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Jefes

Dom, 15/01/2006 - 12:19
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Contra

Jefes

Mal educado, vanidoso, prepotente, incapaz de reconocer sus errores y con afán de protagonismo. He aquí el retrato robot del jefe español según una encuesta realizada en 2003 por una consultora especializada (Otto Walter) entre 750 profesionales cualificados de nuestro país.

La falta de respeto era el comportamiento negativo más denunciado: un 49,33% de los encuestados (53,8% entre las encuestadas). También abundaban quienes criticaban la falta de atención hacia los subordinados o, sencillamente, la incompetencia directiva.

La cosa podría no ir más allá de una mera curiosidad descriptiva, de las muchas que promueven el consabido comentario 'Spain is different', de no ser porque en octubre pasado la revista oficial de la American Medical Association (Archives of Internal Medicine) publicaba un estudio cuya principal conclusión es que la percepción de que uno recibe un trato justo en su trabajo se relaciona con un menor riesgo de enfermedad coronaria.

Como ha dicho su autor, el Prof. Mika Kivimäki, del Instituto Finlandés de Salud Laboral: 'este es el primer estudio que demuestra que la justicia en el trabajo protege contra la enfermedad coronaria'.

Y ¿cuál es el principal componente de esta sensación de justicia en el trabajo según el mismo estudio? Pues, ni más ni menos que la convicción de que los jefes tienen en cuenta tus opiniones, que te involucran en sus decisiones y que te tratan con franqueza. Cara y cruz, vaya, con la foto del principio.

Estudios anteriores ya habían puesto en evidencia que los días en que uno trabaja con un buen jefe le disminuye la presión arterial. O sea, trabajar con un jefe justo y ecuánime protege el corazón, por cuanto implica un menor nivel de estrés crónico.

Visto lo visto, ¿por qué no solicitar que en las evaluaciones de riesgos se identifiquen y valoren los peligros que representan los jefes para sus trabajadores? Ya imaginamos que en este caso, eliminar el riesgo en origen -tal como propugna la ley de prevención- sería complicado, pero al menos se podría proponer una señalización de seguridad en la puerta del despacho: ¡Peligro, jefe!