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A más sindicatos, menos desigualdad

Mié, 15/04/2015 - 12:19
Contra

Un estudio realizado por el profesor de Historia Colin Gordon (Universidad de Iowa) muestra cómo existe una clara relación entre el declive, deterioro, de las tasas de afiliación a los sindicatos y el aumento de las desigualdades en el reparto de la riqueza y, concretamente, el aumento del porcentaje de renta que absorbe el 10% de la población más rica. La relación inversa entre la menor afiliación y la mayor desigualdad en el reparto de la riqueza es consecuencia de la menor protección de los trabajadores con menores salarios, de los menores gastos en políticas sociales, o de políticas fiscales más regresivas. Curioso, pero cierto, la fortaleza sindical evita este aumento de las desigualdades y la pobreza. Una razón importante para entender la aversión a los sindicatos de las clases altas, del poder económico.

La línea argumental de esta relación entre igualdad y sindicación es sencilla. Los sindicatos mantienen una política de mejora de los salarios frente a los beneficios, sobre todo de los salarios más bajos, lo que en sí mismo supone un reparto más justo de la riqueza en las empresas. Esta mejora de los salarios obliga y dinamiza a que los empresarios mantengan una política agresiva de inversiones y capitalización de los puestos de trabajo, mejorando la productividad del trabajo para mantener el beneficio empresarial. Además, los sindicatos también actúan para mejorar el salario diferido (prestaciones futuras) y el salario indirecto (gasto social), a la vez que fortalecen la progresividad de las políticas fiscales (que paguen más los que más tienen) para financiar el gasto social. Esta es básicamente la labor sindical que, como muestran los datos, fue especialmente fructífera en el período comprendido entre la Segunda Guerra Mundial y la ruptura conservadora, con la irrupción en los gobiernos occidentales, tanto conservadores como socialdemócratas, de las políticas económicas de corte neoliberal a partir de la década de los setenta.

Uno de esos frentes donde actúan los sindicatos es precisamente la protección de la salud, tanto en el centro de trabajo como fuera de él, mejorando los mecanismos de prevención ante el riesgo y los niveles de protección de las personas trabajadoras. También en este caso se produce una relación inversa entre disminución de las tasas de afiliación y niveles de protección de la salud de los trabajadores y las trabajadoras. Niveles de deterioro que se plasman en el crecimiento de los índices de accidentes de trabajo y la mayor morbilidad por enfermedades laborales. La guerra contra los sindicatos que mantiene la derecha y, por desgracia, una parte de la socialdemocracia –al menos en España– desde los años setenta, tiene una víctima: los trabajadores y las trabajadoras, que se ven abocados a menores salarios y peores condiciones de trabajo (jornada, contrato, ritmo de trabajo, gasto en prevención…). Y también un gran beneficiario del declive sindical: los más ricos, que con ello aumentan más si cabe su riqueza.