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Eliminar los humos de tabaco sin criminalizar a los fumadores

Sáb, 15/10/2005 - 12:20
JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ VALDÉS
Dossier

En la actualidad nadie duda de los efectos nocivos que tiene el humo del tabaco, tanto para las personas que lo fuman como para las que sin fumar respiran el humo del tabaco. Desde Comisiones Obreras asumimos y hacemos propio el objetivo de la Ley de proteger la salud de los ciudadanos reduciendo el tabaquismo y defendiendo un ambiente libre de humo, también en los lugares de trabajo, tanto para las personas que no fuman, como para aquellas que son fumadoras.

Los problemas asociados al tabaco y al tabaquismo son bien conocidos y gravan de forma muy importante la salud de la población. El Ministerio de Sanidad y Consumo cifra en 53.000 muertes al año las atribuidas al tabaquismo y calcula que los consumidores habituales en la población general alcanzan un 34%. Datos del Plan Nacional sobre Drogas indican que un 47% de los trabajadores fuman diariamente aunque este consumo viene disminuyendo de forma significativa y permanente desde hace varios años.

En el ámbito internacional se han llevado a cabo diversas iniciativas legislativas como el Convenio Marco de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el Control del Tabaco, ratificado por nuestro país. En este momento se discute en nuestro Parlamento el Proyecto de Ley reguladora de la venta, el suministro, el consumo y la publicidad de los productos del tabaco con la intención de que entre en vigor a principios del 2006.

Experiencias, gradualidad y consenso

En aras a una mayor eficacia, desde CCOO consideramos que un cambio radical en los usos sociales, además de normas obligadas, necesitaría de una mayor gradualidad en los procedimientos, de forma que se establezcan políticas preventivas adecuadas para la sensibilización, la información y la formación. También resulta imprescindible el apoyo y tratamiento a las personas que quieran dejar de fumar.

Con el claro propósito de fomentar de forma eficaz la desaparición del tabaquismo en el medio laboral, creemos necesario que este problema sea abordado de forma conjunta entre las empresas y los trabajadores con sus representantes. De esta forma, a través de mecanismos de cooperación y autorregulación, se pueden establecer las medidas adecuadas a las condiciones específicas de cada empresa, salvaguardando siempre el derecho de los no fumadores a un ambiente libre de humo.

Hasta ahora no son muchas las empresas que han emprendido acciones para dar tratamiento al tabaquismo. No obstante las experiencias habidas son muy variadas y algunas ejemplarizantes. Algunas iniciativas se limitan exclusivamente a convertir la empresa en un “espacio libre de humo” prohibiendo el uso del tabaco. Otras, se plantean alcanzar el mismo objetivo, pero de forma gradual y con medidas sensibilizadoras y de apoyo a los trabajadores y trabajadoras que deseen dejar de fumar. En otros casos, simplemente se facilita o se apoya que los trabajadores puedan hacer tratamientos para abandonar el consumo del tabaco.

Las experiencias que nos parecen más adecuadas y que obtienen los resultados más satisfactorios, se generan como parte de la política general de promoción de la salud en la empresa y se deciden y elaboran con la participación activa de los trabajadores, atendiendo tanto a los aspectos preventivos como a los asistenciales.

Estrategias preventivas y de participación

Desde Comisiones Obreras proponemos intervenciones en las empresas que contengan tres aspectos fundamentales: prevención, asistencia y participación.

Desplegar una estrategia educativa y formativa constituye un elemento fundamental, con la inclusión de mediadores claves en el ámbito laboral en los servicios de prevención, la dirección de las empresas y la representación sindical.

Se deben tener en cuenta una serie de cuestiones previas a la actuación preventiva tales como: prevalencia del tabaquismo en la empresa, quejas presentadas por los trabajadores, cumplimiento de las restricciones, planes de salud laboral en los que pueda integrarse la actuación sobre el tabaquismo. Sin olvidar la necesaria complicidad entre los diversos interlocutores del ámbito laboral que asegure la definición y desarrollo adecuado de una política sistemática y rigurosa en materia de prevención del tabaquismo.

Hay que garantizar la participación de todos los sectores y niveles de responsabilidad en el proceso de planificación. La finalidad de una política preventiva de empresa en relación con el tabaquismo no es perseguir a los trabajadores que fuman, sino ordenar los lugares y momentos donde se puede fumar, aun manteniendo la premisa básica, en caso de conflicto, de proteger la salud de las personas que no fuman.

La OIT recomienda como elementos básicos para una actuación preventiva del tabaquismo en la empresa los siguientes:

  • Conocer la percepción de los trabajadores y trabajadoras sobre el tema.
  • Impulsar la planificación de las actuaciones con la participación de trabajadores que fuman.
  • Compartir una cultura básica respecto a los riesgos sanitarios derivados del tabaquismo, tanto voluntario como involuntario.
  • Favorecer la separación negociada de áreas en las que este permitido fumar y en las que no lo esté.
  • Ofrecer apoyo especializado a los fumadores motivados para dejar de fumar.

En los centros de trabajo debe conseguirse la convivencia de fumadores y no fumadores (estableciendo con claridad la primacía del derecho a respirar un aire limpio), dejando actuar como instrumento regulador de la convivencia a la negociación entre las partes. En este sentido se deberían favorecer los acuerdos entre los trabajadores y trabajadoras que compartan un mismo espacio de trabajo, incluso utilizando la negociación colectiva como complemento de la norma general. El seguimiento y la resolución de posibles conflictos de interpretación y/o aplicación de los acuerdos debería pactarse entre quienes los generaron. Es fundamental impulsar normas de convivencia, negociación y diálogo dentro del ámbito laboral pueséste mantiene una especificidad que reclama medidas concretas en cada sector concreto.

Por último, una estrategia preventiva debe completarse con la dimensión asistencial, proponiendo la inclusión de tratamientos antitabaco de eficacia probada en la relación de productos financiados por el sistema sanitario. Debe contemplarse el tratamiento desde el sistema público de salud y los servicios de prevención en el medio laboral, para lo cual no sólo se formará al personal que ha de llevar a cabo las intervenciones sino que se debe garantizar la gratuidad de los tratamientos que hayan demostrado mayor eficacia, así como el acceso a ellos bajo el principio de igualdad.

JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ VALDÉS es responsable del departamento de drogodependencias de la Confederación Sindical de CCOO