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Begoña Baiget Orts, técnico superior de prevención de riesgos laborales “Las técnicas corporales para la movilización de pacientes no evitan el riesgo de lesión musculoesquelética”

Jue, 15/01/2015 - 12:20
BERTA CHULVI
Dossier

Begoña Baiget Orts es licenciada en Ciencias del Trabajo y lleva más de una década trabajando como técnico superior de prevención de riesgos laborales en el Hospital General de Valencia. En este hospital, con más de 2.400 trabajadores y trabajadoras a su cargo, es la responsable de las áreas de ergonomía y riesgos psicosociales. Además es coautora del manual “La gestión del riesgo por movilización de pacientes”, editado en España por el Centro de Ergonomía Aplicada.

¿Disponemos de datos sobre cuántos trabajadores y trabajadoras en España están expuestos al riesgo de movilización de personas?
Tenemos aproximaciones procedentes de fuentes internacionales y algunas estimaciones para España y para la Comunidad Valenciana. Por ejemplo, Eurostat estima que en el sector salud y sociosanitario por cada 100.000 personas empleadas 4.300 padecen algún trastorno musculoesquelético que afecta principalmente a lo que se conoce como espalda baja –la lumbalgia en sus diferentes manifestaciones–, como a la parte media y alta de la espalda. Además, los estudios epidemiológicos internacionales apuntan también el origen laboral de las molestias de hombros y cuello. Recientemente, el Instituto Valenciano de Seguridad y Salud en el Trabajo (INVASSAT) realizó una encuesta a una muestra de 445 trabajadores de la sanidad (médicos, dues, auxiliares de enfermería, celadores y técnicos de radiodiagnóstico) y los resultados apuntan que el 36% sufría molestias en la región lumbar y el 33% en el cuello, como datos más significativos. Si nos fijamos en las categorías profesionales y los puestos, las personas más afectadas son las enfermeras y las auxiliares de enfermería, y hablamos en femenino porque se trata de un sector altamente feminizado. Según el trabajo del INVASSAT, un 71,5% de las enfermeras refiere algún trastorno musculoesquelético y el porcentaje se eleva hasta el 91% entre las auxiliares de enfermería y hasta el 94% en el puesto de celador. Estamos hablando de sanidad, pero la problemática es muy similar en el sector de atención a la discapacidad y en todas aquellas actividades en las que trabajadores y trabajadoras han de movilizar a personas que obligan a levantamiento de cargas y adopción de posturas forzadas. Por ejemplo, el Instituto Nacional de la Seguridad Social calculó recientemente que la siniestralidad laboral por problemas musculoesqueléticos en el sector de la discapacidad suponía el 2,4% de todos los accidentes notificados en España. Es mucho, si pensamos que se trata de un sector concreto y de una problemática específica.

Y ante esta situación, ¿de qué recursos dispone un servicio de prevención para la evaluación de riesgos?
Hasta hace muy poco no disponíamos de metodología específica para evaluar el riesgo de movilización de pacientes. Aplicábamos métodos de evaluación ergonómicos que se habían diseñado para evaluar el riesgo de movilización de cargas. En junio de 2012 se publica la norma ISO/TR 12296 que aporta una guía de diferentes estrategias adoptadas en diferentes países del mundo para disminuir la carga biomecánica del personal que realiza las tareas de movilización de pacientes, disminuyendo la incidencia de accidentes y enfermedades profesionales y permitiendo, a su vez, aumentar la calidad asistencial del paciente, proporcionándole mayor seguridad, privacidad y dignidad.

La ISO recomienda considerar la interrelación de varios factores como son la organización del trabajo, el tipo y el número de pacientes a movilizar, las ayudas para la movilización, los espacios donde se realizan las movilizaciones y la formación (teórica y práctica) del personal que realiza estas tareas, ya que por separado o en su conjunto pueden aumentar la carga biomecánica. Para que sea realmente efectiva, la estrategia para la evaluación y gestión del riesgo debe evaluar de forma analítica el riesgo y los factores determinantes.

