Gobierno de españa - ministerio de trabajo migraciones y seguridad socail

La exposición laboral al calor extremo, una cuestión de justicia

Las autoridades laborales apenas están adoptando iniciativas para reforzar la protección de la población trabajadora
Mié, 03/07/2019 - 08:32
CLAUDIA NAROCKI
Condiciones de trabajo

El cambio climático ya está aquí. En España, además de la elevación de las temperaturas medias, está causando el aumento de la frecuencia, la intensidad y la duración de episodios de calor extremo: cumplan o no con la definición técnica oficial de “ola de calor”. Y está claro: el calor afecta al bienestar, la salud y la seguridad de la población trabajadora; y además reduce la productividad. Hay también un aumento de la diversidad de colectivos expuestos y ello se debe a que el estrés térmico no solo se deriva de las condiciones ambientales sino también del trabajo físico y del uso de EPIs. Las personas que desempeñan su tarea en espacios exteriores así como las que trabajan en interiores no climatizados, con presencia o no de focos internos de calor, necesitan prevención de este riesgo y una política clara que proteja su salud, en todo momento.

La posibilidad de que durante este verano, en cualquier lugar de España, tengamos días  extremadamente calurosos es más que verosímil. Además de que los veranos son cada vez más cálidos; desde el año 2000 se ha multiplicado el número de días de calor extremo. Los episodios de altas temperaturas son cada vez más intensos y duran más días. Además, según indica Agencia Estatal de Meteorología, los veranos se prolongan actualmente hasta cinco semanas más que al inicio de los años ochenta.estrés térmico

El efecto “isla de calor”

En las ciudades, especialmente en las de mayor tamaño, el riesgo de exposición a altas temperaturas en sus zonas centrales se incrementa sustancialmente en comparación con las áreas de la periferia, menos urbanizadas y respecto a las áreas rurales. Es el efecto “isla de calor”, por el que la zona central de las ciudades se sobrecalienta debido a que los materiales de construcción retienen más calor del que pueden liberar por la noche. También contribuye la contaminación atmosférica urbana, derivada de la actividad humana y la escasez de zonas verdes. Un efecto importante es el aumento dramático del número de noches con temperaturas muy altas, que reduce las oportunidades de alivio del calor, perjudicando críticamente la calidad del descanso en las viviendas mal aisladas y/o sin aire acondicionado.

Un problema de salud pública

La exposición al calor extremo es un problema de salud pública importante y bien conocido en España, especialmente desde que tras el verano del año 2003 se advirtieron sus efectos devastadores. Las altas temperaturas se considera una de las principales causas de mortalidad relacionada con el clima. Por ello, el Ministerio de Sanidad renueva cada año el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas por Altas Temperaturas junto a una Comisión Interministerial; y muchas CCAA elaboran planes propios. El objetivo de los planes es monitorizar el impacto en la salud de la población general y proteger la salud de las poblaciones consideradas vulnerables. Es sorprendente que, aunque dicho plan menciona a la población trabajadora como vulnerable, apenas se pasa de esa mención pues no se articulan medidas para protegerla. No es sorprendente, pues en la Comisión Interministerial está ausente el Ministerio de Trabajo y los agentes sociales. 

¿Quién se ocupa de la población trabajadora?

Las autoridades laborales apenas están adoptando iniciativas para reforzar la protección de la población trabajadora. Esta resulta especialmente grave pues los episodios de calor extremo afectan principalmente a las ocupaciones que dan empleo a personas especialmente vulnerables desde un punto de vista social: trabajadores y trabajadoras que carecen de poder político y económico, y de representación sindical en el lugar de trabajo. Sin protección pública se ven expuestas a condiciones de trabajo peligrosas, de explotación y a abusos de poder.

La acción pública debería reforzarse para proteger la salud de las personas especialmente sensibles a este peligro en el trabajo, por sus propias características personales o por su estado biológico, que debe ser conocido por el empleador. En particular, necesitan protección las personas que se incorporan al trabajo sin aclimatación previa, las embarazadas, las personas que hayan sufrido previamente enfermedades por calor, o las que estén consumiendo ciertos medicamentos, etc.

Por sectores, los más expuestos son la agricultura, la construcción y las numerosas actividades que en el verano se realizan al aire libre. En estas, se observa que hay muchos empleadores que no procuran sombra, acceso fácil al agua, pausas según necesidad, ni medidas para la protección de la salud y formación para la detección precoz de enfermedades por calor y la activación de primeros auxilios, etc. 

