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Disputar la organización del trabajo para proteger y mejorar la salud

Mié, 13/10/2021 - 09:27
SALVADOR MONCADA
Dossier

Todavía con la pandemia de covid19 activa, las encuestas de Condiciones de Trabajo y Salud (COTS) de 2020 y 2021, organizadas por ISTAS de CCOO y el grupo de investigación en riesgos psicosociales, organización del trabajo y salud (POWHA) de la Universidad Autónoma de Barcelona, han mostrado  la estrecha relación entre la salud y la organización y las condiciones de trabajo y empleo. Y nada de esto es nuevo.

quien avisa no es traidor

Aún  constatando que la emergencia sanitaria ha supuesto situaciones excepcionales en el mundo del trabajo, la pandemia ha mostrado que las prácticas empresariales de gestión laboral autoritarias y basadas en la precarización de las condiciones de trabajo y empleo explican los efectos en la salud mental y el consumo de algunos psicofármacos entre la población trabajadora; las mismas prácticas que se han relacionado también con ir trabajar  cuando no se debería por falta de medidas de prevención o incluso por estar en enfermo. Las encuestas COTS, muestran como durante la pandemia se ha duplicado la proporción de personas trabajadoras expuestas a alta tensión (44% de la población en COTS 2020, cerca del 46% en la COTS 2021), exposición que ya era alta antes de la llegada de la Covid19 (más del 22% en la ERP 2016).

Desde finales de la década de los 70 del siglo pasado sabemos que trabajar en condiciones alta tensión es nocivo. El exceso de exigencias laborales (muchas tareas que hacer, emociones que manejar, ritmo de trabajo alto…) combinado con el bajo nivel de control sobre el trabajo (poco o nulo margen de decisión y pocas oportunidades para desarrollar o adquirir habilidades) dobla el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular y acorta en cerca de dos años la esperanza de vida libre de discapacidad. Los métodos de trabajo autoritarios, las plantillas recortadas, la mala planificación del trabajo o las carencias en las tecnologías y procesos están en la base de trabajar en estas condiciones nocivas de alta tensión, y a las que se le atribuye el 5 % de las muertes por causas cardiovasculares. Estamos pues hablando de un efecto importante sobre la primera causa de mortalidad en España, alrededor de 120.000 muertes al año. Se ha estimado que cerca del 20 % de los trastornos de salud mental entre la población trabajadora se pueden atribuir a trabajar en alta tensión.

No solamente no hablamos de nada nuevo, también hablamos de algo muy importante con un gran impacto en la salud de la población.

La alta tensión constituye uno de los principales ejemplos de los llamados factores de riesgo psicosocial, profundamente ligados a la organización del trabajo y que se relacionan con las enfermedades cardiovasculares, la salud mental y un gran número de otros trastornos de la salud. Las mismas encuestas que muestran la alta prevalencia de la exposición  a alta tensión,  también muestran con insistencia que esta exposición es muy desigual entre la población, contribuyendo a aumentar las desigualdades en las condiciones de trabajo y la salud entre clases sociales, género, edades y origen étnico que existen en el mundo del trabajo.

Además de las exigencias laborales excesivas, la baja autonomía y las escasas posibilidades de desarrollo que constituyen la alta tensión, la organización del trabajo determina otras muchas exposiciones psicosociales: la inseguridad sobre el empleo y las condiciones de trabajo, la doble presencia y el conflicto trabajo- vida,  el bajo apoyo social, los conflictos de rol…; exposiciones todas ellas que suponen un riesgo para la salud.

La disputa por la organización del trabajo ha estado en el centro de las luchas por la mejora de las condiciones de trabajo desde el inicio del movimiento sindical, y a sus éxitos debemos importantes mejoras en las condiciones de vida y de salud de la población – entre otros logros, la prohibición del trabajo infantil y la conquista de la jornada laboral de ocho horas son dos de las causas relevantes del aumento de la esperanza de vida en el último siglo.

La patronal siempre pretendió que la organización del trabajo era de su exclusiva competencia, y las leyes le dieron la razón hasta que la Ley de Prevención de Riesgos Laborales reconoció la organización del trabajo como causa de los riegos psicosociales, estableciendo la obligatoriedad del empresario de mantenerla en condiciones seguras para la salud de las y los trabajadores mediante la evaluación y la prevención de los riesgos, proceso para el que, además, se reconocían derechos específicos de participación a las personas trabajadoras y sus representantes.

De ahí que ISTAS de CCOO comenzara a trabajar en el desarrollo de metodologías participativas para la evaluación y la prevención de los riesgos psicosociales en el trabajo en el año 2000. Los objetivos de salud estaban claros atendiendo al gran impacto de estos factores en la salud y en las desigualdades. Sindicalmente, vimos la oportunidad de dar un paso más, esta vez desde la perspectiva de la salud laboral, en esta lucha histórica del sindicalismo por  la disputa de la organización del trabajo a la patronal. Se trataba de ganar otros espacios complementarios a los tradicionalmente usados, alternativos pero no excluyentes.

Para ello necesitábamos era disponer de una metodología de evaluación de riesgos rigurosa, de base científica, para que pudiera ser reconocida por el mundo técnico- profesional de la  prevención, que incorporara  el conocimiento de las y los trabajadores sobre su trabajo y que facilitara la negociación de los cambios en la organización del trabajo que necesariamente deberían ser abordados como resultado de la evaluación. Una metodología participativa y de inequívoca base científica. Y esta metodología la encontramos en Dinamarca: el Cuestionario Psicosocial de Copenhague (COPSOQ).  

Durante casi tres años, desde ISTAS y CCOO trabajamos con una alianza internacional y con algunos  socios españoles, especialmente del sector universitario, para adaptar COPSOQ al estado español siguiendo un riguroso proceso determinado por criterios y procedimientos científicos. El producto vio la luz como COPSOQ-Istas21; y es hoy uno de los instrumentos de evaluación de riesgos psicosociales más usados en España y a nivel internacional. Es una herramienta para la detección y la medida de los riesgos psicosociales en el trabajo, pero también para determinar las causas de las exposiciones nocivas y para facilitar el diálogo y el acuerdo de los agentes sociales en la empresa sobre aquello que debe hacerse para que la organización del trabajo no sea nociva para la salud. Este desarrollo metodológico tuvo su correspondiente esfuerzo en el desarrollo de herramientas prácticas para su uso (manuales, página web, Apps.,…), de formación (cursos, seminarios, talleres, jornadas…) y de investigación, siguiendo ISTAS formando parte de la dirección de la Red Internacional de COPSOQ  y de múltiples proyectos de investigación y desarrollo en estrecha cooperación con el mundo universitario, entre los que las encuestas COTS y el desarrollo de la tercera versión de COSOQ-Istas21 son buenos ejemplos.

Por si no teníamos suficientes razones sociales,  históricas, los resultados de las encuestas COTS de 2020 y 2021, y de las ERP de 2005, 2010 y 2016 muestran que, considerando sus efectos en la salud, la organización del trabajo tiene mucho por mejorar; y atendiendo las regulaciones legales actuales y los recursos disponibles, la salud laboral puede aportar una buena oportunidad para ello. Estamos en la disputa por la organización del trabajo, para sea justa y democrática, para que sea saludable.  Recordando a la revista satírica “Por favor” que a finales de los años 70 insistía en cada número “quien avisa no es traidor”.