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Los cuidados: un reto doble

Vie, 15/04/2016 - 12:19
VICENTE LÓPEZ
Dossier

silla de ruedasUn nuevo estudio publicado por la Confederación Sindical Internacional (CSI) muestra que invirtiendo en la economía de cuidados apenas el 2% del PIB en tan solo siete países se podrían crear más de 21 millones de puestos de trabajo, y ayudar a los países a superar el doble desafío que plantean el envejecimiento de la población y el estancamiento económico. Esto es así porque en la actualidad organizar socialmente los cuidados es, no ya una necesidad social, sino una emergencia social.

Pero, ¿cómo están las personas que proporcionan cuidados formales en forma de trabajo asalariado? Como señala Sharan Burrow, secretaria general de la CSI, “el sector de cuidados tiene ya una alta incidencia de trabajo precario y bajos salarios, por lo que resulta esencial que los trabajadores y las trabajadoras de este sector disfruten de la plena protección acordada por la legislación laboral, en línea con las normas internacionales'.

La precariedad laboral se traduce siempre, de manera inmediata, en una pérdida de salud, por eso también han saltado las alarmas en cuanto a la accidentalidad en los sectores en los que se proporciona cuidados a las personas mayores y dependientes. En España, el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo acaba de señalar que la asistencia en establecimientos residenciales es una de las cinco actividades productivas más vulnerables y que precisarían de una actividad preventiva prioritaria, atendiendo al índice de incidencia de accidentes de trabajo que sufren y al número de trabajadores que emplean. Lo que ocurre con las trabajadoras que asisten a las personas mayores y dependientes a domicilio es mucho más grave en términos de salud laboral, pero todavía no ha salido a la luz en cifras por la invisibilidad y aislamiento que rodea a este trabajo.

Todas estas cuestiones las abordamos en este dossier, así como algunas experiencias positivas de acción sindical que muestran que somos los sindicatos los que con nuestra presión conseguimos cambiar las condiciones de trabajo. Esa es nuestra gran responsabilidad.