Y atendiendo a la prevención de esos riesgos, ¿cuál es la situación actual?
Lo que están mostrando los estudios biomecánicos es que lo que habitualmente se ha usado como medida preventiva con los trabajadores que han de movilizar pacientes, es decir, las técnicas corporales de movilización de pacientes, no evitan el riesgo de lesión musculoesquelética. La única forma real de evitar el riesgo de lesión musculoesquelética es asistir la manipulación de pacientes siempre que sea posible con ayudas técnicas. Hay que utilizar equipos de ayuda y ayudas auxiliares. Por muy bien que el trabajador o trabajadora haya aprendido las técnicas de movilización, por muy óptimas que sean las condiciones de movilización en las que tengas que actuar, el riesgo de lesión musculoesquelética es muy alto: tú puedes hacerlo muy bien, pero la presión a la que son sometidos tus discos intervertebrales es superior a la que esos discos pueden aguantar sin perder sus caraterísticas de resistencia y elasticidad, si tú estás trabajando durante largos periodos de tiempo en posturas forzadas o levantando cargas que superan con creces tu capacidad. En otras palabras, sin mecanización de los procesos, sin ayudas técnicas, sin formación suficiente y adecuada para saber elegirlas, usarlas y sin un diseño de espacios de trabajo adecuados a la tarea, los trabajadores y las trabajadoras acaban desarrollando lesiones musculoesqueléticas.

En el Hospital General habéis evaluado con el método MAPO al Servicio de Urgencias al completo, más de 170 trabajadores, ¿se han implementado las medidas preventivas necesarias tras la evaluación?
Partimos de la base de que las características asistenciales de un Servicio de Urgencias dificulta en muchas ocasiones la planificación y la ejecución de las maniobras de movilización, por lo que la actuación no es para nada sencilla. Hemos avanzado en algunos aspectos, sobre todo en la sensibilización de los trabajadores y las trabajadoras, pero no podemos decir que hayamos conseguido un cambio en las condiciones de trabajo de forma sistemática y colectiva: en primer lugar el hospital no tiene recursos económicos para adquirir las ayudas técnicas que serían las adecuadas para eliminar o reducir el riesgo, pero es que además trabajamos en un edificio de los años 40, donde los problemas estructurales son considerables, las dimensiones de las salas, pasillos, habitaciones, etc; limitan mucho las posibilidades de adaptación. Vamos avanzando poco a poco, pero es un momento complicadísimo por la falta de recursos destinados a la prevención y a la sanidad en general.

¿Qué patología provoca la sobrecarga biomecánica?

PEX
La literatura científica ha demostrado que la sobrecarga biomecánica, es decir, el repetido requerimiento mecánico de las estructuras tisulares superiores a niveles críticos y relacionados con la manipulación manual de cargas, puede causar alteraciones degenerativas del aparato osteo-muscular, no solo a nivel dorsolumbar, sino también de la extremidad superior y en particular del hombro. Aunque todas las patologías que se manifiestan inicialmente en forma de dolor lumbar, tienen una etiología multifactorial, el 98% tiene en la sobrecarga biomecánica su causa primaria o causa más relevante.

Según un estudio internacional de Colombini y su equipo de investigadores realizado en 2005, las patologías más relevantes son las siguientes:

  • Patología degenerativa del raquis.
  • Discopatía lumbar, reducción a la altura del disco con alteración de la limitante somática.
  • Discopatía múltiple lumbar.
  • Protusión discal.
  • Hernia discal lumbar.

Clínicamente, todas estas patologías se manifiestan en forma de dolor a nivel lumbar, cuya clasificación se realiza en base a la duración de los síntomas, desde el dolor de espalda agudo, cuya duración es inferior a 4 semanas, hasta el dolor de espalda crónico que supera los tres meses, pasando por el dolor de espalda recurrente en el que se producen continuas recaídas en crisis de dolor agudo. Los estudios epidemiológicos con referencia a los factores de riesgo laborales muestran que la edad de inicio de los primeros episodios va normalmente desde los 25 a los 55 años, aunque las primeras crisis agudas se pueden dar en edades más tempranas.