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Salud laboral en la educación infantil. Una mirada con enfoque de género

Vie, 15/01/2016 - 12:20
JULIO SERRANO GRACIA
PILAR ORTIZ BARRAGÁN* Y MONTSE LÓPEZ BERMÚDEZ
Condiciones de trabajo

El cuidado y educación que reciben nuestros hijos e hijas, sobre todo en edades tempranas, es un tema que nos preocupa a las madres y a los padres en general; pero, ¿conocemos y nos interesan las condiciones de trabajo de los profesionales que desarrollan estas tareas?

Alarmada por la carencia de estudios que evidencien las condiciones de trabajo en el sector de asistencia y educación infantil, la Federación de Enseñanza de CCOO en colaboración con ISTAS-CCOO ha desarrollado, durante el año 2015, un “Estudio diagnóstico preventivo sobre los principales riesgos laborales en centros de asistencia y educación infantil y situación específica de la mujer. Riesgos ergonómicos y foniátricos“, con la financiación de la Fundación para la Prevención de Riesgos Laborales (FPRL, Acción AS-0145/2014).

La población objeto de este estudio se ha centrado en el personal de aula (maestro y educador infantil) y el personal de apoyo (titulado superior, medio y auxiliar). Estas trabajadoras y trabajadores desarrollan su actividad en los distintos tipos de centro que van desde las guarderías infantiles y jardines de infancia hasta los colegios privados o concertados, escuelas infantiles privadas, conveniadas o concertadas y, por último, las escuelas infantiles públicas de gestión indirecta. De este estudio diagnóstico se desprenden conclusiones importantes que se han recogido en una guía editada en papel y también disponible en formato pdf.

Características del sector y condiciones de trabajo

Se trata de un sector altamente feminizado (el 96% del colectivo estudiado son mujeres), precarizado y poco valorado, con salarios inferiores a los de otros profesores y donde la precariedad en las condiciones de trabajo se centra en la sobrecualificación de las trabajadoras del sector, ocupando estas puestos de trabajo y salarios de categorías inferiores a las que disponen, así como las dificultades para la promoción en un sector donde el número de maestros y puestos directivos son muy pocos, y en muchos casos ocupados por los propietarios del centro. Esta precariedad es desigual según los tipos de centros. Existen diferencias significativas en cuanto a los puestos de trabajo o tipos de contratos laborales en función del tipo de centro y en concreto del ciclo, es decir, del tramo de edad de los niños y niñas; primer ciclo (de 0 a 3 años de edad) o segundo ciclo (de 3 a 6 años de edad).

Uno de los factores de riesgo destacados se trata de la falta de personal, que implica unos ritmos de trabajo elevados, demasiados niños/niñas a cargo, necesidad de realizar varias tareas al mismo tiempo, no poder prestar atención a todos los niños/niñas adecuadamente, etc., con las consiguientes situaciones de estrés y tensión.

Riesgos generales

La exposición mayoritaria que refieren se centra en el riesgo de contraer infecciones o enfermedades contagiosas. En cuanto al resto de situaciones de riesgo nos hablan de una organización deficiente e inadecuada, ya que deben trabajar con una excesiva presión, con recursos insuficientes para el desarrollo del trabajo, escaso apoyo de la dirección del centro o del personal superior jerárquico, insuficiente trabajo en equipo o en colaboración e insatisfactoria organización de horarios o turnos de trabajo. Al tiempo, las expectativas de promocionar y los salarios son muy bajos.

Como explicaba una trabajadora, “estamos expuestas sin respaldo de ningún tipo (gastroenteritis, conjuntivitis…), y estamos expuestas a riesgos biológicos sin el material necesario (guantes, jabones, ropa…)”. Referían también el desgaste: “Físico y psicológico, al haber muchos niños por nivel y pocas ayudas”. Y los riesgos psicosociales. Por ejemplo, una trabajadora señala que, “sobre todo, no me siento valorada para nada en mi trabajo, al contrario, mi situación en la empresa ha ido a peor. El salario es muy pobre para todo lo que se trabaja”.

Exposición a factores de riesgo ergonómico

Las trabajadoras manifiestan agacharse de forma repetida, levantar y transportar cargas sin ayuda de otra persona y adoptar posturas forzadas de cuello, así como pasar gran parte de la jornada de rodillas o en cuclillas. A lo que añaden el diseño inadecuado de espacios, mobiliario, equipos y herramientas, y el hecho de tener que trabajar en un espacio reducido. “El problema en preescolar sí que puede ser la voz, pero muy, que muy importante son los problemas de espalda, ¿cuándo los van a tener en cuenta?”, se pregunta una de las trabajadoras del estudio.

