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Más muertes en espacios confinados

Una situación perfectamente prevenible en la que nadie debería morir. In memoriam Ramón Tovar
Vie, 15/07/2005 - 12:19
ALFONSO CALERA
Condiciones de trabajo

Navantia Ferrol, la nueva empresa española de construcción naval militar, fruto de la segregación de actividades de Izar, estrenó su andadura con un accidente múltiple a dos meses de su constitución. Cuatro trabajadores, tres hombres y una mujer, fallecían asfixiados el pasado 11 de mayo en un tanque de la fragata que la compañía pública estaba construyendo para la Armada noruega. Un accidente típico de ambientes confinados que, una vez más, ha acarreado varias muertes en cadena, a pesar de que se conoce perfectamente cómo evitarlos y de que las medidas de prevención se han difundido a los cuatro vientos por activa y por pasiva.

Ana Paz Vilariño, de 29 años, estaba limpiando un tanque de proa de la fragata F-311 Road Amundsen a primera hora de la mañana, cuando pareció sentirse mareada y se desplomó de repente. Una compañera que le ayudaba en las tareas de limpieza desde fuera del tanque avisó, alarmada, a dos trabajadores que se encontraban cerca. Éstos, sin pensarlo dos veces, penetraron en el tanque con la intención de socorrer a la trabajadora y fallecieron instantáneamente. Presa de un ataque de nervios, la compañera siguió avisando a otras personas, con lo que acudió un cuarto trabajador que se introdujo en el tanque y siguió la misma suerte que los anteriores. Nadie más entró en el tanque hasta que llegaron los equipos de socorro.

La primera trabajadora fallecida y los dos que acudieron inmediatamente, Eduardo González Val, de 30 años, y Juan Carlos del Real, de 48, pertenecían a una subcontrata de limpieza, Maifer. El cuarto -José Luis Veiga, de 26 años- era soldador de la empresa“Tecnimo”, otra subcontrata.

Un espacio confinado siempre es un peligro

Todo apunta a que en este caso la causa fue un fallo del sistema de refrigeración de los tanques. En otros, son emanaciones de gases tóxicos como en algunos accidentes ocurridos en alcantarillas o en las cubas de pasta de papel. Pero siempre un espacio confinado es potencialmente un riesgo grave e inminente, y así debe ser considerado. Una semana más tarde del accidente de Ferrol, el 19 de mayo, cuatro trabajadores resultaron intoxicados cuando realizaban labores de limpieza en una columna de producción de la empresa Bayer Polímeros en el polo químico de Tarragona, todos ellos pertenecían a una empresa subcontratada, Befesa.

Los espacios confinados se encuentran en todas las industrias y en un gran número de explotaciones. El término espacio confinado se ha utilizado tradicionalmente para designar depósitos, pozos, vertederos, tolvas, pero cualquier estructura con aberturas limitadas para entrar o salir y ventilación natural desfavorable es un espacio confinado, en el que pueden acumularse contaminantes tóxicos, inflamables o explosivos, o tener una atmósfera pobre en oxígeno.

Los espacios confinados son mucho más peligrosos que los espacios abiertos, tanto para la persona que realiza el trabajo como para las personas que, en caso de accidente, acuden en su auxilio.

Muchas de de las tareas que se realizan en espacios confinados están relacionadas con la limpieza, el mantenimiento, la inspección o la reparación, es decir, suelen ser trabajos especiales de corta duración, que generalmente se subcontratan. La subcontratación y la precariedad comportan a veces una deficiente comunicación sobre el estado de la instalación y la seguridad en las operaciones que han de realizarse, y favorecen el desconocimiento y la falta de control sobre los riesgos.

Evaluar antes de entrar y, una vez dentro, garantizar el rescate

Antes de entrar en un espacio confinado deben evaluarse siempre los riesgos de explosividad, el contenido de oxígeno y la posible toxicidad de la atmósfera interior. En otros tiempos los mineros llevaban con ellos un canario como señal de aviso, si el animalillo moría o presentaba algún síntoma, se evacuaba el lugar rápidamente. Aquellos trabajadores ya sabían, seguramente por experiencias dramáticas, de lo peligroso del trabajo en espacios confinados y de la importancia de evaluar el riesgo. Actualmente, teniendo a mano las tecnologías de evaluación de que disponemos, es una regresión incalificable que sean los trabajadores los que hagan las veces del canario de otros tiempos.

Hay que ser tajante en esto y, con la ley en la mano, negarse a trabajar en un espacio confinado si no se ha hecho una evaluación de la atmósfera interior. Evaluación que, por cierto, debe realizarse de forma contínua mientras dure la permanencia en el recinto.

Si se detectan riesgos de intoxicación o asfixia hay que resolver el problema mediante una ventilación eficaz y, en todo caso, utilizar equipos de protección respiratoria que permitan respirar al trabajador con independencia de la atmósfera interior. Nunca se debe acceder a un espacio confinado sin protección respiratoria.

Por último, siempre hay que tener previsto el rescate. Los trabajos en ambientes confinados deben realizarse siempre entre dos personas como mínimo, una de ellas en el exterior en contacto permanente, visual o por radio, con el trabajador que se encuentre dentro. Ambos deben estar perfectamente instruidos sobre cómo comportarse ante los primeros síntomas de alarma y siempre debe estar previsto un sistema de rescate rápido y sin riesgos adicionales. Una simple cuerda atada al trabajador que entra y controlada por el que está fuera, hubiera bastado para evitar decenas, o tal vez centenares, de muertes innecesarias.

*Ramon Tovar: activista sindical de salud laboral y trabajador del CSIC, que falleció recientemente por un cáncer de origen profesional.