/2005 - 12:19
MARÍA LÓPEZ JACOB
Dossier

Se calcula que entre 20.000 y 30.000 trabajadores acuden a Madrid a trabajar diariamente en la construcción desde otras provincias como Ciudad Real o Toledo, aunque últimamente también desde Segovia o Ávila. Hace unos años estos trabajadores eran trasladados mayoritariamente en autocares hasta el centro de Madrid, (aún se les sigue viendo llegar a Atocha), pero ahora son cada vez más habituales los viajes en furgoneta que llegan hasta pie de obra. Cada vez son más frecuentes las crónicas de tragedias en carretera por accidentes de furgonetas que llevan a trabajadores al tajo.

 

Una de las primeras noticias que alertaron a la opinión pública sobre esta nueva modalidad de transporte ocurrió en Murcia: 12 trabajadores ecuatorianos murieron al ser arrollada por un tren de cercanías la furgoneta que les trasladaba al trabajo. Otros dos quedaron heridos. El vehículo tenía capacidad para 8 personas. CC.OO de Murcia ya denunció en su momento la práctica habitual del trasporte de mano de obra inmigrante en malas condiciones y de forma irregular, insistiendo en “la complicidad del régimen especial agrario, que permite esta situación”.

En Córdoba murieron en 2003 cinco trabajadores de la construcción que se trasladaban habitualmente en furgoneta desde su localidad a la capital. Este mismo año en Zaragoza murieron 8 trabajadores tras un choque con otro vehículo, siete de ellos eran portugueses que trabajaban para una subcontrata de una empresa importante que estaba construyendo un campo de golf. También este año, en Toledo, murieron tres inmigrantes y su patrón (los otros siete ocupantes eran también extranjeros) que trabajaban subcontratados para una empresa constructora.

Algunos salen a las tres o las cuatro de la mañana

En la Comunidad de Madrid conocen muy bien el fenómeno, pues han tenido que enfrentarse a múltiples historias parecidas. Hasta finales de mayo han contabilizado 12 muertes por este tipo de accidentes. Víctor García, responsable de Salud Laboral de la Federación de Construcción de CC.OO., explica que son accidentes que casi nunca constan en las cifras oficiales, ya que los accidentes de tráfico que sufren los trabajadores que vienen en estas furgonetas son muy difíciles de identificar o de poder relacionarlos con el trabajo, incluso cuando estos trabajadores están de alta en la Seguridad Social.

Además la propia administración se niega a tenerlos en cuenta, obviando la relación entre las condiciones y el tiempo de traslado con la fatiga. Como sigue diciendo Víctor:"estamos hablando de tres a cuatro horas de media de transporte, más las 10 horas como mínimo en el tajo y otros periodos de espera. Algunos salen de sus casas a las tres o las cuatro de la mañana".

Las organizaciones patronales suelen estimar que los accidentes de tráfico, aunque sean en jornada de trabajo,"no tienen mucho interés preventivo, pues la posibilidad de intervención empresarial es muy limitada". Este análisis se contradice con otras aproximaciones más rigurosas al problema, como el de la presidenta del Colegio de Médicos de Madrid, que afirma que el hecho de que los accidentes en carretera desciendan mientras que los in itinere suben, "es un indicador de que las empresas no lo están haciendo bien".

La precariedad en el tajo empieza con el transporte En los traslados en furgonetas generalmente se circula con sobrepeso y excesivos ocupantes, y muchas veces el trayecto se realiza por carreteras secundarias. El trasvase de trabajadores desde sus localidades de origen supone un mercado en auge, que implica menos posibilidades de control preventivo por parte de las autoridades de tráfico que las que se pueden ejercer sobre los autocares. Asegurar el trasporte en vehículos bien mantenidos, con la adecuada ocupación, sin cargas excesivas es mucho más complicado en estos casos. Es una expresión más del impacto de la precariedad y la desregulación del mercado de trabajo, que genera estrategias y prácticas que ponen en peligro la vida de los trabajadores más vulnerables.

Los trabajadores son contratados por una persona conocida en la localidad de origen que tiene relaciones con el mundo de la construcción. Así lo cuentan los propios implicados: "es un trabajador que ha estado siempre en la construcción, que antes era albañil y ahora se ha puesto por su cuenta y se trae a la gente de su pueblo para trabajar, hace las cuentas con el contratista correspondiente y paga directamente a la cuadrilla. Nosotros le seguimos llamando el Pistola. Los lleva en su propia furgoneta".

Otra modalidad es recoger a los trabajadores que se reúnen en un punto concreto, eligiendo directamente con el dedo: "en Boadilla llega un fulanito con una furgoneta y elige "tú, tú y tú, ¿os interesa? Pues venga, conmigo"- y a estos los meten en la furgoneta y los llevan para el día, por horas. Y esas furgonetas son las que cuando tienen accidentes luego los dan como de tráfico y son accidentes de trabajo; además como la mayoría son ilegales, la relación es muchísimo más difícil". Estas cuadrillas que viajan en furgoneta constituyen el último eslabón de las famosas cadenas de subcontratación que caracterizan el sector de la construcción.

Víctor García reflexiona sobre la cantidad de horas entre el desplazamiento y el trabajo en la obra: "si tú cuentas el salario base, plus de calidad y plus salarial, te sale el dinero que tienes que cobrar; si le añades el plus de horas diarias que echas incluyendo las que pasan en la furgoneta, te salen unas cantidades que al final estos compañeros se creen que están ganando y lo que están es dejándose la vida por el destajo y cobrando menos de lo que marca el convenio".

El problema está presente también en los nuevos modelos de explotación agrícola. Como escribe el profesor de Sociología de Murcia, Andrés Pedreño: "Ese mundo de furgonetas llevando trabajadores de un lado a otro en condiciones deplorables, ese crecimiento repentino de las empresas de trabajo temporal en el campo, responde a una lógica de externalización de la relación de empleo. Se trata de apostar por una flexibilidad laboral extrema y para ello se recurre a toda una serie de subcontratistas o intermediarios que son con quienes los trabajadores han de arreglárselas"