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Jóvenes que acumulan frustración en condiciones laborales muy nocivas para su salud

Vie, 15/07/2016 - 12:20
BERTA CHULVI
Dossier

La expresión "tenemos ganas de comernos el mundo y es un freno continuo" es de Beatriz, delegada de prevención en una empresa de telemarketing de Madrid. Beatriz resume muy bien la frustración que acumulan hoy muchas personas jóvenes en sus puestos de trabajo. La generación más formada de la historia de este país se encuentra con nulas o escasas posibilidades de mejora y una gran falta de autonomía y control sobre su trabajo.

El sindicato amarillo de la empresa en la que viene trabajando Beatriz está intentando destituirla como delegada de prevención porque esta joven de 29 años se ha empeñado en visibilizar los riesgos psicosociales a los que se exponen las 210 personas que trabajan en su empresa, una compañía de telemarketing dedicada en estos momentos al recobro de impagados. Beatriz, con sus otras dos compañeras de CCOO, exigió a la empresa que hiciera una evaluación de riesgos psicosociales: “No quisieron utilizar el método de ISTAS-COPSOQ, aplicaron el del Instituto Nacional de Salud y Seguridad en el Trabajo, y pudimos comprobar que una gran parte de la plantilla está expuesta a importantes riesgos psicosociales. Uno de los resultados más claros es que la mayoría de trabajadores tenemos muy poca o ninguna autonomía en el trabajo. Nos dan un guion de argumentación que tenemos que seguir al pie de la letra, y si te sales del guion te pueden sancionar por inobservancia de las reglas del servicio. Imagínate que tú eres una persona con formación o con experiencia, que sabes que deberías contestar otra cosa al cliente que tienes al teléfono y no puedes hacerlo porque no puedes salirte del guion”, explica Beatriz. La falta de control de las personas sobre el propio trabajo llega al extremo cuando les cambian el operativo de una campaña: “De repente, te cambian la aplicación informática donde estabas introduciendo datos, te dan unas pocas órdenes verbales y te has de acoplar de forma inmediata a la nueva forma de trabajar, sencillamente porque la antigua ya no existe”, describe Beatriz. El personal de esta empresa tampoco puede controlar lo que cobra por objetivos: “No podemos hacer el seguimiento de los pagos de las comisiones por recobro y esto genera problemas entre los propios trabajadores, porque a veces se equivocan y le ponen a uno el trabajo de otro, o se lo apuntan a la propia empresa. Nos damos cuenta por errores que cometen o por casualidades que dejan a la vista fragmentos de un sistema muy opaco”, explica la trabajadora.

Las posibilidades de progresar en la empresa tampoco tienen nada que ver con la preparación o los méritos de las personas, se hacen a dedo, frenando las expectativas de los jóvenes: “Tenemos una serie de expectativas, ganas de comernos el mundo, estamos más formados y, sin embargo, es un freno continuo”, lamenta Beatriz. Para acabar de describir la situación, el miedo a la pérdida de trabajo: “Para acallar la protesta, de vez en cuando se distribuyen por la empresa rumores de que van a despedir a gente”, señala Beatriz que, sin embargo, no se rinde. Lleva desde los 17 años trabajando y ahora está en este sector para pagarse sus estudios de psicología: “Hice el acceso a la Universidad para mayores de 25 y este es un trabajo a turnos que se puede compatibilizar con los estudios. Aunque cada vez hay más gente mayor y menos jóvenes. Hemos dejado de ser un sector puente y ante la falta de empleo la gente se queda aquí aguantando y perdiendo la salud”.

Mario tiene 32 años y es delegado de CCOO en una empresa de colectividades que atiende comedores y cafeterías de muy distinto tipo: hospitales, estaciones, etc. Son unos 25.000 empleados en toda España y unos 1.800 en Madrid. Mario acusa, especialmente, la falta de formación a los trabajadores y trabajadoras jóvenes de cocinas: “Las quemaduras, cortes y caídas están a la orden del día. La empresa no ofrece formación a las personas jóvenes, y lo peor es que los medios de comunicación difunden programas como MasterChef donde el mensaje es “corre, corre, corre” y que nos hacen un flaco favor, porque en una cocina correr es muy peligroso”, explica Mario.

