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Insaciables

Lun, 15/10/2012 - 12:20
Contra

En El Salvador hay un lugar llamado el Sitio del Niño, eufemístico nombre que designa un territorio de unos pocos kilómetros cuadrados gravemente contaminado por plomo. La historia es, desgraciadamente, conocida y repetida. La fábrica de Baterías de El Salvador comenzó a operar en esa zona y vertió durante años todo tipo de residuos tóxicos, vulnerando las leyes e ignorando de manera criminal que en su entorno vivían centenares de familias y hasta existía un colegio. Cuando la situación se hizo insostenible, abandonó la zona y las instalaciones. Dejó atrás, de momento, a 247 niños y niñas gravemente intoxicados por plomo, un territorio envenenado y sin vida y centenares de familias pobres tuvieron que ser reubicadas y sus necesidades más básicas atendidas desde el Estado.

Los propietarios de esa fábrica asesina y de la mayoría de las grandes empresas son oligarcas de toda la vida, cuyo afán depredador es insaciable. Cuya única ambición consiste en explotar al máximo los recursos humanos y naturales sin reparar en los daños que su avaricia genera. El último de los comportamientos ejemplares de esas oligarquías insaciables es practicar el despido masivo de aquellos que pretenden constituir un sindicato. Hasta tal punto que el sindicalismo ha dejado de existir en las empresas privadas y se mantiene únicamente, mal que bien, en el sector público y en las administraciones.

Son personas aparentemente respetables y educadas en universidades gringas, personas de bien, ejemplos para la nación. Son voceros de recomendaciones que se suelen convertir en políticas públicas, sobre la imposibilidad de subir el salario mínimo o aplicar la recientemente aprobada Ley de Prevención de Riesgos Laborales. Lo hacen bajo la amenaza de abandonar el país e instalarse en otros lugares donde campen a sus anchas sin leyes ni impuestos que soportar. Hay otros países como, por ejemplo, Honduras o Guatemala, donde no se andan con tantas lindezas ni contemplaciones. Directamente se mata a los sindicalistas y a sus abogados. Tal y como ha sucedido con los últimos dos abogados asesinados en Honduras el 22 de septiembre pasado.

Hasta ahora, estas cosas nos parecían historias lejanas, cosas lamentables que merecían nuestra solidaridad, pero imposibles de que sucedieran en la civilizada y democrática Europa. Ahora vemos que desgraciadamente El Salvador ya no está tan lejos de Grecia, Portugal o España. Empiezan a haber centroaméricas en Europa, donde los derechos sociales o se eliminan o se incumplen bajo el chantaje y la amenaza del paro y la pobreza, y donde la respuesta política a la protesta de la gente es la criminalización de los manifestantes y la represión policial.

En las centroaméricas de Europa vemos ya el mismo atrevimiento entre los empresarios de pro que exigen la revocación de todo tipo de leyes y la concesión de todo tipo de ventajas fiscales para invertir en nuestro país, bajo amenaza de irse a otros territorios más favorables y menos 'tiquis-miquis'. O ¿a qué les suena el poryecto de Eurovegas de Madrid, sino a lo que se venía en denominar una 'república bananera'?