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Contraportada

Dom, 15/01/2012 - 12:19

De violencias y relatos

La historia no es la acción, sino el relato. Quienes cuentan en la historia son, al fin y al cabo, los que la cuentan. El relato de lo sucedido, de sus causas, de sus consecuencias, es lo que configura la memoria del pasado y lo que apuntala la acción de futuro.

El relato es clave. Ahora, cuando felizmente se ha finiquitado la violencia terrorista, salta a primer plano la cuestión de cómo quedará todo este proceso en el imaginario colectivo. De si pasará ala historia como el precio inevitable de un conflicto o como el sinsentido de una opción injustificable. Coleo aún el debate sobre la violencia franquista, más lejana en el tiempo pero con relatos sin cerrar como muestra la reciente polémica sobre el futuro del Valle de los Caídos.

Hay violencias, sin embargo, de interpretación unánime. Nadie duda en repudiarlas, en condenar sus causas y sus causantes, en ponerse del lado de quienes las sufren. Lo hemos visto en los actos del día contra la violencia de género, o contra los accidentes de tráfico, en los que han coincidido personas de distintas ideologías e instituciones de muy diverso signo. Este es un punto de apoyo imprescindible para avanzar en la erradicación social de la violencia.

La crisis-maldita crisis- parece haber resquebrajado una unanimidad que creíamos sólida contra la violencia laboral representada por los accidentes de trabajo. El déficit parece haberse llevado por delante la conciencia. El paro, la solidaridad.

El canal de TV de CCOO de Madrid acaba de ofrecer un alarmante reportaje de denuncia de esta situación

El 15 de noviembre Juan, un trabajador de 52 años, moría en una obra en Coslada al caer sobre el andamio en el que trabajaba un rollo de tela asfáltica que estaba siendo izado por una grúa en un palé sin sujeción. Con él son ya 19 los trabajadores muertos en el sector de la construcción de Madrid en lo que va de año. Una reportera del canal MS (Madrid Sindical) acompañada de Víctor García, responsable sindical de salud laboral, visitaba la obra al día siguiente para ofrecernos un lacerante panorama de normalidad. La gente seguía trabajando como si nad ahubiera ocurrido, rehuyendo hablar de un tema que les incomoda, como mucho algún 'son cosas que pasan'. No le resulta difícil al cámara localizar la imagen de otro palé sobre el que se amontonan rollos de tela asfáltica sin atar. De escándalo.

Mucho cuidado. como consigan normalizar la violencia en el trabajo, estamos perdidos.