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La crisis del ébola muestra que para garantizar la salud pública, la salud laboral es un pilar fundamental

Jue, 15/01/2015 - 12:20
BERTA CHULVI
Condiciones de trabajo

La crisis del ébola ha demostrado lo que en muchas ocasiones se ha repetido desde la Secretaría de Salud Laboral de CCOO: La salud laboral es un pilar fundamental de la salud pública. La nefasta gestión del traslado a España de dos enfermos terminales de ébola no solo puso en peligro la vida de trabajadores y trabajadoras que se enfrentaron sin información y sin protección a ese hecho, sino que puso en peligro a la población que entró en contacto con ellos. El cúmulo de despropósitos, que se inicia con la decisión de trasladar a dos enfermos terminales y estalla con el contagio de una auxiliar de enfermería que los atendió, ha mostrado que no existe una política preventiva real frente al riesgo laboral que suponen las enfermedades infectocontagiosas.

Rosa Muelas, responsable de salud laboral de la Federación de Sanidad de Madrid, se enfrentó a la prepotencia y el desinterés de las autoridades sanitarias mucho antes del contagio de la auxiliar de enfermería Teresa Romero, con el que saltaron todas las alarmas. “Cuando en agosto exigíamos a las autoridades sanitarias que transpusieran las orientaciones que estaba dando la Organización Mundial de la Salud y elaboraran un protocolo de actuación, atendían al problema como si se tratara de una cuestión burocrática. ¿Qué nos piden, un papel? Pues les damos un papel”, explica Rosa. El traslado de los enfermos pilla a los médicos totalmente desprevenidos. A la Federación de Sanidad de CCOO llegan noticias de que en el Hospital La Paz han reunido a los médicos para avisarles de que en 24 horas van a llegar los enfermos terminales de ébola y hay que decidir dónde los colocan. Finalmente, los enfermos son trasladados al Hospital Carlos III, a una unidad de atención de enfermedades tropicales, que justamente habían empezado a desmantelar.

Teresa Romero es una de las trabajadoras del Hospital La Paz que trasladan a la unidad del Carlos III para atender a uno de los misioneros. Cuando se quita el traje de protección que se le ha facilitado para entrar en la habitación de este enfermo está sola, a pesar de que lo que plantea el protocolo es estar con una persona más: “Para quitarse el traje de buzo que te pones, necesitas asistencia porque es una sensación muy estresante, a los 10 o 15 minutos estás muriéndote de calor y con una sensación de agobio importante. La mayoría de gente se rompe. Alguien tenía que haber estado allí y no estuvo”, explica Rosa.

Cuando se plantea el contagio de la auxiliar de enfermería, la Confederación de CCOO, CCOO de Madrid, la Federación de Sanidad e ISTAS ponen en marcha un grupo de trabajo para dar orientaciones claras a los delegados y delegadas de prevención y exigir actuaciones a la Administración: “De lo primero que nos damos cuenta –señala Pedro J. Linares, secretario de Salud Laboral de CCOO– es que hay muchos más trabajadores en peligro además de los sanitarios. Está la gente de limpieza, los empleados de las empresas de ambulancias, los que se dedican a la recogida de residuos, etc.; y nos ponemos a coordinar a todas esas federaciones para que contacten con sus trabajadores y les den criterios sindicales de actuación. Inmediatamente empiezan a surgir casos de trabajadores que están siendo presionados para exponerse a un riesgo sin medidas preventivas suficientes”.

“Cuando empezamos a visibilizar a todos los colectivos que están en peligro, nos damos cuenta de la gravedad del problema y de la falta de información de muchos trabajadores que se están viendo presionados para poner en riesgo su salud”, añade Carmen Mancheño, de la Secretaría de Salud Laboral de CCOO de Madrid.

Ese es el caso de un trabajador de la empresa de retirada de residuos Consenur que se encarga de la recogida de residuos biosanitarios en el Hospital Carlos III. Lo explica José Luis López, delegado sindical en esa empresa: “Nos dieron unos epis que para nada se ajustaban a los recomendados (unos trajes blancos de tela de usar y tirar) y ni siquiera nos dijeron cómo utilizarlos. Ni había un protocolo a seguir, ni nos habían proporcionado formación. Así que un compañero se negó a retirar los residuos y la empresa lo sancionó a 15 días sin empleo y sin sueldo. CCOO denunció la sanción ante la Inspección de Trabajo y cuando un diputado de IU lo denunció ante la Asamblea de Madrid, la empresa retiró la sanción. Ahora han cambiado los trajes y nos han dado formación teórica, pero no práctica, sobre cómo quitarnos el traje”.