La carga de trabajo también es desproporcionada y el principal problema de las personas jóvenes es que no saben poner límites: “Cuando alguien está de baja no lo sustituyen y te ves solo ante el peligro de servir cincuenta o cien comidas, cortar ensalada o preparar un postre frío. La tensión es tanta que hay personas que rompen a llorar porque no pueden más o que se duermen como un tronco en un descanso. Los jóvenes están más concienciados que las personas mayores respecto a la prevención porque tienen más formación, pero luego se paran a la hora de reivindicar sus derechos porque tienen miedo a ser señalados y quedarse sin trabajo. De hecho, cuando se trata de reivindicar ante la empresa una mejora, donde encuentro más colaboración es en las mujeres mayores de mi empresa que son muy valientes”.

Ángela tiene 24 años y trabaja como captadora de socios en una ONG en Lugo, la situación que describe es escalofriante: “Tienes el objetivo de hacer 24 socios al mes y tenemos que entregar seis a la semana. Te hacen un contrato fijo, pero si no llegas a los objetivos te despiden. Hemos denunciado esa cláusula ante los tribunales porque te podrás imaginar la tensión que genera en la plantilla. En estos momentos el 85% de la plantilla no llega a objetivos”. Hace un año a Ángela le dijeron que había bajado en su rendimiento y que o se pedía una excedencia o la despedían. Se pidió la excedencia y luego no la querían readmitir, pero lo consiguió demostrando que la empresa tenía abiertas propuestas de contratación en infojobs. Ángela describe una situación grave en cuanto a la exposición a riesgos psicosociales, pero también muy problemática en cuanto a condiciones higiénicas: “Trabajamos en la calle y si llueve no nos dejan ir casa por casa porque dicen que no funciona. En Lugo llueve casi todos los días, así que pasamos frío y padecemos muchas afonías. En estos momentos se le acaba de reconocer a una trabajadora una afonía como enfermedad profesional, pero es la primera vez”.

Jorge tiene 34 años y trabaja de informático en su pueblo, en una comarca del interior valenciano. Es delegado sindical y está tratando de mejorar las condiciones de trabajo de él y de su compañera, también informática, pero en cuanto a la carga de trabajo no ve posibilidades de mejora: “Antes atendíamos a ocho pueblos, y ahora atendemos a trece. Trabajamos con nuestro vehículo, nos pagan muy mal el kilometraje y, por supuesto, nada de mantenimiento. En vacaciones no nos sustituyen, así que se queda uno solo con los trece pueblos. Nos sentimos explotados, pero si nos comparamos con los demás de nuestra generación nos tenemos que callar porque ellos están sin trabajo. La mayoría de mis amigos que ganaban 2.000 euros en la obra ahora están en paro”.

Pedro es el responsable de prevención de CCOO a nivel estatal de una empresa de telecomunicaciones que emplea a unas 2.000 personas y lleva entre manos un caso muy delicado: el intento de suicidio de una joven de 26 años que entró en crisis tras ser atracada en una tienda de telefonía. Lo que Pedro nos cuenta ilustra a la perfección la soledad en la que se encuentran muchas personas jóvenes que trabajan para grandes empresas: “Cuando la atracaron, la joven llamó a la policía y esta se personó identificando finalmente al ladrón. La policía se puso en contacto con la empresa y nadie apareció ese día, con lo que la chica tuvo que cerrar la puerta sola. Esa noche, en un ataque de ansiedad, la chica se autolesionó. Más tarde, la empresa tampoco se ha personado en el juicio por atraco. Solo nosotros, como sindicato, hemos estado junto a la trabajadora. Y es increíble, porque cuando nos dirigimos al departamento de recursos humanos de la empresa dicen que no saben nada, y sabemos que no es verdad porque la trabajadora comunicó el atraco y el juicio a su responsable y a la empresa vía e-mail”. Por supuesto la empresa no ha realizado la evaluación de riesgos psicosociales, a pesar de que los delegados de CCOO la han solicitado ya por escrito.