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Historia de la infamia

Dom, 15/07/2007 - 12:19
PEX
Contra

La cosa del "escaqueo" moral comenzó con Caín y parecía querer terminar con Farruquito. Ya saben, el asesino de la quijada, al ser preguntado por el paradero de su hermano Abel, sólo acertó a farfullar aquello de "y yo que sé ¿acaso soy el guardián de mi hermano?". El otro, el bailaor, que andaba saltándose semáforos a 80 por hora con su flamante BMW, puso pies en polvorosa tras atropellar mortalmente a un peatón en un paso de cebra y se enrocó ante la policía en "yo no sé nada, habrá sido mi hermano pequeño".

Suponiendo que la ciencia y la biblia coincidan en sus cálculos, entre estas dos historias han pasado casi dos millones de años y, en medio, infinitud de ejemplos de la vileza con la que los humanos sinvergüenzas han tratado de sacudirse sus muertos.

La cosa parece no tener fin. Tomás Amutio Olave, empresario riojano, ha venido a sumarse recientemente al club de la infamia. Uno de sus hijos, Javier Amutio, encontró una tarde de agosto de 2003 un cadáver en el almacén de la antigua empresa familiar de embutidos. El muerto no le era desconocido, se trataba de Juan Carlos Vallejo, un joven ecuatoriano de 20 años a quien tenían trabajando sin contrato. Lo ocurrido era más que evidente: un accidente mortal por atrapamiento en un viejo montacargas mientras la víctima trabajaba sola en el almacén. Rápidamente el empresario despoja al cadáver del mono azul, le quita las botas, esconde la mochila del joven y va a la Guardia Civil con el cuento de que seguramente se trataba de un ladrón. Y, por supuesto, de nuevo el consabido 'no lo conozco de nada'.

No es cierto que la historia se repita sin más. Existe el progreso, señores, y la moderna bellaquería se caracteriza porque quienes la ejercen son -paradojas de la vida- 'personas respetables' con mucho poder, a los que cada vez es más difícil poner en la picota. A Caín, un vulgar pastor al fin y al cabo, se le maldijo y condenó ipso facto sin más miramientos. Farruquito, fama y dinero mediante, a punto estuvo de librarse del trullo y finalmente no parece que salió tan mal parado. Los Amutio han ido más allá en su mezquindad. Tras ser condenados a 3 años de prisión, andan promoviendo con toda desfachatez una campaña para solicitar el indulto, una petición a la que se ha sumado el mismísimo Presidente de la Riola, Pedro Sanz Alonso, quien alega que los acusados son un 'ejemplo de ciudadanos cívicos, integrados y responsables'.

Y luego dirán que no hace falta la asignatura de educación para la ciudadanía.