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Criterios de desintegración: a propósito de un documento del INSHT

Jue, 15/04/2004 - 12:19
FERNANDO RODRIGO

Criterios para la desintegración. A propósito de un documento del INSHT

FERNANDO RODRIGO. Director de ISTAS

El Instituto de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT) acaba de hacer público el documento 'Orientación para facilitar la integración de la prevención de los riesgos laborales en el sistema general de gestión de la empresa'. Al igual que sucediera con otros anteriores, tampoco éste ha sido discutido ni contrastado con los agentes sociales. Es esta una práctica desafortunada que el INSHT ha ido consolidando con el tiempo y que, en muchas ocasiones, además de comprometer la calidad de lo producido, provoca innecesarios desencuentros con las organizaciones y entidades que nos dedicamos a la salud laboral.

Pero por más que las formas sean importantes, especialmente al tratarse de un instituto público, es en los contenidos del documento donde encontramos más problemas y desenfoques.

El documento comienza mal si de lo que se trata es de integrar criterios, ya que parte de una clasificación que busca justamente lo contrario, es decir, diferenciar, separar. Así, plantea el instituto dos tipos de actividades (y medidas) preventivas: actividades 'especializadas' y actividades 'integradas'. ¿Significa esto que hay una prevención integrada y otra que no lo es?

Para nosotros se trata de una clasificación ficticia y que induce al error o, en el mejor de los casos, a una discusión sin fin (y sin sentido) sobre cómo desmenuzar la acción preventiva y en qué tipología encasillar cada actividad.

El principio de integración preventiva significa justo lo contrario, es decir, se trata de concebir la prevención como un proceso continuo (no como actividades separadas) basado en el compromiso de la dirección de la empresa que asume, lidera, organiza, ejecuta y controla un conjunto de acciones encaminadas a la eliminación y control de los riesgos laborales, exactamente del mismo modo como asume la gestión de la producción. Un compromiso del que participan los trabajadores y sus representantes. Obviamente para ello, tanto la empresa como los trabajadores se apoyan en el asesoramiento y asistencia técnica del Servicio de Prevención cuya actividad debe incardinarse en el mismo eje de la gestión preventiva integrada y nunca al margen. Algo que no difiere demasiado de lo que una empresa hace para cumplir con los requerimientos fiscales, por ejemplo, sin que a nadie se le ocurra diferenciar entre fiscalidad integrada y fiscalidad especializada.

El segundo eje del documento es un conjunto de obviedades que no aporta nada nuevo y que sin embargo deja de lado justamente aquello sobre lo que debería haber dado orientaciones y criterios. Lo que había que explicar y clarificar es cómo se implanta el Plan de Prevención de Riesgos Laborales que, según la ley, es el instrumento básico de integración de la prevención en la gestión de las empresas. El INSHT hubiera hecho mejor en ofrecer orientaciones sobre cómo elaborar el diagnóstico inicial (del que ya hablaba un documento anterior de la Dirección General de la Inspección de Trabajo), o cómo hacer para implicar a toda la empresa en la definición de la política preventiva o para asignar funciones y responsabilidades a la cadena de mandos, o cómo implantar procedimientos para implicar a la organización en la planificación preventiva o, en fin, sobre diseño de sistemas de información y participación de los trabajadores. Para esto es para lo que se necesitan criterios técnicos de una autoridad como la del INSHT.

Desgraciadamente se ha perdido una oportunidad para orientar a las empresas y a los servicios de prevención sobre cómo hacer lo que hay que hacer y hacerlo bien. El Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo no ha estado a la altura.