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Isidoro Rivera, es un disparate que el proceso de alta lo lideren los médicos de las mutuas

Mar, 15/04/2014 - 12:20
BERTA CHULVI
Dossier

Isidoro Rivera es miembro del Foro de Médicos de Atención Primaria. El doctor Rivera lleva desde 1978 ejerciendo como médico de atención primaria en distintos centros de salud de Galicia, actualmente ejerce en el centro de salud “Virgen Peregrina” de Pontevedra. El Foro de Médicos de Atención Primaria reúne a más de siete organizaciones de ámbito estatal (sociedades científicas, colegios de médicos, etc.) que representan, por distintas vías, a la práctica totalidad de la profesión en España.

¿Qué problemas plantea el anteproyecto de reforma de la Ley de la Seguridad Social desde su punto de vista?
Uno de los problemas es el acceso a la historia clínica por parte del médico de la mutua y el siguiente gran problema es que se invierte el sentido de la prueba cuando se solicita el alta por parte de los médicos de la mutua. Antes, si el médico de atención primaria no contestaba en quince días, el trabajador seguía de baja, y ahora, si el médico de cabecera no contesta en cinco días a la propuesta de alta de la mutua, el trabajador estará de alta. Y claro, con la que está cayendo, con los recortes que está experimentando la sanidad, el plazo de cinco días es totalmente exiguo. Con la reforma que pretende el Gobierno, quienes lideran el proceso de curación son los médicos de las mutuas. Es totalmente inadmisible que te dé de alta alguien que no es responsable de tu salud. El Gobierno parece olvidar o desconocer que la baja no es algo que el trabajador pide y el médico concede. La baja es un instrumento terapéutico que deben manejar, a su mejor saber y entender, los médicos de atención primaria. El paciente no pide la baja, sino que concede al médico la autoridad para decidir si por razones terapéuticas él debe dejar de asistir al trabajo. La baja es una medida terapéutica más, de todas las que el médico tiene a su alcance.

¿A los médicos de atención primaria les llegan muchas propuestas de alta de las mutuas?
No, precisamente, y eso es la prueba de que los médicos utilizamos la incapacidad laboral transitoria con sentido común, para facilitar la recuperación del paciente. No con otros fines ni mucho menos. Además, en estos momentos, y con las últimas reformas laborales, que penalizan al trabajador por ponerse enfermo, lo que nos estamos encontrando es que los trabajadores son reacios a aceptar la baja, aunque sea necesaria. Por estar enfermo, hoy el trabajador ve reducido su sueldo en una cuantía importante que puede ser inasumible en sueldos bajos, lo cual es una indecencia. Lo que nos estamos encontrando es que muchos trabajadores van a trabajar estando enfermos porque no se pueden permitir una baja. Eso me parece una cosa descabellada que pone en riesgo la salud de los trabajadores y de los que están a su alrededor. Imagínese usted un trabajador de la sanidad que acudiese al trabajo con una gripe y tuviera que atender a personas que ya están enfermas con un sistema inmunológico ya deprimido.

¿Qué sentido tiene esta medida que propone el Gobierno?
Pues no lo sabemos. Es una más de las acciones que está adoptando este Gobierno de espaldas a los profesionales de la sanidad. Hemos pedido una reunión con la ministra, pero no nos recibe. La única cosa buena que plantea el decreto es que alarga los plazos de renovación de los partes de confirmación de baja en algunas patologías. Esto sí nos parece bien, porque es una manera de desburocratizar la sanidad en un momento en que las consultas están saturadas por los recortes. Las otras medidas no las entiendo. No tiene ni pies ni cabeza que el proceso de alta lo lideren los médicos de las mutuas y eso es lo que han conseguido dando valor confirmatorio al silencio del médico de atención primaria. En realidad, la medida usurpa las funciones de la Inspección Médica. Nosotros estamos tutelados por los inspectores de Sanidad autonómicos, estamos tutelados por el INSS y también, de alguna manera, por los de las mutuas. Esto es la “supertutelación”. Mientras, la atención sanitaria de las mutuas no la controla nadie. A lo mejor es que se quieren cargar los servicios de inspección y reducir el gasto, ¡vaya usted a saber!

Y el acceso a la historia clínica, ¿qué va a suponer?
Se trata de un atentado clarísimo al derecho a la intimidad de las personas. Basándose en que las comunicaciones entre todos los agentes (médicos del SNS, INSS, mutuas) “se realizarán preferentemente por medios electrónicos”, se abre la puerta para que las mutuas, con la excusa de controlar la adecuación de una prestación económica, tengan acceso a la totalidad de la historia clínica de todos los trabajadores del Sistema de la Seguridad Social, hayan estado de baja o no en alguna ocasión. En la historia clínica de un paciente, los médicos de atención primaria incluimos mucha información sensible que no tiene nada que ver con la salud laboral de este trabajador. La mutua, que al fin y al cabo trabaja para la empresa, no tiene ningún derecho a conocer esos detalles de la vida de las personas. Fíjese usted que en estos momentos, para salvaguardar la intimidad de las personas, en el parte de baja el médico no pone ni el diagnóstico. El cambio es radical y atenta gravemente contra nuestro derecho a la intimidad. Lo curioso es que, mientras se multiplican los mecanismos para asediar al trabajador enfermo, no se hace nada para evitar que el trabajador enferme en su trabajo o para facilitar que el médico de atención primaria comunique su sospecha del origen laboral de una patología. He tenido que atender algún caso de acoso laboral en mi consulta. ¿Y sobre eso qué? Nunca lo reconocen como patología laboral y son los trabajadores los que tienen que acudir al juez.

¿Qué papel están haciendo las mutuas en estos momentos en cuanto a agilizar la curación del paciente?
Mi impresión es que también están recortando en pruebas diagnósticas y están escatimando en métodos diagnósticos de importancia. Vemos que muchos trabajadores están pendientes de una prueba en la sanidad pública, aunque la demora por esta vía sea mayor, y en la mutua no se la hacen. Lo que hace cinco o siete años se hacía de una manera más diligente por parte de las mutuas, ahora no se hace. Y no nos podemos olvidar que las mutuas están administrando dinero que les llega de la Seguridad Social, es decir, que es dinero de todos.

 

Lo que el Gobierno quiere ignorar

 

pEx Isidoro Rivera, desde su consulta de atención primaria, se sorprende de que el único esfuerzo que el Gobierno está haciendo se dirija a ahorrar prestaciones, mientras no se produce ninguna iniciativa para aflorar las enfermedades profesionales que, en su gran mayoría, se tratan en la actualidad como enfermedades comunes. Esta es una realidad que el Gobierno conoce sobradamente. El subregistro de enfermedades profesionales, un indicador válido del camino que le queda a España por recorrer en el ámbito de la prevención, viene siendo conocido y denunciado desde hace más de veinte años. Ya en 1999, un estudio realizado por el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo con el objetivo fundamental de evaluar la incidencia real de la brucelosis como enfermedad de origen laboral, estimaba que la magnitud real de la enfermedad era del orden de 10 veces mayor que la reflejada en las estadísticas oficiales en el año 1987. Otros autores han estimado que más de 3.000 casos de cáncer en España pueden atribuirse a riesgos laborales, y que alrededor de 400.000 trabajadores están empleados en industrias y ocupaciones con riesgo cancerígeno. Más recientemente, un trabajo realizado por el Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud estimaba que el subregistro en el sistema de enfermedades profesionales podría alcanzar el 64%, destacando el subregistro de tumores malignos, enfermedades cardiovasculares, hipoacusias, enfermedades respiratorias y enfermedades mentales.