También se producen exposiciones peligrosas en actividades como comercio, logística, transporte, etc., en la medida que el empresario no proporciona medios para el control del ambiente térmico ni diseña medidas de organización del trabajo para reducir la exposición.

Estrés térmico ¿a qué nos referimos?

Cuando el ambiente térmico caluroso afecta a las condiciones de trabajo pero el nivel no llega a amenazar el equilibrio de la temperatura corporal interna, se dice que la situación es de disconfort térmico. El disconfort térmico es un riesgo laboral grave: crea malestar, incrementa la fatiga, reduce el rendimiento psicomotor, la concentración y la alerta; y es causa de errores. Todo ello, eventualmente, incrementa la accidentalidad, además de reducir la productividad. El confort térmico debería ser un objetivo alcanzable para la totalidad de la población trabajadora, en todo tipo de espacios de trabajo. No solo en oficinas.

En el trabajo con estrés térmico, además de penosidad, pueden aparecer las enfermedades por calor. El estrés térmico se refiere a condiciones de trabajo que amenazan la capacidad natural del ser humano para mantener el equilibrio térmico corporal (Ver NTP 922 y 923). En una situación así, si no se interrumpe la exposición, la temperatura corporal tiende a elevarse, lo que pone a la persona ante un riesgo potencialmente fatal. El estrés térmico es resultado, en el medio laboral, de la presencia de uno o más de los tres factores que se señalan a continuación:

  • Las condiciones ambientales (temperatura, humedad, velocidad del aire, radiación térmica). 

  • La actividad metabólica: el trabajo físico incrementa la cantidad de calor corporal que necesitamos transmitir al ambiente; en condiciones de calor ambiental, puede resultar muy difícil.

  • Ropa de trabajo o EPIs con características (emisividad y radiación de la misma) que dificulten la normal transpiración, que es el principal mecanismo que tenemos para liberar calor. Este factor aparece cuando en el trabajo está indicada la utilización de ropa o de EPIs como modo de prevenir daños a la salud que se pueden derivar de otros factores peligrosos del trabajo.

En condiciones de estrés térmico, nuestro organismo necesita realizar adaptaciones fisiológicas para liberar el calor, y estas suponen un esfuerzo; normalmente la primera respuesta es el sudor y el enrojecimiento, y una elevación leve de la temperatura corporal. Si la exposición no se interrumpe, se activan mecanismos adicionales que comprometen la salud. Si el organismo alcanza temperaturas corporales internas (no en la piel) por encima de 38ºC (o 38,5ºC para las personas aclimatadas) comienzan a aparecer las enfermedades por calor.

  • Siempre que aparezca una enfermedad por calor (sarpullido por calor, edema por calor desmayo o síncope por calor, calambres por calor, agotamiento por calor o el peligrosísimo golpe de calor, que requiere atención hospitalaria urgente), aunque sea en un grado leve, debemos concluir que algún aspecto de la prevención está fallando: es necesario investigar las causas y revisar urgentemente las condiciones de trabajo.

  • Ante el riesgo de enfermedades por calor, las empresas deben tener prevista la interrupción de la exposición y también medios para suministrar primeros auxilios. 

  • El personal y los mandos deben recibir formación de modo que puedan identificar los síntomas de manera temprana. 

  • Nunca se deben desatender los síntomas de malestar.

  • El golpe de calor es una emergencia médica que requiere atención hospitalaria urgente: ante un posible caso, llama al 112.

Valores límite en la normativa

Respecto a las condiciones ambientales, el RD 486/1997 sobre disposiciones mínimas de seguridad y salud en los lugares de trabajo establece intervalos de temperatura adecuadas pero solo para el trabajo en espacios cerrados. Dentro de estos, además, distingue dos situaciones, según el esfuerzo físico que requiere el trabajo. Para el trabajo sedentario el citado RD indica que las temperaturas adecuadas deben estar en el rango de 17 a 27ºC, y si se realiza esfuerzo físico moderado, deberán estar entre 14 y 25ºC.

Respecto a otras situaciones, como trabajos que conlleven trabajo físico intenso, el desempeño de tareas que requieren el uso de equipo de protección individual que dificulten la normal transpiración o los trabajos que se realizan en lugares excluidos de la aplicación del RD 486/97 (ver artículo 1), la Guía Técnica del RD 486/97 sobre Lugares de Trabajo indica  que hay que evaluar el riesgo (ver especialmente el Apéndice 4, título 2.1. Estimación del estrés térmico del hombre en el trabajo basado en el índice WBGT).

