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Asesinos y asesinatos

Sáb, 15/10/2005 - 12:20
PEX
Contra

Charles Manson, 70 años y una larga historia de robos y violaciones desde su juventud, cumple actualmente cadena perpetua en una prisión de California acusado de ser el artífice de la masacre en la que fue asesinada y descuartizada la actriz Sharon Tate, embarazada de ocho meses, junto a otras cinco personas.

Con la falta de complejos que la caracteriza, la Dirección General de Tráfico ha usado este verano ni más ni menos que la imagen del asesino Charles Manson a modo de zurriagazo publicitario en la campaña contra los accidentes de tráfico. 'A partir de 140 Km/h tienes el mismo respeto por la vida que él', advertía el anuncio con toda crudeza.

Ante este descaro institucional, uno se siente legitimado para el desahogo y se lanza a desempolvar viejos razonamientos:

'Si un individuo produce a otro un daño físico tal que el golpe le causa la muerte, llamamos a eso homicidio; si el autor supiera de antemano que el daño va a ser mortal, llamaremos a su acción asesinato premeditado. Pero si la sociedad reduce a centenares de proletarios a un estado tal que, necesariamente, caen víctimas de una muerte prematura y antinatural, de una muerte tan violenta como la muerte por medio de la espada o maza; si impide a millares de individuos las condiciones necesarias para la vida, si los coloca en un estado en que no pueden vivir, si los constriñe con el fuerte brazo de la ley a permanecer en tal estado hasta la muerte, muerte que debe ser consecuencia de ese estado; si esa sociedad sabe, y lo sabe muy bien, que esos millares de individuos deben caer víctimas de tales condiciones y, sin embargo, deja que perdura tal estado de las cosas, ello constituye justamente un asesinato premeditado, como la acción del individuo, solamente que un asesinato más oculto, más pérfico, un asesinato contra el cual nadie puede defenderse, que no lo parece, porque no se ve el autor, porque es la obra de todos y de ninguno, porque la muerte de la víctima parece natural y porque no es tanto un pecado de acción como un pecado de omisión. Pero ello no deja de ser un asesinato premeditado'.

Duras palabras, que escribía en 1845 Friedrich Engels en su libro 'La situación de la clase obrera en Inglaterra'. Lo peor es que después de más de 150 años aún resulta difícil (des)calificar completamente como agua pasada esta línea argumental.