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Parálisis europea en salud laboral

Lun, 15/04/2013 - 12:20
LAURENT VOGEL
Debate

En marzo pasado, el Instituto Sindical Europeo (ETUI) organizó una conferencia sobre la nueva Estrategia Europea de Salud Laboral. En ella, el comisario de Empleo y Asuntos Sociales, Lászlo Andor, practicando la política del avestruz, se escondió detrás de la necesidad de consultar a la opinión pública por Internet antes de definir cualquier política de salud laboral. Algo que la Comisión Europea no hará nunca cuando se trata de imponer las exigencias de la troika. El mandato de la actual Comisión finaliza en 2014 y todo parece indicar que la aprobación de la próxima estrategia puede dejarse en manos de la nueva Comisión y del nuevo Parlamento.

La planificación de las políticas de salud laboral se remonta más de treinta años. En 1978, la Comisión Europea adoptó su primer programa de acción. La última Estrategia de Salud Laboral de ámbito europeo cubría el periodo 2007-2012. Se daba por hecho que esta estrategia sería evaluada y que se aprobaría una nueva para el periodo 2013-2020, una guía para la acción que incorporaría las lecciones aprendidas y se adaptaría a la evolución de las condiciones de trabajo.

Sin embargo, desde finales de 2011, la Comisión Europea ha comenzado a dar una excusa tras otra. Los retrasos se han acumulado inexorablemente. El mensaje subliminal podía ser fácilmente descifrado: en periodos de crisis es el empleo lo que se pone por encima de todo y la calidad del trabajo parecería un lujo superfluo. A finales de 2012 podemos apreciar el atasco de dos iniciativas legislativas muy importantes que hubieran debido aprobarse en este periodo: la revisión de la directiva sobre agentes cancerígenos y la adopción de una directiva sobre trastornos musculoesqueléticos.

Prevención: por qué y cómo

La Encuesta Europea de Condiciones de Trabajo, desarrollada en 2010 por la Fundación de Dublín, muestra un aumento de las desigualdades en muchos campos. Las diferencias entre los países son particularmente preocupantes en un importante número de indicadores. Estas desigualdades son todavía más brutales en el interior de cada territorio nacional. La situación global ha empeorado para el conjunto de los trabajadores si atendemos a un indicador muy eficaz para resumir la situación: el 44% de los obreros menos cualificados piensa que no podría continuar haciendo su actual trabajo cuando tenga sesenta años. La Agencia Europea para la Salud y Seguridad en el Trabajo ha lanzado una encuesta para tratar de comprender los factores que incentivan o frenan la prevención en las empresas con una muestra de 36.000 entrevistas telefónicas con empresas del sector público y privado que tienen como mínimo diez trabajadores. Una de las preguntas interroga sobre cuáles son los motores de la acción preventiva. El principal factor que empuja a las empresas a desarrollar una política de prevención es la existencia de una legislación en la materia. El 90% de ellas indica que es la obligación de respetar la legislación lo que les lleva a la acción preventiva. En 22 de los 27 países encuestados, este factor se sitúa a la cabeza de las respuestas. Incluso en lo que se refiere a los riesgos psicosociales, para los que la legislación está generalmente menos desarrollada, este sigue siendo el principal motor para la acción (un 63% de las respuestas lo menciona), lejos del siguiente factor de la escala, la exigencia de los trabajadores y sus representantes, que tan solo es mencionado por un 36%. Y muy lejos del tercero de los factores: reducir elevadas tasas de absentismo, que solo es señalado por un 11% de las empresas.

La segunda acción que se menciona como motor de la prevención en las empresas es la exigencia de los trabajadores y sus representantes. Este factor es mencionado por tres de cada cuatro empresas. Las respuestas muestran diferencias importantes entre países y van desde el mínimo de Hungría (23%) hasta el máximo de Finlandia (91%). Los argumentos de naturaleza económica desempeñan un papel muy limitado tanto si se trata de las exigencias de los clientes y buena imagen de la empresa (67%) o si se atiende a la voluntad de reducir el absentismo y conservar al personal (59%) u otras razones de carácter económico relacionadas con la rentabilidad (52%). La presión ejercida por la Inspección de Trabajo aparece igualmente como un factor de menos peso (57%), algo comprensible si atendemos a la escasez de efectivos en la Inspección de Trabajo.

