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Envejecer en el trabajo, nuevo reto para la prevención

Vie, 15/07/2005 - 12:19
PERE BOIX
Debate

Durante los años 80 muchas grandes empresas adoptaron estrategias de jubilación anticipada como vía de escape frente a la reestructuración industrial. La pervivencia de esta práctica, junto a la reducción de la natalidad y el aumento de la esperanza de vida, han disparado las alarmas por sus posibles efectos negativos tanto sobre la competitividad y el crecimiento económico, como sobre el sistema fiscal, sanitario y de protección social.

Según datos de la Comisión Europea, durante el periodo 1995-2002 solamente un 35% de los europeos de más de 54 años que abandonaron su trabajo, lo hicieron por el mecanismo normal de jubilación. Un 22% fueron jubilados anticipadamente y otro 17% dejó el trabajo por enfermedad o discapacidad. En números absolutos, cada año unos 7 millones de trabajadores europeos de más de 54 años dejan anticipadamente del mercado de trabajo.

La penosidad laboral actúa contra el alargamiento de la vida laboral

De esos 7 millones, unos 2 millones y medio se ven impulsados a abandonar su trabajo por enfermedad. Ello plantea, de entrada, la cuestión del papel que juegan las condiciones de trabajo en las patologías incapacitantes, y remite a la importancia de introducir la prevención de riesgos laborales como parte de la estrategia de “promoción del envejecimiento activo”. El cáncer, las patologías osteomusculares o las cardiovasculares, son enfermedades sobre cuyos factores de riesgo se deberá actuar decididamente si se quieren ganar años de vida activa.

Lo anterior no debería derivar en planteamientos economicistas, ni relegar al olvido otros daños a la salud por condiciones penosas que, aun no siendo tan altamente incapacitantes, comprometen seriamente la calidad de vida y de trabajo de las personas. Es el caso de los riesgos psicosociales o las condiciones ambientales inadecuadas.

El bajo nivel de empleo de los trabajadores de edad no es sólo un “despilfarro de oportunidades en la vida de las personas y de potencia social” como afirma la Comisión Europea. Es también, y sobre
todo, un atentado contra el derecho de los trabajadores a una vida activa saludable.

La edad hace más necesario adaptar el trabajo a las personas

Según estimaciones del Instituto Nacional de Estadística, en los próximos 20 años la pirámide de población en edad de trabajar va a quedar cabeza abajo. Los menores de 40 años que representan ahora mismo alrededor de un 50% de la población en edad activa se reducirán a un 23% en 2020, mientras los mayores de 54 años pasarán del actual 16% al 36%.

El envejecimiento conlleva una serie de cambios psicofisiológicos. A partir de los 30-40 años se empieza a notar una pérdida de elasticidad articular, los ligamentos se hacen menos elásticos y los tendones más duros. Entre los 40 y 65 años la fuerza muscular decrece un 25% debido a la reducción del volumen y del número de fibras de los músculos. También disminuye con los años la agudeza visual y auditiva, se producen cambios a nivel cardiocirculatorio o neuronal, y se alteran los hábitos de sueño y vigilia.

En la práctica médica habitual de vigilancia de la salud, es muy fácil que a un trabajador de edad se le califique como “especialmente sensible” y se emita una recomendación de cambio de puesto de trabajo. Este enfoque individual es una estrategia asistencial y no preventiva. Pero, además, corre el riesgo de agotarse rápidamente ya que las posibilidades de cambio serán cada vez más difíciles y limitadas, a medida que aumente el envejecimiento de las plantillas. La estrategia debe ser, primero reducir los riesgos adaptando las condiciones colectivas de trabajo, después, buscar soluciones a los
problemas individuales.

Los trabajadores mayores tienen un as en la manga

La sabiduría que proporciona la experiencia práctica acumulada es el gran activo de los trabajadores mayores. Muchos son auténticos expertos, conocedores de todos los trucos del oficio, de las herramientas, de los materiales, de todas las reglas de seguridad.

La experiencia compensa, a veces, sus limitaciones físicas. Se ha observado que trabajadores mayores en cadenas de montaje desarrollan habitualmente estrategias gestuales y temporales de autoprotección, agrupando los aprovisionamientos al principio del ciclo con lo que disminuyen los desplazamientos y reducen la fatiga. Trabajan más con el tacto, conocen el tipo de pieza en contacto con la palma de la mano sin tener que mirarla y la colocan en el lugar preciso, evitando flexiones y giros de cuello innecesarios.

También la empresa puede beneficiarse. Una importante empresa juguetera americana (FAO Schwartz) transforma a sus trabajadores de mantenimiento, a partir de una determinada edad, en vendedores-consejeros para sus almacenes. Una medida inteligente y astuta, dado que una gran parte de los clientes de las tiendas de juguetes son los abuelos. Sobre el mito de la peor adaptación a los cambios por parte de los trabajadores mayores, el profesor Serge Guérin, de la Universidad de Lyon, afirma: “es una opinión trivial que no responde a ningún análisis estadístico, la discriminación en cuanto a la adaptación no se establece en función de la edad sino del nivel de formación precedente”.

Universalizar las condiciones de trabajo

Se deben encontrar nuevos equilibrios frente al desajuste entre las capacidades personales y las exigencias del trabajo, evitando una gestión diferencial del riesgo. La protección de los trabajadores mayores no puede penalizar a los jóvenes trasladándoles las tareas más duras. Se trata, por el contrario, de avanzar en una línea de prevención global de manera que las medidas que favorecen a los mayores, eviten al mismo tiempo el envejecimiento precoz de los jóvenes por causa del trabajo.

Las formas flexibles de organización del trabajo, los horarios adaptados o a tiempo parcial, la formación continua, el trabajo en equipo, la calidad ergonómica y ambiental del trabajo, el clima laboral, son asuntos que van a ocupar las agendas de los próximos años de la mano de los cambios demográficos. Su interés preventivo es más que evidente.