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“La mitad de mi jornada laboral la paso encorvada”

Jue, 15/01/2015 - 12:20
BERTA CHULVI
Dossier

El personal sanitario responsable de la asistencia a pacientes sin autonomía motriz se encuentra, según la literatura científica internacional, entre las categorías de trabajadores más afectados por patologías y lesiones agudas del sistema musculoesquelético. Los testimonios de los trabajadores, mayormente mujeres, no solo corrobora esos datos, sino que dan una idea del sufrimiento de las personas más allá de las cifras.

Rosa trabaja como auxiliar de enfermería en un centro de la provincia de Barcelona, y lo primero que aclara es que ella adora su trabajo. Son personas vocacionales las que se enfrentan cada día al cuidado de los otros. Rodeadas de enfermedad y sufrimiento, suelen olvidarse de ellas mismas hasta que su cuerpo comienza a enviarles señales inequívocas de que algo no está funcionando bien. Rosa lleva 34 años movilizando pacientes que llegan al centro de especialidades a hacerse un electrocardiograma o a la consulta de oftalmología. Ahora tiene 57 años y su primera crisis aguda de lumbalgia la tuvo cuando tenía 22, estando embarazada de su primera hija: “Me quedé clavada –explica–, no podía moverme y tuvieron que darme una baja por accidente laboral”. Desde entonces ha tenido varios episodios agudos y para describir su situación afirma: “Tengo la columna totalmente rectificada”. Es decir, su columna cervical es cóncava hacia adelante en vez de hacia atrás.

Si nos detenemos a analizar los movimientos y posturas que Rosa realiza en su trabajo encontramos las razones de esa patología: “Yo no trabajo derecha, trabajo encorvada. Cuando los pacientes acuden a la consulta lo hacen normalmente en silla de ruedas. Si no es posible trasladarlos a la camilla del electro, lo que hago es agacharme y me pongo de cuclillas para colocarles todos los electrodos necesarios en los pies. Luego me levanto y me encorvo ligeramente para desvestirlos de la parte superior y colocarles también los electrodos de la parte superior. Realizado el electro, vuelvo a hacer la misma operación”, explica Rosa. Ante nuestras preguntas, estima que de las cinco horas que trabaja al día, cuando le toca estar en la sección de electrocardiogramas, pasa un cuarto del tiempo encorvada y la mitad en una postura forzada. Ella está sola en el recinto con el paciente, no cuenta con ayuda de ninguna otra compañera ni tampoco de los familiares: “Estamos en un cubículo de entre dos y tres metros cuadrados y si entran los familiares ya no nos podemos mover”, añade la trabajadora.

En la sección de electrocardiograma está un día a la semana, los otros cuatro días trabaja en oftalmología y la situación no mejora: “Si el paciente es capaz de ponerse de pie, lo hemos de sentar en un taburete de tres patas para poder evaluarle la vista. Su silla de ruedas no encaja en la mesa de oftalmología, o sea que necesariamente le hemos de pasar a ese taburete. Sin embargo, la mayoría de los pacientes no se sostienen en el taburete, por lo que hemos de arrastrar el taburete hasta la mesa para que se puedan apoyar y acercar la barbilla y la frente al aparato de medida. En caso contrario, no se logra el enfoque y el médico no les puede examinar. La gente nos dice que no hagamos barbaridades –explica Rosa, refiriéndose a la forma que tienen de arrastrar los pesos–, pero es que si no lo hacemos así al enfermo no lo pueden examinar”.

Y una vez sentado el paciente, las torsiones continúan: “Una vez está sentado el paciente empezamos a hacer posturas raras para poder taparle el ojo. Ningún paciente se pone bien el aparato, así que hay que encorvarse de nuevo porque la silla en la que están es baja para ponerles en la posición adecuada. No son grandes esfuerzos, pero no estoy recta en cinco horas”, concluye Rosa.

