Gobierno de españa - ministerio de trabajo migraciones y seguridad socail

La mayoría de mis compañeras se medica después del trabajo para aliviar las dolencias musculares

Sáb, 15/10/2016 - 12:19
BERTA CHULVI
Condiciones de trabajo

La Federación de Servicios de CCOO, en colaboración con el sindicato internacional UITA, ha realizado un estudio sobre las condiciones en las que trabajan las camareras de pisos en España. Los resultados a nivel estatal indican que el 71,5% de las trabajadoras de este colectivo tiene que consumir medicamentos para poder afrontar la jornada laboral. La situación en Tenerife es mucho más grave: el 89% de las camareras de piso toma medicamentos a lo largo de la jornada laboral o después de esta para aliviar las dolencias musculares. Nos lo cuenta Gladis Medina, camarera de piso y delegada de personal de CCOO.

Un 89% de camareras de piso medicándose después del trabajo es un porcentaje muy elevado, ¿a qué se debe?

La razón evidente es que las trabajadoras están explotadas. Ese dato sale de una encuesta a una muestra de 300 camareras de piso de Tenerife, y a mí no me extraña en absoluto porque se está trabajando en unas condiciones laborales muy precarias. Se le exige a las trabajadoras un sobreesfuerzo enorme. En la misma encuesta, un 88% de las compañeras afirma que se siente explotada en su trabajo. Esa explotación explica que haya un 89% de las camareras de piso de Tenerife que después de su jornada laboral toma antiinflamatorios, relajantes musculares, etc. Yo he visto hasta compañeras con parches de morfina. ¿Cómo se ha llegado a esta situación de explotación? Durante los años 80 y 90, el turismo de Canarias era muy exquisito y se cuidaba al cliente, pero en la década del 2000 se construyeron hoteles a mansalva y se puso en marcha un turismo barato que, lejos de generar más puestos de trabajo, lo que ha hecho es incrementar la explotación de las trabajadoras. Por ejemplo, en la década de los 80 y 90, lo normal eran unas 15 habitaciones en una jornada laboral de ocho horas. Ahora, los datos de la misma encuesta muestran que la mayoría de las camareras de piso hace unas 30 habitaciones en una jornada de ocho horas. La situación de las que trabajan para empresas de limpieza todavía es peor; hemos visto gente con contratos de seis horas haciendo 30 habitaciones. Otro dato muy significativo es que las trabajadoras alargan de manera habitual su jornada para terminar el trabajo. En la encuesta que ya hemos mencionado hay un 38% de camareras de piso que siempre, o habitualmente, se queda una vez ha terminado su jornada laboral para poder terminar con la tarea asignada.

¿En qué consisten esos problemas musculares?

Según los datos del trabajo realizado por la Federación de Servicios de CCOO, el 100% sufre dolor dorsal y lumbar de la espalda; el 80% tiene problemas en antebrazos, muñecas y manos; el 47% en caderas, nalgas y muslos; el 67% en las rodillas, y el 87% en piernas y pies. En esa situación las trabajadoras nos vamos automedicando y nos recetamos cosas entre nosotras para poder hacerle frente al día a día: “Tómate esto que va muy bien”, te dicen las compañeras. Lo cierto es que nunca mejoramos porque no contamos con el tiempo de reposo necesario.

¿Y qué ocurre cuando las trabajadoras acuden a la mutua?

Pues que nunca se considera el origen laboral de esas dolencias. Se nos dice que eso es una enfermedad común y se nos deriva al médico de cabecera. Lo único que se reconoce como de origen laboral es un accidente, si te caes en el trabajo o algo así, pero nunca un dolor. Te dicen que tú eso lo tenías de antes.

¿Y las evaluaciones ergonómicas?

Son un simulacro total. Cuando se hacen, se realizan con una muestra de trabajadoras bien elegidas y con habitaciones también seleccionadas y que se encuentran casi limpias. Con eso hacen un cálculo de lo que cuesta limpiar una habitación, pero no es real. Primero, porque no todas las habitaciones son iguales y, segundo, porque cuando los clientes están en las habitaciones, los espacios están mucho más llenos de cosas y es mucho más difícil limpiarlos.

