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Los humanos somos tiempo

Mié, 15/01/2014 - 12:20
VICENTE LÓPEZ
Dossier

tiempoEn la actual situación de crisis parece que todo está permitido. La última reforma laboral ha dado un paso más contra uno de los derechos básicos de los trabajadores y las trabajadoras: conocer cuál va a ser su jornada de trabajo con tiempo suficiente para poder organizar el resto de sus vidas.

Con esta reforma, el empresario puede distribuir irregularmente, sin contar con el acuerdo de los trabajadores, un 10% de la jornada. Con ello, el empresario evita contratar a gente para los momentos de mayor demanda o para cubrir periodos festivos o vacacionales. Es decir, se permite al empresario ahorrar costes, se le incentiva a crear menos empleo y todo ello a costa de desorganizar la vida personal y familiar de los trabajadores y las trabajadoras.

Si desaparece el concepto de una distribución de la jornada pactada anualmente, se estrechará de tal forma nuestro control sobre el tiempo que nuestra vida social será prácticamente imposible. Los seres humanos necesitamos controlar nuestro tiempo de vida. Un tiempo de trabajo que no puede ser un recurso continuo, como un combustible del que las empresas puedan disponer a demanda. Un tiempo que no es solo nuestro, es también de nuestros hijos e hijas, de nuestros mayores, de nuestras parejas, de nuestro barrio, de nuestras amigas y amigos, de nuestro equipo de fútbol. Es más, tener tiempo para compartir con los demás es básico para el desarrollo de una sociedad democrática. Sin tiempo no hay participación, no hay actividad política. Somos seres sociales y el nuestro es un tiempo social. Una jornada a la carta, decidida unilateralmente por el empresario, acaba con la concepción social del tiempo y supone por lo tanto un ataque a una de las características esenciales de los seres humanos.

Hoy ya nos encontramos con compañeras que trabajan en supermercados o son personal de tierra de una compañía aérea que si tienen con tres meses de antelación su distribución diaria y semanal de la jornada, se consideran trabajadores con suerte. Esta batalla no la podemos perder, porque enfermaremos nosotros y enfermará nuestra sociedad. En todos los estudios que relacionan los riesgos psicosociales con enfermedades cardiovasculares, intestinales o musculoesqueléticas, hay un factor que se muestra decisivo: la falta de control de los trabajadores sobre su trabajo. No conocer nuestro tiempo de trabajo con suficiente antelación es una expresión radical de esta falta de control. No podemos permitirlo.