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Trabajo y democracia

Lun, 15/04/2013 - 12:20
Contra

Llevamos tiempo sufriendo reformas laborales. Nada más y nada menos que 52 reformas laborales se contabilizan desde el nacimiento del Estatuto de los Trabajadores. Una norma que, por cierto, fue considerada un elemento básico en la construcción de nuestra democracia. Tal y como decía uno de los titulares periodísticos en aquellos días, 'con el Estatuto de los Trabajadores, la democracia entra en las relaciones laborales'. La realidad nos ha demostrado que democracia y relaciones laborales no son términos fácilmente compatibles en entornos como el nuestro donde, todavía, se aplauden los comportamientos autoritarios y paternalistas, donde el beneficio individual sigue anteponiéndose al beneficio social.

 

 

 

 

 

La práctica de los valores democráticos en las relaciones laborales es una condición necesaria para el desarrollo personal, profesional y social. El derecho a la información y, sobre todo, a la participación de los trabajadores y trabajadoras en la toma de decisiones empresariales es un elemento democrático básico que incide de forma directa en la salud y la mejora de las condiciones de vida y de trabajo de la población. Este aspecto no se ha tenido nada en cuenta en las sucesivas reformas laborales, más pendientes de dotar al empresario de capacidad de respuesta para el ajuste laboral rápido y barato que de propiciar una actividad económica socialmente sostenible.

Estas reformas han tenido como objetivo el desmantelamiento del derecho del trabajo y, consecuentemente, el debilitamiento de la capacidad de respuesta de los trabajadores y trabajadoras al poder empresarial. juristas como Antonio Baylos, tras la última reforma laboral, resaltan que 'la norma quiere a un empresario como autoridad incontestable en el ámbito del trabajo, sustituyendo la contratación en torno a sus decisiones por la unilateralidad'. Y ya sabéis que cuando el autoritarismo y la arbitrariedad entran por la puerta, la democracia sale por la ventana.

Más autoritarismo y arbitrariedad por parte empresarial supone siempre un deterioro de la salud de los trabajadores, con efectos especialmente dañinos en un marco institucional con escasos recursos y poco desarrollado y en un mercado de trabajo donde la precariedad es la protagonista. La reducción de salarios, los alargamientos de jornada, el aumento de los ritmos de trabajo, la dificultad para ejercer los derechos básicos, etc., son consecuencia de esta regresión social y laboral que estamos viviendo.

'En España, en general, no se paga el trabajo sino la sumisión. Yo quisiera vivir del trabajo , no del favor', afirma Pío Baroja en El árbol de la ciencia, novela publicada en 1911. Resulta descorazonador comprobar la actual vigencia de sus palabras. Como la certera mirada de Baroja, también los discursos que en aquella época animaban a la clase trabajadora a liderar la insumisión del trabajo al capital están más presentes que nunca.