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¿Cuántos muertos hacen falta para reconocer el riesgo? Electroquímica andaluza: trabajadores expuestos a mercurio durante años sufren diversas enfermedades

Dom, 15/07/2001 - 12:19
RAFAEL TORRENTE

Condiciones de trabajo

 

RAFAEL TORRENTE / PACO MONTIEL

El pasado 29 de abril moría un trabajador de la empresa Electroquímica Andaluza S.A. de Úbeda (Jaén). Con él son ya 15 los fallecimientos que se han producido en los últimos seis años entre los antiguos trabajadores de esta empresa dedicada a la fabricación de lejía. La plantilla de la empresa era de 60 empleados por lo que la proporción de muertes es de un 25%. Electroquímica Andaluza estuvo en funcionamiento hasta 1992 y depende de Aragonesas Industrias y Energías S.A. y de Uralita S.A. Los trabajadores vienen manifestándose y emprendiendo todo tipo de acciones exigiendo el reconocimiento de sus dolencias como enfermedad profesional.

Los trabajadores saben ahora que han estado expuestos a vapores de mercurio, que dichos vapores son muy perjudiciales para la salud y que producen hidrargirismo, una intoxicación crónica. El mercurio se utilizaba para separar la sosa y el cloro por electrólisis. El proceso se llevaba a cabo en unas cubas sin ningún elemento de protección ni colectiva ni individual. Solamente algo de ventilación o un mínimo aislamiento y sin mascarillas adecuadas. La ropa de trabajo era lavada en el domicilio particular ya que los trabajadores no tenían información alguna sobre la toxicidad.

De los 60 trabajadores que estaban empleados en esta fábrica, además de los 15 fallecidos, unos cuarenta padecen secuelas que van desde enfermedades coronarias y pérdidas de visión hasta enfermedades renales, daños en el sistema nervioso y distintos tipos de cáncer sobre todo del sistema respiratorio. La edad actual de estos trabajadores no supera en ningún caso los sesenta años.

Los antiguos empleados han constituido una asociación desde la que están planteando demandas en los tribunales. Los Juzgados de lo Social de Jaén ya han dictado sentencia a favor de 28 trabajadores, fijando indemnizaciones que van desde los 10 hasta los 20 millones de pesetas, al considerar como hechos probados el incumplimiento por parte de la empresa de sus obligaciones en materia de prevención. La empresa recurrió ante el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, quien el mes pasado dictó sentencia dando la razón a seis trabajadores. Ahora ha anunciado un recurso ante el Tribunal Supremo.

La voz de alarma sobre el problema se dio a principios de los 80, por parte del grupo municipal del PCE y grupos ecologistas. En 1984 CCOO tuvo una reunión con la plantilla de la empresa, pero debido a que los trabajadores no eran conscientes del problema, estaban 'muy bien pagados', echaban muchas horas extras y tenían miedo al cierre de la empresa, fueron muy reacios a nuestra intervención. Ahora hay también una gran preocupación en el pueblo de Jódar (el más cercano a la empresa) por los casos de cáncer que están apareciendo y por algunos casos de malformaciones en hijos de trabajadores. En los alrededores de la fábrica se ha detectado contaminación por mercurio que al parecer ha podido llegar hasta el Guadalquivir.

Este proceso se sigue utilizando en distintas empresas ubicadas por todo el estado, por lo que hay que estar vigilantes para que dentro de varios años no tengamos que escribir otro artículo contando cosas parecidas.

 

No descubrimos nada que no supiéramos. En el año 77 antes de nuestra era Plinio ya describió las enfermedades por exposición al mercurio de los esclavos de las minas romanas de Almadén y observó cómo se ataban grandes máscaras de piel de vejiga en la cara para protegerse del polvo. También Ramazzini en el año 1700 señalaba las consecuencias fatales del contacto con el mercurio para los orfebres y los fabricantes de espejos de quienes dice que 'contemplan el reflejo de su propio sufrimiento en los espejos que fabrican'. Pero, tal vez, la imagen más popular es la transmitida por Lewis Carrol en ³Alicia en el País de las Maravillas². El famoso sombrerero loco no era sino una víctima del riesgo laboral por exposición al mercurio.

El término sombrerero loco data del siglo XIX y refleja la constatación de los efectos del envenenamiento habitual de estos artesanos que utilizaban soluciones de nitrato de mercurio para ablandar los pelos de los animales con los que se fabricaban los sombreros de fieltro.

El mercurio es un metal que se evapora a temperatura ambiente, de ahí la facilidad con la que es absorbido a través de los pulmones en cualquiera de los procesos en los que se utiliza: metalurgia, industria eléctrica y química, especialidades farmacéuticas y dentarias, etc. Sin embargo, no es desdeñable la absorción cutánea de algunos compuestos.

La intoxicación aguda produce irritación de las vías respiratorias y, a altas concentraciones, puede llegar a provocar neumonía química además de destruir el tejido renal. Los efectos crónicos son de tipo neurológico y psíquico, destacando las alteraciones del carácter y de la personalidad, de ahí la locura de nuestro sombrerero quien presentaba evidentes síntomas de intoxicación mercurial: inquietud, desconcierto, temor o pérdida de dominio de sí mismo.

Pero no sólo los trabajadores directamente expuestos son los que están en situación de riesgo. La contaminación de las aguas por mercurio puede afectar a la maternidad y la lactancia llegando a producirse malformaciones en hijos de mujeres que consumen pescado contaminado.

Tal vez deberíamos regalarle la obra de Lewis Carroll a la dirección de Electroquímica Andaluza para que se hagan eco de una realidad harto conocida. Un poco de cultura nunca viene mal. Y algo de ética, tampoco.eroja.gif (298 bytes)