La mejora viene de la mano de las ayudas técnicas: “Hace unos días han introducido en la consulta de electros unas camillas eléctricas que las podemos bajar para que se siente el paciente y luego volverlas a subir y el cambio es muy importante. Una vez tumbado, lo que hago es que pongo la camilla a la altura máxima para poder poner los electrodos doblando la espalda lo menos posible”, explica Rosa. Ella ha aprendido a convivir con sus lesiones: “Cuando puedo, entre paciente y paciente, me siento y hago unos ejercicios de cervicales de treinta segundos que me enseñaron en la mutua ”.

Begoña es enfermera en el servicio de prevención propio de un hospital de la ciudad de Valencia. Describe la problemática de los celadores en la movilización de pacientes como un problema de falta de formación, de ausencia de protocolos de seguridad, falta de recursos y de mala organización del trabajo: “Los celadores no tienen ninguna formación en cuanto a la movilización de personas y no disponen de ayudas suficientes. Imagínate sacar a alguien que llega en coma del coche de un familiar. No es nada fácil. El peso es mucho y la postura muy forzada. Los que están en la puerta de urgencias lo hacen una y otra vez. En la mayoría de los centros no existe protocolo de seguridad ni una adecuada organización del trabajo. La rotación de puestos es fundamental, pero el que está en la puerta de urgencias está siempre ahí. O el que está levantando a los pacientes de un pabellón está siempre en ese pabellón. Y eso es una barbaridad”, explica Begoña. “Hay muchas bajas por lesiones musculoesqueléticas que, además, no se cubren con nuevo personal, con lo que se machacan los que no están de baja. Además, como los salarios son bajos, la gente necesita no solo hacer noches, sino reincorporarse al trabajo sin haber curado realmente la lesión, con lo que las recaídas son continuas”, añade esta enfermera que además es delegada de prevención de CCOO.

La dimensión del problema

PEX
En la UE-27, el 46% de los trabajadores y las trabajadoras desempeña su actividad laboral en posturas dolorosas o fatigantes. El 35% transporta o manipula cargas pesadas. El 11% de las mujeres se encuentran expuestas al riesgo que supone la movilización de personas, mientras que este es el caso en el 6% de los hombres. Se estima que las enfermedades relacionadas con el trabajo suponen un gasto económico variable entre el 2,6% y el 3,8% del PIB y la mitad de ese gasto es atribuible a trastornos musculoesqueléticos. Las patologías musculoesqueléticas en EEUU son responsables de una media de 28,6 días de baja por cada 100.000 trabajadores; en los países escandinavos la media es de 36 días por cada 100.000 trabajadores y de 32,6 días en el Reino Unido.

En España, la Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo de 2011, realizada por el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, estima que ha aumentado 3,8 puntos porcentuales (77,5%), respecto a 2007 (73,7%), el porcentaje de trabajadores que sienten alguna molestia que achacan a posturas y esfuerzos derivados del trabajo que realizan. Entre las molestias más frecuentes figuran las localizadas en la zona baja de la espalda, la nuca/cuello y la zona alta de la espalda.

La misma encuesta señala que un 26% de los accidentes laborales en el sector servicios se debe a las posturas forzadas (13%) y al levantamiento de cargas (13%). La misma encuesta refiere que un 48% de los trabajadores y las trabajadoras que se dedican a actividades sanitarias y sociales manifiestan ejercer su trabajo en posturas forzadas y un 37% tiene que levantar o mover personas. Además, un 22% manifiesta tener que levantar o mover cargas pesadas que no son personas. Un 24,3% señala que tiene que aplicar fuerzas importantes para hacer su trabajo y un 56,6% tiene que repetir los movimientos de brazos o pies. Un 30,8% manifiesta estar de pie sin andar y un 22,6% estar sentado sin levantarse.

Según la encuesta del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, el personal sanitario (50%) es, tras los trabajadores de la construcción (52%), el colectivo laboral sometido a una mayor demanda física en lo que se refiere a adoptar posturas dolorosas y fatigantes. Atendiendo a las zonas del cuerpo más señaladas, la parte baja de la espalda destaca especialmente en la rama de transporte y almacenamiento (53,7%), actividades sanitarias y sociales (52,2%) y construcción (52,5%).