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Defender la salud de las trabajadoras del hogar: realidades y retos

Mié, 31/07/2019 - 13:26
José Luís Colomer. Secretario de Salud Laboral de la Federación de Construcción y Servicios de CCOO
Dossier

El trabajo del hogar es un sector con régimen especial, lo que significa que es un sector en el que no se aplican los derechos recogidos en el Estatuto de los Trabajadores y que si se aplican a las trabajadoras de otros sectores al igual ocurre con otras leyes como la Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Es decir, un sector en el que las personas que trabajan en él, son trabajadoras de segunda. Teniendo en cuenta que el centro de trabajo es un domicilio particular, los abusos son habituales y las trabajadoras están en una especial situación de vulnerabilidad. La gran variedad de riesgos laborales a los que estas trabajadoras están expuestas y la ausencia de medidas preventivas en los hogares es una realidad innegable. Intervenir para defender la salud de estas trabajadoras es un reto sindical importante porque no podemos admitir que un colectivo tan numeroso vea conculcado su derecho a la salud en el trabajo.

trabajadoras del hogar riesgos

Desde 2015, en la Secretaría de Salud Laboral de la Federación de Construcción y Servicios de CCOO estamos desarrollando proyectos que pretenden dilucidar de qué forma podemos avanzar en la defensa de la salud laboral de las trabajadoras del hogar. Son ya tres proyectos consecutivos financiados por la Fundación de Prevención de Riesgos Laborales y destinados a encontrar vías de acción sindical en este sector que presenta una realidad inasumible de exposición a riesgos laborales y grandes dificultades para la acción preventiva.

El primer problema con el que nos enfrentamos para la acción sindical en este sector es que la Ley 31/1995 de prevención de riesgos laborales, excluye a las trabajadoras del hogar de su ámbito de aplicación al situarlas en un régimen “especial”. Desgraciadamente “especial” quiere decir “especialmente desprotegida”. La primera contradicción en la que incurre esta ley y que podemos señalar para visibilizar esta injusticia es que el mismo texto, en su art. 3.4 obliga al titular del hogar a cuidar que el trabajo se realice en las “debidas condiciones de seguridad e higiene”.  En la misma línea se manifiesta el  Real Decreto 1620/2011, de 14 de noviembre, por el que se regula la relación laboral de carácter especial del servicio del hogar familiar. Este decreto afirma que, en el momento en que se contrata a una persona, el hogar se convierte en centro de trabajo y el “empleador o empleadora está obligada a cuidar de que el trabajo del empleado de hogar se realice en las debidas condiciones de seguridad y salud, para lo cual adoptará medidas eficaces, teniendo debidamente en cuenta las características específicas del trabajo doméstico”.  Sin embargo, no se ha producido el desarrollo reglamentario necesario para que verdaderamente el hogar se considere centro de trabajo y no es posible articular mecanismos de control sobre si se están respetando o no estos derechos ¿Cómo controla o verifica la Administración Pública  el cumplimiento de estas obligaciones si la Inspección de Trabajo se ampara en el derecho de inviolabilidad del domicilio regulado en la Constitución Española, ante una denuncia presentada, por ejemplo, por la falta de descansos entre jornada, impago del salario o acoso sexual? A diferencia de lo que ocurre en otros centros de trabajo, en el hogar debe obtenerse consentimiento expreso de la persona empleadora o, en su defecto, autorización judicial para que la inspección pueda actuar.

Trabajar en el hogar: un coptail de riesgos

El legislador presupone que el hogar es un espacio sin “demasiados” riesgos laborales, pero nada más lejos de la realidad. En un proyecto que realizo ISTAS en 2018 con la colaboración de la Federación de Construcción y Servicios de CCOO, pudimos constatar que el trabajo en el hogar supone una amplia exposición a riesgos laborales. Las trabajadoras están expuestas a prácticamente todos los tipos de riesgos. Un repaso rápido a las situaciones más comunes que nos encontramos en aquella investigación arroja las siguientes exposiciones nocivas:

