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Rescates y hundimientos

Dom, 15/07/2012 - 12:19
Contra

El relato es lo importante, o así al menos lo dicen los teóricos de la comunicación. Y deben de tener razón cuando asistimos estupefactos al intento de hacernos comprender lo bueno que es para todos que desde Europa hayan rescatado con 100.000 millones de euros (cifra difícil de entender en toda su dimensión) a nuestro sistema financiero. Vamos, que les hemos hecho un favor a los europeos aceptando su dinero. Tiene mérito.

Volvamos al relato. Culpables somos todos. Los ciudadanos hemos sido culpables de la crisis por vivir por encima de nuestras posibilidades y pedir créditos para comprar nuestra vivienda. Los trabajadores somos poco productivos y poco flexibles (algunos menos que otros, yo reconozco que me toco la punta de los pies sin crujirme). Queremos cobrar indemnizaciones cuando se nos despide y el subsidio de desempleo (por el que hemos cotizado) para no tener que dedicarnos al robo o al limosneo y, si tenemos empleo, nos gusta que nos paguen el salario a final de mes. Si nos ponemos enfermos, esperamos a poder recuperarnos en condiciones y, mientras tanto, recibir la prestación económica por incapacidad temporal. Y claro, en el colmo de la desfachatez, preferimos tener un contrato fijo a una temporal. Algunos incluso se atreven a ser funcionarios públicos, ¡qué desfachatez! Culpables, sí, por ser trabajadores y por querer vivir decentemente.

Pero no sólo los trabajadores y trabajadoras. El relato no acaba aquí. Son los mayores que no hacen nada más que acudir al médico y consumir medicamentos. Pero qué ruina…Que paguen o que paguen. Y los estudiantes, más mérito y menos rédito. Subimos las tasas para que estudien más y quitamos las becas para que suden también más. Y los científicos, pero cómo se les ocurre querer vivir del cuento. Que hagan más con menos y si no que se vayan a Alemania. ¡Que inventen ellos!

Nosotros a lo nuestro. Purga, austeridad, ajuste, adelgazamiento, consolidación fiscal, eficiencia…prosigue el relato, hay que pagar los excesos cometidos por todos en estos años. Y el giro del relato da el saltito necesario. Pero los bancos son sistémicos, necesarios, imprescindibles, son de todos y hay que salvarlos sí o sí. No importa lo que cueste. Y si no lo tenemos, se lo pedimos a Europa y ya se lo devolveremos con lo que ahorremos en medicinas, indemnizaciones por despidos, salarios de funcionarios, sanitarios y profesores, de personas dependientes sin atender o de investigadores sin contratar. Y si no basta, aún nos quedan los parados que espabilen y busquen empleo de verdad, que son muy acomodaticios y vagos. No hay más que ir a una oficina del INEM y ver la felicidad que rezuman y la juerga que se corre la gente que acude a ellas.

El rescate para los que se lo merecen, nuestros bancos, las personas que se hundan o que espabilen. Sin rechistar, sin investigar, sin juzgar, sin calificar, sin preguntar, sin explicar, sin exigir responsabilidades, sin que devuelvan lo que se han llevado. Porque su rescate es bueno para todos, una señal de que las cosas van bien y un éxito del Gobierno.