Detectan un déficit importante de prevención del riesgo: “Las contracturas, tendinitis, hernias de disco y dolor de espalda son normales en nuestra profesión, sin embargo no se trabaja a fondo en la prevención de riesgos como enfermedades profesionales”, explica una trabajadora. Al final las carencias de infraestructuras y de personal las compensan las trabajadoras exponiendo su salud: “Los cambiadores están apartados del aula por sanidad, con lo que para poder ver a todos los niños hay que tomar posturas forzadas e inadecuadas”, señala una de las participantes en el estudio.

Exposición a riesgo foniátrico

La voz es el instrumento de trabajo del sector de asistencia y educación infantil. Las trabajadoras y los trabajadores del sector manifiestan forzar la voz para atraer la atención de los niños y niñas y pedir silencio o disciplina, fundamentalmente, e indican padecer síntomas como ronquera, sequedad, picor, dolor, tos o afonías. Sin embargo, los agentes implicados en el sector, incluyendo a trabajadoras y trabajadores, no son conscientes de la importancia de la prevención de las patologías de la voz, para lo que es imprescindible la formación para la prevención del daño; los llamados cursos de “didáctica de la fonación”, que incluyen técnicas fono- respiratorias. En este sentido, el 82,1% de las personas encuestadas señala que no ha recibido formación para el uso de la voz.

Situación específica de la mujer

Estas profesionales sienten que su trabajo está poco reconocido socialmente, al fin y al cabo están cuidando de niños y niñas como lo han hecho siempre las mujeres. Además, son los hombres los que suelen ocupar los puestos de responsabilidad: “En nuestros centros, de los cinco hombres, tres son directores”, señala una de las participantes. Ante situaciones de embarazo y lactancia directamente lo habitual en el sector es facilitar la baja por riesgo a las 21 semanas, sin tener en cuenta el riesgo para las primeras semanas de embarazo y sin valorar la posibilidad de adaptar el puesto de trabajo.

Al tratarse de un sector feminizado, la doble presencia es un factor de riesgo evidente. Definimos como doble presencia: la situación provocada cuando sobre la misma persona recae la necesidad de responder a las demandas del trabajo doméstico-familiar y las demandas del trabajo asalariado. Una de las realidades que explican la doble presencia es sin duda el hecho de que las mujeres organizamos y realizamos gran parte del trabajo doméstico familiar.

En el caso de optar a la reducción de jornada, para hacer frente a esta doble presencia, la trabajadora suele verse criminalizada. Habitualmente es castigada tanto por el personal directivo, por ejemplo, quitando a la profesora la titularidad del aula, como por las propias trabajadoras, que en muchas ocasiones tienen que cubrir el puesto de la persona que solicita la reducción.

“Yo he oído a trabajadoras que sus hijos ya son grandes cuando alguna compañera coge reducción de jornada, dicen: pero ¿es que tú lo ves normal? ¿Es que no le preocupan los niños?”, señala una de las participantes en el estudio. A lo que otra trabajadora añade el siguiente relato: “Una compañera se estaba cuestionando la reducción de jornada porque la empresa le dice: ahora tenemos que contratar gente nueva, los niños tienen que adaptarse…, y les dicen eso y las trabajadoras se lo creen y todo…, y criminalizan a las compañeras que se cogen reducciones de jornada…, y si no van al claustro, porque es fuera de su reducción de jornada para cuidar a sus hijos, es peor…”.

El futuro preventivo en el sector necesita la implantación de actuaciones concretas. Se debe comenzar por evaluar y prevenir los principales riesgos, incluidos los foniátricos, ergonómicos y psicosociales, teniendo en cuenta la perspectiva de género y realizar una vigilancia de la salud completa y específica para detectar los daños de forma temprana. Las medidas a implantar deberán tener en cuenta los siguientes objetivos:

 

  1. Afianzar la importancia de la educación infantil en el sistema educativo incorporando el primer ciclo 0-3 como período educativo, lo que a su vez contribuiría a contrarrestar la precariedad laboral con respecto al segundo ciclo. La escolarización temprana es un instrumento determinante para favorecer la igualdad de oportunidades.
  2. Reclamar una valoración apropiada del trabajo desarrollado en este sector.
  3. Llevar a cabo evaluaciones de riesgos laborales con perspectiva de género que incluyan la valoración de los principales riesgos laborales en el sector (riesgo biológico, psicosocial, ergonómico y foniátrico), además la interrelación entre todos ellos.
  4. Potenciar la participación y organización desde la cultura preventiva.
  5. Potenciar la estabilidad laboral.
  6. Desarrollar planes de formación específica sobre la didáctica de la fonación para la prevención del daño y las medidas de higiene que deben adoptar para utilizar su aparato fonador.
  7. Realizar mejoras en las instalaciones de las aulas que se adapten a los requerimientos del desarrollo del trabajo.

*Julio Serrano Gracia es secretario de Acción Sindical, Universidades e Investigación y Salud Laboral de la FECCOO, y Pilar Ortiz Barragán es técnico superior PRL de la Secretaría de Acción Sindical, Universidades e Investigación Laboral de la FECCCO.