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23 muertos por cada gol

Dom, 15/01/2017 - 12:19
Contra

Los diez jugadores de fútbol mejor pagados cobran alrededor de 250 millones de euros al año, pero no son los únicos con buenos emolumentos. Alrededor del llamado deporte-rey se mueve mucho dinero que atrae los capitales de todo el mundo, de grandes fortunas, grandes empresas, importantes marcas y que buscan, cómo no, beneficio. El deporte es simplemente una excusa. Naturalmente, este dinero no se reparte uniformemente entre todos aquellos que hacen posible el espectáculo, acabando, además de en los bolsillos de las grandes estrellas, en los de los agentes futbolísticos, directivos de clubes y federaciones, nacionales e internacionales, etc.

Y, como sabemos, cuando la maquinaria del beneficio económico se pone en marcha, todo lo demás deja de tener importancia: si pagan o no a la Hacienda Pública sus obligaciones, si los directivos son verdaderos delincuentes, si se convierte en el escenario donde campan a sus anchas los grupos violentos de ideologías xenófobas, homófobas, fascistas…, o incluso si sirve para legitimar sistemas políticos que atentan contra los derechos humanos básicos.

El mundial de 1978 en Argentina fue criticado por avalar una de las dictaduras, la del general Videla, más sangrientas del pasado siglo. A la Federación Internacional del Fútbol Asociación (FIFA) le dio exactamente igual. De todos es sabido que los próximos mundiales se realizarán en Rusia (2018) y Catar (2022). La elección de Catar ha estado rodeada de muchos interrogantes. El primer debate versó sobre la conveniencia o no de realizar un mundial en un país con tan altas temperaturas que ponía en peligro el espectáculo deportivo. Rápidamente se buscó una salida, y por el bien del balompié se cambió, por primera vez en su historia, la fecha del mundial para los meses de noviembre y diciembre de ese año. Antes, las autoridades cataríes aseguraban, para tranquilidad de los entrenadores y jugadores, la posibilidad de instalar aire acondicionado en los estadios para que las estrellas pudiesen brillar con naturalidad. Será por dinero.

No parece que a la FIFA le preocupara nada que el emirato catarí sea una monarquía absoluta (sí, oyeron bien, hablamos del siglo XXI), y que los derechos democráticos son, sencillamente, inexistentes. Tampoco le importó, y le importa, que millones de trabajadores que en estos momentos están construyendo las infraestructuras para albergar semejante evento padezcan condiciones de trabajo de semiesclavitud. Un informe de Amnistía Internacional, reportajes de la BBC o una reciente denuncia de la Confederación Holandesa de Sindicatos (FNV) a la propia FIFA ponen de manifiesto condiciones de trabajo realmente deplorables, inhumanas. Millones de trabajadores migrantes procedentes de Nepal, India o Bangladesh se ven condenados por deudas, bajísimos salarios, pésimas condiciones de trabajo (ellos sí deben trabajar a altísimas temperaturas), viviendo hacinados, en condiciones miserables, a los que, además, su patrón les retira el pasaporte para que no puedan salir del país (por normativa laboral). Un informe de la Confederación Sindical Internacional estima en 4.000 los trabajadores que morirán por accidente de trabajo en este gran espectáculo futbolístico. 23 muertos por cada gol.