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Dignidad y salud laboral. Contra la intimidación en el trabajo

Jue, 15/10/1998 - 12:20

Condiciones de trabajo

¿Hay un mal ambiente en tu trabajo? ¿Tu jefe te presiona mucho? ¿Sientes que se atenta a tu dignidad como persona?

Miles de trabajadores están en esta situación, y hay cada vez más personas que tienen que aguantar el desprecio, insultos repetidos y continuas amenazas de despido por parte de mandos y gerentes. La presión y la intimidación forman parte del estilo de gestión en muchos centros de trabajo y esto conlleva graves consecuencias para la salud.

La intimidación de los trabajadores para sacarles más rendimiento no es nada nuevo. Sin embargo los sindicatos europeos están empezando a utilizar el nuevo marco de derechos y obligaciones en materia de salud laboral para combatir riesgos de tipo psico-social provocados por la inadecuada organización del trabajo. Todos tenemos el derecho a ser tratados con dignidad y respeto en el trabajo, y la intimidación es una violación de este derecho.

¿Qué es la intimidación? Son situaciones como las siguientes: los insultos y amenazas, dar órdenes a gritos, hacer correr rumores sobre una persona, el confinamiento y aislamiento de los demás, la humillación pública, la verificación constante del trabajo de la persona, las críticas permanentes, imponer metas de trabajo imposibles de cumplir; asignar tareas sin ningún sentido; despreciar a la persona, no dar información... La OIT utiliza la siguiente definición de la intimidación en el trabajo: un comportamiento intimidador, ofensivo, insultante, malévolo o humillante. El abuso de poder o autoridad que pretende debilitar a una persona o a un grupo de empleados y que puede provocarles estrés.

La intimidación tiene su impacto en las emociones y la salud, sobre todo si hay que aguantarlo todos los días o todas las semanas. Según una encuesta difundida por UNISON, sindicato británico del área pública, el 76% de las personas que han sufrido situaciones de intimidación en el trabajo dicen que la experiencia tuvo un impacto negativo en su salud física o mental. Un tercio dijo que la intimidación les obligó a estar de baja. También una tercera parte se planteaba dejar su trabajo en cuanto les fuera posible (el 25% de los que habían sufrido intimidación antes del período de la encuesta ya habían dejado su trabajo por esta razón). Los testigos de la intimidación también se ven afectados: un 73%, según esta encuesta, experimentaron estrés pues se identifican con la persona afectada y, a la vez, temen convertirse en víctimas.

En muchos casos las situaciones de intimidación se prolongan. Un 34% de los casos identificados en la encuesta llevan tres años o más soportando humillaciones. Por otra parte, la empresa consiente cuando no promueve estas cosas: un 73% de los afectados afirman que la empresa conoce el caso y en un 83% de las situaciones los agresores son los gerentes.

C. Cooper, psicólogo industrial y experto internacional sobre el estrés, afirma que la intimidación en el trabajo puede llegar a ser la responsable de la mitad del total de casos de estrés laboral.

Los efectos en la salud incluyen: depresión, baja autoestima, insomnio, pesadillas, dolor de cabeza, llanto, sensación de agotamiento, miedo, rabia, tensión alta, problemas gastrointestinales, pérdida de peso e, incluso, pensamientos de suicidio.

Algunos sindicatos ya han identificado la intimidación en el trabajo como un riesgo prioritario. Entre las iniciativas en curso la citada UNISON británica acaba de lanzar una campaña para la prevención de la intimidación en el trabajo que incluye la difusión de los resultados de su encuesta llevada a cabo por la Universidad de Staffordshire a finales del año 1996 entre 5000 afiliados.