En la misma situación de desprotección se encontró el camillero que trasladó a Teresa Romero al Hospital de Alcorcón. Lo explica Alejandra Sobrino, delegada sindical en Safe, la empresa de ambulancias que trasladó a la auxiliar de enfermería infectada con el virus: “Nuestra empresa nos reunió para decirnos que había firmado un convenio con la Administración para que el SUMA, propiedad de la Comunidad de Madrid, trasladara los casos diagnosticados de ébola y nosotros los posibles ébolas. Se nos dijo que ante un caso de posible ébola nos pusiéramos en contacto con el centro coordinador y que se nos proporcionaría una ambulancia especial y unos equipamientos especiales, y eso es lo que hizo el camillero cuando se presentó en el domicilio de Teresa Romero, y ella les advirtió que era trabajadora del Carlos III y había estado en contacto con el misionero enfermo. Pero la respuesta que recibió el camillero es que se trataba de un estado febril y que ya había sido descartado el ébola por un médico”.

El camillero, que por casualidad era una de las 12 personas (de 400 que trabajan en la empresa) que había recibido formación específica sobre cómo actuar ante un caso de ébola, aplicó por su cuenta todas las precauciones que pudo. Como la enferma podía caminar no la tocó en ningún momento y se protegió con los epis básicos que llevan en la ambulancia: unas brazas, una mascarilla, una bata de celulosa y unos guantes de uso sanitario. Es decir, el equipamiento para enfermedades infecciosas de nivel 1, siendo considerado el ébola de nivel 5. Cuando la ambulancia llega al hospital, a las 7 de la mañana, la enferma ya llega grave porque acude con hemorragias y es aislada de forma inmediata. El camillero y el conductor solicitan bajar con la ambulancia a desinfección, pero desde la empresa se les niega esa posibilidad hasta que esté confirmado el caso de ébola. Así que la ambulancia es recogida por el siguiente relevo y hace un turno más sin desinfectar, entrando en contacto con tres trabajadores más y distintos pacientes. Hasta las 12 de la noche de ese día, cuando se ha confirmado el caso de ébola, esa ambulancia no baja a desinfección. Con esa confirmación se manda a casa a los cinco trabajadores que han estado en esa ambulancia con un permiso retribuido.

Alejandra Sobrino sufre en sus propias carnes un episodio parecido cuando se le manda a recoger a un paciente a Orcasitas. La médico que ha acudido con una ambulancia UVI y ha reconocido al paciente pasa dos horas al habla con el Centro de Coordinación intentando que le manden una ambulancia especial, pues los síntomas del paciente, recién llegado de África, son similares a los del ébola, pero no lo consigue y Alejandra recibe enormes presiones desde el centro de coordinación para hacerse cargo de ese traslado. La trabajadora se niega y finalmente lo tiene que transportar una ambulancia del SUMA. Este enfermo, que resultó que padecía malaria, estaba encamado y no podía moverse. “Estamos en contacto con enfermedades infecciosas sin ningún tipo de medidas preventivas y sin protocolos de actuación”, concluye Alejandra.

La experiencia de Tomasa Céspedes, delegada sindical en la empresa de limpieza que presta sus servicios en el Hospital de Alcorcón, donde inicialmente fue trasladada Teresa Romero, apunta la misma desprotección: “Nos querían obligar a entrar a limpiar en la habitación de Teresa Romero con una simple bata de papel, mascarillas y guantes. Nos negamos y pusimos una denuncia a la Inspección de Trabajo, que nos dio la razón. Y ¿cuál ha sido la respuesta de la dirección del hospital? Ha amenazado a nuestra empresa con que en enero no van a renovar la contrata con ellos”.

“En la actualidad, desde CCOO de Madrid se está supervisando que esos permisos retribuidos que las empresas otorgaron a los trabajadores con peligro de contagio sean considerados enfermedades profesionales o accidentes de trabajo y no computen como absentismo laboral en el conjunto de la empresa”, explica Carmen Mancheño. Rosa Muelas, de la Federación de Sanidad de Madrid, recoge el sentir de los sanitarios al afirmar: “La suerte que hemos tenido es que el ébola tiene una mortalidad muy alta, pero una infecciosidad baja, es decir, que solo se contagia por sangre. Si no fuera así, la improvisación de nuestras autoridades sanitarias la habríamos pagado muy cara”. Aunque la Administración se ha puesto las pilas por la presión social, su actuación sigue siendo muy deficiente: “Hasta esta semana –explica Pedro J. Linares, refieriéndose ya al mes de diciembre–, el Ministerio no nos ha facilitado el listado de los centros de referencia en el resto de comunidades autónomas. Y esto ha pasado en Madrid, pero puede pasar en cualquier lugar de España”.