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Conciliación de la vida laboral y familiar

Sáb, 15/04/2006 - 12:19
FERNANDO RODRIGO
Dossier

Intenso debate el que se está produciendo en los medios de comunicación, durante los últimos meses, sobre conciliación de la vida personal y laboral. Debate con muchos enfoques en el que ha intervenido el propio Gobierno lanzando propuestas de fijar límites al horario de trabajo de los funcionarios de la administración central para hacerlo compatible con su vida familiar.

Debate necesario en un país que tiene una de las jornadas de trabajo más largas de la Unión Europea: una media de 38,2 horas a la semana frente a 36,8 de la UE- 15. En el que más del 44% de los trabajadores alargan, voluntaria u obligatoriamente (la mitad sin compensación), su jornada laboral. Ventanas de oficinas iluminadas a las nueve de la noche, entradas y salidas de polígonos industriales colapsadas más allá de las ocho de la tarde, centros comerciales abiertos hasta las diez de la noche, abuelos recogiendo niños a las puertas de los colegios. Dormimos 40 minutos menos por noche que la media de los europeos.

Es un problema de racionalidad de horarios vitales. De organización social sostenible y saludable, que permita la conciliación de la vida laboral, personal y familiar. Un problema que afecta a opciones vitales y machaca muy especialmente a las mujeres imponiendo la doble presencia. Más de 300.000 mujeres deciden abandonar cada año el trabajo para cuidar a sus hijos.

Bajo el argumento de la competencia con China y el peligro de deslocalización asistimos a una fuerte presión empresarial en toda Europa para trabajar más. La racionalidad económica se pone por delante de la razón social. Ya ni se habla de las 35 horas. Nos exigen trabajar más y con mayor flexibilidad horaria (impuesta, no pactada) para adaptarnos, cual plastilina, a las necesidades de la producción. Duración y organización del trabajo son las dos caras del problema. Los turnos, el trabajo en festivos, la irregularidad de la jornada, la eliminación de los descansos, las modificaciones unilaterales del horario, juegan en contra de una vida social y familiar gratificante. Ello tiene, además, un efecto negativo sobre los riesgos laborales, tanto de los más visibles (accidentes producto de la fatiga), como de los silenciosos y dilatados que provocan desgaste físico y psíquico y reducción de la esperanza y calidad de vida.

El debate del tiempo de trabajo y de su organización es la historia del movimiento obrero. En el origen de los sindicatos, en el siglo XIX, está la lucha por la jornada de 8 horas. Han pasado más de 100 años y hemos avanzado demasiado poco. Seguimos teniendo por delante el reto de conciliar el trabajo y la vida.