  • Riesgos derivados del manejo de útiles de trabajo que no están en condiciones adecuadas (escaleras, aspiradoras, planchas, etc)
  • Riesgos derivados del ambiente de trabajo: altas temperaturas, falta de ventilación, etc
  • Contacto con sustancias químicas y sus mezclas sin disponer de la información y la formación  adecuada (lejía, amoniaco, etc)
  • Riesgos psicosociales derivados de la organización del trabajo: cantidad de tareas, ritmo de trabajo, disponibilidad 24 horas con escaso grado de participación de las trabajadoras.
  • Riesgos psicosociales derivados del trato continuado con personas que tienen problemas que dificultan su interacción con las cuidadoras (cambios de humor, demencia, agresividad, limitaciones físicas); relaciones conflictivas con los familiares; exposición continuada a situaciones relacionadas con la enfermedad, el dolor y la muerte, con el consiguiente desgaste emocional.
  • Riesgos ergonómicos: posturas forzadas, levantamiento de cargas, trabajo de pie en la mayor parte de la jornada.
  • Riesgo biológico: la posibilidad de contraer enfermedades infecciosas y contagiosas, cuando se atiende y cuida a una persona con estas enfermedades.

Todos estos riesgos se ven incrementados por el hecho de que las trabajadoras ejercen en solitario su actividad laboral en el hogar. Sin tener contacto o apoyo de otras trabajadoras que pudieran estar en sus mismas condiciones. La precariedad en la contratación supone un desgaste físico y psíquico constante, es un trabajo de gran responsabilidad en condiciones de mucha precariedad. A estos riesgos hay que añadir el hecho de que un número importante son mujeres migrantes en situación irregular que se ven obligadas a aceptar situaciones de explotación. Hay  trabajadoras que manifiestan haber trabajado durante años sin contrato y relatan experiencias de violencia y acoso sexual en el trabajo.

La siniestralidad va en aumento

La punta del iceberg de estas condiciones de trabajo tan nocivas son los accidentes de trabajo. Dejan ver sólo una parte de lo que sucede, pero apuntan la gravedad de la situación. Los datos oficiales existentes desde la aplicación del Real Decreto 1620/2011 revelan un incremento progresivo de los accidentes laborales. El índice de incidencia (número de accidentes por cada 100.000 habitantes) ha experimentado un incremento del 5,47% de 2016 a 2017. Los datos oficiales publicados por el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social revelan que se han producido un total de 2.893 accidentes de trabajo con baja en este sector. Estos datos no representan la realidad ni de lejos, por no quedar reflejados aquellos que se producen y no son declarados por la situación ilegal en la que se encuentran una parte importante de las personas que trabajan en el hogar , principalmente las mujeres migrantes, o por el miedo que tienen, quienes trabajan legalmente, de ser despedidas.

Visibilizar los riesgos psicosociales

La carga psicosocial que tienen las trabajadoras del hogar y los cuidados afloró en el proyecto desarrollado por ISTAS en colaboración con la Federación de Construcción y Servicios de CCOO durante el 2018. Por ello, dando continuidad a este proyecto y con el fin de visibilizar los riesgos psicosociales a los que se expone este colectivo, estamos desarrollando en estos momentos un estudio financiado por la Fundación Estatal de Prevención de Riesgos Laborales para aflorar dicha realidad. Este estudio que servirá de apoyo para desarrollar futuras herramientas a disposición de las trabajadoras ha supuesto la aplicación de la versión corta del COPSOQ-ISTAS21, en la modalidad de sensibilización.

En estos momentos estamos todavía analizando los resultados de la fase cuantitativa de este proyecto y empezando a realizar los grupos de discusión. Los resultados y las conclusiones de este trabajo formaran parte del estudio que se publicará a finales de año en nuestra WEB y se dará la mayor difusión posible para dar a conocer la realidad psicosocial que sufren las trabajadoras del hogar.

Los testimonios de las trabajadoras plantean una realidad que exige actuaciones urgentes por la profundidad de los daños a la salud que se están produciendo. Es un sector que plantea retos importantes al sindicalismo organizado: ¿Cómo podemos articular sindicalmente la defensa de colectivos tan vulnerables que trabajan en condiciones de aislamiento, en espacios que no son “claramente” centros de trabajo? Es evidente que son necesarios cambios legales que afectan al régimen laboral de las trabajadoras, cambios que van más allá de la salud laboral y que sólo podemos articular los sindicados mayoritarios en el marco de la mesa del diálogo social, pero es evidente que hace falta también una profunda actuación preventiva en materia de riesgos laborales. Es necesario concienciar a toda la sociedad y empoderar a las trabajadoras. Estamos ante una situación de explotación en la que las trabajadoras están perdiendo su salud, en la gran mayoría de los casos, para cuidar de nuestros seres queridos.