La encuesta confirma la debilidad de los recursos destinados a la prevención por las empresas. La respuesta más frecuente cuando se les pregunta por los factores que actúan de freno de la prevención es la falta de recursos internos, ya sea en tiempo, en personal o en presupuesto. Este último es mencionado por el 36% de las empresas, también con importantes diferencias entre países. Estos datos sugieren al menos dos cuestiones de cara al futuro de la estrategia comunitaria de salud laboral. Mejorar el marco legislativo comunitario es un factor esencial para una armonización de las situaciones nacionales. La mayoría de las directivas en vigor fueron aprobadas entre 1989 y 1995. Es una ingenuidad pensar que el esfuerzo desarrollado hace veinte años ha conseguido una respuesta definitiva y satisfactoria a todos los problemas. La siguiente conclusión es que la acción comunitaria debe dirigirse de forma prioritaria a reforzar aquellas estructuras que conducen la acción preventiva. Se trata de ampliar la representación de los trabajadores y darle más medios, de desarrollar auténticos servicios de prevención multidisciplinares e independientes y dotar a las Inspecciones de Trabajo de medios suficientes.

El impacto de la crisis

El argumento por el cual la crisis convierte en inútil la adopción de una nueva Estrategia Europea de Salud Laboral no se sostiene. La experiencia de anteriores crisis muestra que ellas contribuyen a deteriorar tanto las condiciones de trabajo que las políticas de salud laboral son indispensables para limitar su impacto negativo.

El descenso de la actividad económica se acompaña, en un primer momento, de un descenso de los accidentes de trabajo. Los sectores más afectados por la crisis son generalmente sectores con altas tasas de siniestralidad laboral, como la construcción, por ejemplo. En un segundo momento, las tasas de accidentes tienden a incrementarse por encima del aumento del empleo. Intervienen diferentes factores: la reducción de la inversión en equipos de trabajo más modernos y menos peligrosos, la pérdida de experiencia que se asocia a los periodos de crecimiento del paro y que se traduce, a menudo, en un aumento de la vulnerabilidad de los trabajadores, el debilitamiento de las dinámicas de resistencia colectiva en un contexto en el que conservar el empleo aparece como la prioridad principal. En cuanto al impacto sobre la salud, la crisis agrava los riesgos. A los factores ya mencionados en referencia a los accidentes hay que añadir el desgaste psicológico de la crisis. En los sectores en contacto con los ciudadanos, como la salud, los servicios sociales o la educación, una crisis económica implica un aumento de la carga de trabajo al mismo tiempo que se reducen los presupuestos. En los años 70, investigadores suecos observaron que la concentración de mujeres en estos sectores podía explicar que la crisis tuviera un efecto mucho mayor sobre la salud de las mujeres jóvenes que tenían un empleo.

La crisis ha estado motivada, entre otros factores, por un incremento de las desigualdades sociales y un marco general de desregulación favorable al capital. En consecuencia, de lo que habría que ocuparse es de una inversión de la tendencia: una sociedad más igualitaria y unas empresas sometidas a un mayor control social y público. El debate sobre la estrategia de salud laboral en el trabajo no es nada teórico, es muy real, en la medida en que cada trabajador va a sentir en su propia piel las consecuencias sobre la calidad de su trabajo. Es, además, una cuestión de gran calado político porque refleja, en una acción concreta, el enfrentamiento entre dos concepciones de la sociedad totalmente opuestas. Para los diversos matices del liberalismo dominante, las condiciones de trabajo no son más que una variable de ajuste en la competencia mundial. Para los movimientos sociales, la falta de calidad y democracia en el trabajo resume la falta de democracia real en la sociedad.

* Laurent Vogel es director del departamento de Condiciones de Trabajo y Salud Laboral del Instituto Sindical Europeo.