Señalemos que, en todo caso, la evaluación de riesgos no debe funcionar como maniobra de dilación. A veces se acaba concluyendo que la situación es “aceptable” tras haber concluido que el esfuerzo físico requerido es “ligero” en base a una tablas que, según organismos de prestigio, tienden a subestimarlo. Otras veces se alcanza esta conclusión mediante una medición del esfuerzo físico, pero hecha sobre trabajadores/as especialmente escogidos por su forma física óptima. 

En ningún caso es admisible que se esgrima una “evaluación de riesgos” para evitar afrontar los efectos de las altas temperaturas exteriores sobre las condiciones de trabajo. Un documento de evaluación de riesgos no puede servir para obviar las condiciones de trabajo reales que se crean durante los episodios de calor extremo; no se puede admitir que las condiciones ambientales de una “fecha representativa” como prueba de que las condiciones ambientales sean aceptables. 

En todo caso, recalquemos que la percepción de malestar o de disconfort térmico por parte de la plantilla (o de una parte de esta) aunque aparezca durante periodos puntuales, es un criterio de evaluación objetivo que permite alcanzar un diagnóstico que de paso a medidas de adecuación de las condiciones de trabajo. 

Hay que evitar que, aprovechando la falta de concreción de los valores de referencias para las situaciones que acabamos de mencionar, se posponga la aplicación de medidas preventivas a la espera de los resultados de una evaluación de riesgos. Por el contrario, una vez que se reconoce que hay riesgo, las empresas (tanto en las que se sufre el calor durante todo el año como en las que ese malestar aparece solo en verano, o en determinados días de verano, tanto si afecta a una parte de la plantilla o a su totalidad) deberían desarrollar un Plan de acción que permita adaptar el trabajo a cualquier nivel de riesgo y adoptar medidas de prevención de riesgos y de protección de la salud seleccionadas según los criterios del artículo 15 de la LPRL, apropiadas al nivel de riesgo real. 

En todo caso, si se va a evaluar el riesgo, se ha de comprobar que se evalúa de acuerdo a lo previsto en el Reglamento de los Servicios de Prevención (RSP, ver especialmente los arts. 4 y 5). Obviamente, hay que que comprobar que se valora adecuadamente la contribución de los tres factores de estrés térmico (recordemos otra vez, las condiciones ambientales, el esfuerzo físico requerido y los EPIs). Y entre otras aspectos, se ha de comprobar que en la evaluación se prevén las situaciones que se producen cuando las temperaturas y/o la humedad del exterior se disparan. Además, se debe comprobar si el estrés térmico afecta al nivel de riesgo de otras exposiciones (de seguridad, agentes químicos, etc.).

Cambios súbitos en las condiciones ambientales

El nivel de riesgo se incrementa con la falta de aclimatación. Nuestra capacidad de aclimatación hace que el efecto de los extremos térmicos ambientales no dependa solo de los valores absolutos de temperatura y humedad sino de que estos valores se encuentren, o no, dentro del intervalo de normalidad de un cierto momento y lugar. Un incremento súbito de las temperaturas en el mes de mayo, por ejemplo, tendrá efectos en la salud de la población, aunque la temperatura no haya alcanzado los valores típicos de esa zona en el mes de julio. La falta de aclimatación, que afecta también a la población general, incrementa el riesgo de la población trabajadora que esté expuesta a los otros dos factores de estrés térmico: la intensidad de la actividad física y el uso de EPI's o ropa que dificulten la normal transpiración. Las personas que se desplazan a trabajar a zonas más calurosas, no están aclimatadas. Es especialmente importante tomar en cuenta que las personas que se acaban de incorporar a un puesto de trabajo no se las puede considerar aclimatadas; las actividades en la que hay mayor rotación laboral deberían ser objeto de especial vigilancia por parte de las autoridades.

