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Salud y trabajo a los 60 ¿quimera o realidad?

Dom, 15/01/2017 - 12:19
RAQUEL PAYO PUEBLA
Debate

España sigue su proceso de envejecimiento. Según los datos del Padrón Continuo (INE), a 1 de enero de 2015 había 8.573.985 personas mayores (65 y más años), el 18,4% sobre el total de la población (46.624.382). Según la proyección del INE, en 2061 habrá más de 16 millones de personas mayores (38,7% del total). Con una población cada vez más envejecida nos encontraremos con trabajadores y trabajadoras con problemas de salud crónicos y necesidades específicas, sobre todo en los puestos que implican una elevada carga de trabajo físico y mental. Y la calidad de vida de esos años de más no será igual para toda la población, pues el envejecimiento acrecienta las desigualdades.

En 2011, el Gobierno amplió la edad de jubilación hasta los 67 años, obviando que determinadas ocupaciones manuales suponen tal desgaste físico que es imposible llegar a esa edad haciendo el mismo trabajo. De hecho, según la VII Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo, un 34,7% de las y los trabajadores considera que no podrá realizar el mismo trabajo pasados los 60 años. Estos porcentajes se elevan en determinados sectores de actividad: hasta más del 52% en construcción y minería, el 51% en hostelería y hasta un 50% en el sector agrario.

Una falsa creencia presenta a las personas mayores con buenas condiciones de trabajo. Sin embargo, el 60% de los operadores industriales o los obreros de la construcción mayores de 50 años trabaja en posiciones penosas con una clara exposición a riesgos ergonómicos. En esta situación se encuentra el 40% de trabajadores y trabajadoras agrícolas, de limpieza y comercio. Son personas que siguen trabajando en las mismas condiciones que cuando eran jóvenes. Lo esperable era pensar que la organización del trabajo habría reducido la exposición de las y los trabajadores mayores a riesgos ergonómicos, pero la realidad muestra que no es así.

En las grandes empresas industriales había una forma de organización del trabajo que tenía en cuenta el hecho de que un trabajador o trabajadora mayor debía cambiar su grado de exposición a estos riesgos. Hay muchos convenios colectivos que plantean, por ejemplo, que los mayores de 50 no hagan turnos de noche, pero lo que vemos es que esas reducciones en la exposición al trabajo más penoso no están afectando a determinados grupos profesionales, sobre todo en los que hay mayoría de mujeres.

Los exigentes ritmos de trabajo se generalizan a todas las edades y las exposiciones a riesgos psicosociales de los mayores de 50 años también son importantes. Son profesionales que acumulan exposiciones, porque con menos de 30 años ya estaban soportando condiciones de trabajo nocivas para su salud tanto física como psíquica. Por ejemplo, en cuanto a la falta de perspectivas profesionales nos encontramos que en muchos grupos ocupacionales, los trabajadores y trabajadoras de menos de 30 años ya manifiestan un alto nivel de exposición a este riesgo: casi el 70% en limpieza y auxiliares de casa, y de quienes trabajan en cadenas industriales o en el sector agrícola, y casi el 50% en el sector salud o de la construcción. Obviamente, los efectos de esta insatisfacción se incrementan por encima de los 50 años.

Ante esta situación se hace más necesario que nunca garantizar unas condiciones de trabajo seguras y saludables desde el inicio de la vida laboral, promoviendo el trabajo sostenible y el envejecimiento saludable. Solo unas condiciones de trabajo decentes a lo largo de toda la vida laboral permiten envejecer de manera saludable y llegar a la jubilación en buen estado de salud.

Además, los cambios que se producen a nivel de las capacidades funcionales en relación con la edad deben ser considerados en la evaluación de riesgos y gestionados mediante medidas correctivas en el trabajo: implantar medidas ergonómicas acordes con la edad de las y los trabajadores, promover la movilidad dentro de la empresa; es decir, asignar a las personas de más edad funciones que se ajustan mejor a sus cambiantes necesidades y capacidades, o incorporar nuevas tecnologías para el desarrollo de actividades más pesadas.

Se trata, en definitiva, de promocionar una cultura preventiva en la empresa y mejorar las actuaciones en ese sentido. Algo que solo es posible fomentando la participación de trabajadores y trabajadoras de todas las edades. Sin esa cultura preventiva, hablar de trabajo saludable a todas las edades y de envejecimiento activo es una quimera.

*Raquel Payo Puebla es secretaria regional de Salud Laboral de CCOO de Castilla-La Mancha.