Pero una evaluación de riesgos se ha de hacer con todas las trabajadoras, no solo con una muestra. Recientemente el Tribunal Supremo ha fallado contra La Caixa, a raíz de una demanda de CCOO, precisamente por eso, por usar una muestra y decir que se había realizado la evaluación de riesgos.

Por desgracia, no todos los sindicatos apoyan a sus delegados y delegadas con los conocimientos técnicos necesarios. Sabemos que hay sindicatos que dejan todo en manos de sus delegados y delegadas con la gran responsabilidad que eso supone. Además, utilizan metodologías de evaluación que no están contrastadas, que no son rigurosas y que están más pensadas para defender los intereses de las empresas que para defender el derecho a la salud de las trabajadoras y los trabajadores. De hecho, se están aceptando como evaluaciones de riesgos ergonómicas y psicosociales pequeños trabajos con una muestra de trabajadoras en lugar de diagnósticos serios que incluyan a la totalidad de las trabajadoras. Una de nuestras luchas, que hemos transmitido a nivel local y estatal, es una revisión del catálogo de enfermedades profesionales que permita incluir los trastornos musculoesqueléticos como enfermedades de origen laboral en nuestro sector. Sin olvidarnos del riesgo químico.

¿A qué riesgos químicos están expuestas las camareras de piso?

Se usa lejía de forma mayoritaria, pero también se sigue usando amoniaco. El otro día, en la recepción de un hotel me encontré a unas trabajadoras metiendo las manos en unos cubos de agua con un olor muy fuerte y les pregunté qué era aquello. Me contestaron que le ponen una gotita de amoniaco porque así el suelo brilla más. Nadie les ha explicado las consecuencias que eso tiene para su salud y estamos observando problemas en vías respiratorias, broncoespasmos, erupciones cutáneas, caída de uñas, fuertes cefaleas después de haber mezclado productos, etc. Las empresas se escudan en que las trabajadoras no hacen caso. Y lo que hay que preguntarse es qué información y formación están recibiendo las trabajadoras sobre los productos que utilizan.

A todo esto hay que añadir la exposición a riesgos psicosociales.

Las presiones recibidas para trabajar más y más rápido provocan un alto índice de ansiedad que suele acabar en diagnósticos de depresión. Como podrás imaginar, cuando se está haciendo un esfuerzo físico de ese calibre y además te estás medicando, cualquier presión tiene tres veces más efecto. Yo he visto a compañeras llorar por los pasillos a escondidas para que no las viera la gobernanta.

Parece que las compañeras de las empresas de limpieza aún están peor, ¿se pueden externalizar estos servicios?

No se puede, pero se hace. Lo que nos estamos encontrando son empresas multiservicios que no respetan el convenio de hostelería, ofreciendo a las trabajadoras sueldos hasta el 40% más bajos y ninguna política preventiva para proteger su salud. Y claro, cada vez son más casos en los que los tribunales fallan a nuestro favor y exigen a esas empresas cumplir el convenio de hostelería. CCOO ha exigido a todas las empresas multiservicio que cumplan la legislación laboral y hace poco, a instancias de CCOO, el juzgado ha obligado a un hotel de Lanzarote a respetar el convenio de hostelería en lo referente a las camareras de piso.

¿Cuáles son las prioridades para el colectivo de camareras de piso?

Hemos hecho muchas propuestas que hay que debatir en el ámbito del Acuerdo Laboral Estatal de Hostelería. Lo primero es acabar con la precariedad laboral. Según el Observatorio de Empleo de Canarias, en torno al 90% de los empleos que se crearon en hostelería en 2015 son temporales con una brecha salarial entre hombres y mujeres del 16% en contratos de igual categoría. La brecha se amplía al 20% en contratos indefinidos. Hay que adelantar la edad de jubilación a los 63 años para colectivos como el nuestro que están sometidos a grandes sobreesfuerzos y hay que garantizar una organización del trabajo en las empresas que no atente contra la salud de la trabajadora. Lo urgente es acabar con esta situación inhumana de explotación de las camareras de piso que lleva a las trabajadoras a medicarse para poder seguir trabajando.