Alertas sanitarias y protección de la salud en el trabajo

En situaciones en las que se superen las temperaturas de confort indicadas en el RD 486/1997, o en la que el trabajo físico es intenso, y/o se usan EPI's, existe riesgo de estrés térmico y este se debe controlar con medidas para reducir la exposición y/o para la protección de la salud. Los valores de referencia para declarar las alertas para la población general no resultan protectores, especialmente si se realiza esfuerzo físico y/o se usan EPIs. Se ha de tomar en cuenta las conclusiones de un trabajo de expertos de la OSHA de Estados Unidos, que tras haber examinado las circunstancias en las que se produjeron accidentes de trabajo con resultado mortal asociados a sobrecarga térmica en espacios exteriores, concluyen que se produjeron a partir de un valor del índice de calor de 29.4°C  (85°F ) y que por tanto, las medidas de prevención y protección (es decir, las medidas para evitar o controlar la exposición y/o las medidas para proteger la salud) deberían ser activadas a partir de ese nivel.Heat Index

Si consultamos la Tabla de valores de sensación térmica por calor (Heat Index) vemos que esta comienza a partir de 27ºC, valor superior indicado en el RD 486/1997: a partir de ese valor, si la humedad relativa alcanza los 45%, se indica que aparece el riesgo de fatiga con la exposición prolongada y/o la actividad física. La citada tabla también indica que con exposición a la radiación solar se han de sumar 8º a la temperatura del aire. Siguiendo con el anterior ejemplo, al sumar los 8 a los 27º obtenemos que el índice es de 35, lo que coloca la situación en la zona de Precaución extrema, con riesgo de golpe de calor

Medidas preventivas para el trabajo en exteriores

En ningún caso son directamente aplicables a las situaciones laborales las recomendaciones dirigidas a la población general, porque no son suficientemente protectoras: además de la hidratación, fundamental, las autoridades suelen recomendar evitar los ambientes calurosos y los esfuerzos físicos; la relación laboral es un “problema” para la aplicación de estas recomendaciones de autocuidado: se necesita prevención de riesgos laborales y protección de la salud. Para proteger frente a exposiciones laborales al calor y ambientes calurosos en exteriores las medidas a adoptar serían las siguientes, según los más recientes criterios de organismo de prestigio:

  • Se deben promover que las personas puedan tomar descansos “a demanda” además de las pausas obligatorias, fuera del ambiente cálido, con una duración de 15 a 45 minutos por hora, según el nivel de exposición. 

  • Áreas frescas: el empleador debe crear áreas para que las pausas permitan reducir la temperatura corporal.

  • Medidas de control del ambiente térmico: aislar a los trabajadores respecto a las fuentes de calor radiante; por ejemplo: crear sombra para la radiación solar; pantallas para otras superficies calientes; etc.

  • Medidas técnicas para reducir el esfuerzo físico o aumento de las plantillas para reducir el esfuerzo.

  • Hidratación: Se debe asegurar el acceso fácil al agua fresca y un suministro en cantidad suficiente, de acuerdo al nivel de calor. Si la exposición es superior a dos horas se suministrará también electrolitos. 

  • Los servicios deben ubicarse cerca, para que las personas se sientan libres de beber abundantemente.

  • Equipos de protección personal: cuando los niveles de exposición al calor alcancen el límite de exposición recomendado, o superen el límite de alerta recomendado, los empleadores deben proporcionar EPI específicos (por ej., chalecos de enfriamiento, ropa hecha con tejidos transpirables de colores claros) para proteger a los trabajadores de las enfermedades por calor. 

  • Aclimatación: las personas que empiezan a trabajar en ambientes de alta temperatura, o que van a trabajar en condiciones más calurosas de lo habitual, o las que regresan al trabajo tras ausencias de más de 4 días, deben aclimatarse gradualmente al trabajo durante un período que ha de durar entre 7 y 14 días.

  • Medidas organizativas: además de planificar descansos adicionales, se introducirán cambios en la organización del trabajo como por ejemplo: aplazamiento de tareas o modificación del modo de realizarlas, modificación de horarios, etc. 

  • Formación sobre la aplicación de este Plan de acción ante temperaturas elevadas (o protocolo), de trabajadores y mandos intermedios.

  • Primeros auxilios: organizar los recursos y la formación para el reconocimiento temprano de los síntomas de enfermedades por calor, de modo que ante la sospecha se articule la interrupción de la exposición y en su caso, el recurso al 112.

Para concluir, el cambio climático ya está aquí, y en España, como decíamos, se manifiesta principalmente con el alargamiento e intensificación del verano y los picos de calor; por tanto, las altas temperaturas constituyen una amenaza evidente para la parte de la población trabajadora que no trabaja en espacios climatizados. ¡Reclamamos su protección urgente!