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Europa: más de 100.000 muertes al año por exposición a cancerígenos en el trabajo

Vie, 15/01/2016 - 12:20
BERTA CHULVI
Dossier

Más de 8 millones de personas mueren al año a causa del cáncer y 14 millones de cánceres se diagnostican cada año. Son datos de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), que predice que la mortalidad se incrementará en un 78% de aquí a 2035. Jukka Takala, que fuera director de la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo, acaba de rea - lizar para ETUI un informe sobre el cáncer laboral en Europa. Sus principales aportaciones se incluyen en este artículo.

La Organización Internacional del Trabajo estima que 666.000 personas mueren cada año debido a cáncer ocupacional, una cifra que duplica los accidentes laborales mortales. En la Unión Europea (EU28) hablamos de 102.500 personas que mueren de cáncer relacionado con sus condiciones de trabajo, veinte veces el número de accidentes laborales mortales. Como señala Jukka Takala no hay duda de que “el cáncer es la principal causa de muerte relacionada con el trabajo en los países desarrollados”.

Pocos gobiernos europeos han desarrollado iniciativas que signifiquen cuantificar las muertes por cáncer ocupacional en sus territorios, tampoco hay muchas iniciativas públicas que evalúen la exposición a cancerígenos en el trabajo. Francia es una excepción y, en 2014, François Hollande lanzó una iniciativa gubernamental señalando que al menos 14.000 personas mueren cada año en Francia por esta causa y que se estima que dos millones de personas están expuestas en su trabajo a productos químicos que son cancerígenos. Recientemente el Instituto de Salud Pública francés ha revisado al alza esta cifra al incluir nuevos cánceres conectados con la exposición al amianto, como el cáncer de laringe o el cáncer de ovarios.

En España, las estimaciones más recientes y fiables indican que al menos una de cada diez muertes por cáncer tiene un origen laboral. El informe de Jukka Takala estima 9.807 muertes por cáncer laboral en España en 2011. Según el Sistema de Información de Exposición Ocupacional a Cancerígenos (CAREX 2004), el 25% de la población laboral española ha estado expuesto en los últimos años a agentes cancerígenos, una cifra que se habrá reducido al 19% después de aprobada la Ley de Medidas Sanitarias frente al Tabaquismo.

Hay 179 productos calificados por la IARC como probables cancerígenos en humanos (grupos q y 2a, respectivamente), y otros 285 calificados como posibles cancerígenos en humanos (grupo 2b). Una buena parte son cancerígenos que se encuentran en los lugares de trabajo. Entre ellos y en primer lugar el amianto, del que se estima que ha producido y producirá millones de muertes en todo el mundo. Pero también otras partículas en forma de polvo como la sílice y el polvo de madera; metales y compuestos de arsénico, cadmio y níquel; sustancias como el benceno, alquitranes y aceites minerales; monómeros como el cloruro de vinilo; aminas aromáticas como la bencidina y la naftilamina; plaguicidas como el paraquat y el benomilo; hidrocarburos como el naftaleno y el tricloroetileno, y muchos otros. La IARC reconoce además la existencia de 18 ocupaciones en las que se ha demostrado un exceso de cáncer en relación con la población general, pero en las que no se ha podido identificar un agente causal específico. Entre ellas se encuentran las industrias del aluminio, del cuero y calzado, del mueble, del caucho, textil y la industria de la impresión.

Los datos no pueden ser más concluyentes en cuanto a la necesidad de intervención: una de cada cinco personas en Europa está expuesta a cancerígenos en su trabajo, según la base de datos de exposición a cancerígenos (CAREX). Como señala Jukka Takala, “la lista de cancerígenos de la IARC ha de ser periódicamente revisada y se ha de aplicar el principio de precaución. La necesidad de más investigaciones no puede ser una excusa para no hacer nada. Con las soluciones que hoy conocemos, la mayoría de estas muertes, si no todas, podrían ser evitadas”.

¿Qué hacer para cambiar esta situación?

El informe de Jukka Takala plantea un paquete de medidas y recomendaciones para enfrentar la actual situación. En primer lugar, el autor recomienda la puesta en marcha de un programa internacional para eliminar la exposición a cancerígenos en el trabajo que siga el modelo de otros programas que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha puesto en marcha para la eliminación del virus de la viruela en el mundo o los actuales programas para eliminar la silicosis o las enfermedades producidas por el amianto. El autor propugna que la Unión Europea debe ser un impulsor clave de esta iniciativa, ya que es uno de los principales productores de químicos. Señala que la OIT y la OMS han de ser organizaciones claves en esta iniciativa internacional en la que también se deberá contar con la participación de organizaciones profesionales directamente concernidas por estos temas. Esta iniciativa debería suponer que se implementara completamente el programa REACH, priorizando la sustitución de productos cancerígenos, mutágenos y reprotóxicos. Es necesario, además, revisar la legislación que protege a los trabajadores y endurecer los valores límites de exposición en carcinógenos como la sílice, los humos diésel, el polvo de madera y otros factores cancerígenos.

Takala propone la creación de una fundación internacional con garantías de independencia que financie la investigación y la acción destinada a eliminar la exposición a cancerígenos en el trabajo. Es necesario identificar las evidencias científicas bien establecidas y los desacuerdos y conflictos entre las investigaciones. Revisiones críticas y recopilaciones de la evidencia científica son necesarias. Desarrollar campañas divulgativas que lleguen a todos los públicos, como la que se ha puesto en marcha en Reino Unido bajo el lema “No hay tiempo que perder”. El autor considera que esa iniciativa internacional serviría para que la OIT, la OMS y la UE actuaran como impulsores de programas similares al nivel de los Estados miembros. Se trata de convencer a la OIT y a la OMS para que reediten la colaboración que ya han mantenido en otros programas y que se ha mostrado eficaz. El autor exige la misma colaboración entre la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo y la Comisión Europea. Así como la creación de una red de investigadores e investigadoras que, lejos de trabajar aisladamente y de forma individual, sean capaces de coordinarse.

Para Takala, los sindicatos son una pieza clave a la hora de pasar a la acción y que toda esa investigación revierta en la sociedad, junto a ellos el autor cita a las organizaciones empresariales e industriales, las organizaciones ecologistas y las instituciones locales de investigación que actúan en las distintas regiones. Se trata de identificar a todas las organizaciones que puedan contribuir a fortalecer esa red de esfuerzo común e invitarlas a participar.

Jukka Takala tiene claro que el ejemplo de lo que ha ocurrido con el amianto marca la línea a seguir porque muestra lo que no puede volver a suceder: “El caso de la exposición al amianto es la demostración de cómo las decisiones timoratas y lentas de nuestro pasado reciente han creado una epidemia de enfermedad y muerte. Para el futuro necesitamos ser más ambiciosos, pues aún hay muchos trabajadores expuestos al amianto incluso en los países donde la sustancia ha sido prohibida”. En este sentido señala que la Unión Europea tiene una oportunidad única porque tiene poder legislativo en áreas interconectadas, como la de la producción y venta de químicos, la salud laboral y la protección del medio ambiente. La cooperación internacional es la clave para no perder más tiempo, promover un programa internacional de “Cáncer cero en el trabajo” mediante la cooperación de las instituciones es fundamental, como también lo es evitar, a toda costa, que los riesgos sean exportados de los países más desarrollados a los menos desarrollados.