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Incendios forestales: Ni trabajadores ni montes están protegidos

Lun, 15/10/2012 - 12:20
BERTA CHULVI
Condiciones de trabajo

67 trabajadores han muerto en la extinción de incendios desde el año 2000. En lo que va de año han fallecido cuatro, uno en Galicia y tres en la Comunidad Valenciana. Que en los incendios de Madrid no haya habido muertos es un milagro, según los que estuvieron allí. Hemos hablado con bomberos y agentes forestales de sus condiciones de trabajo y la conclusión es clara: si no hay una política preventiva en materia de incendios, tampoco la hay en salud laboral. El monte se quema y los trabajadores mueren.

"Ninguno de los colectivos que trabajamos en la extinción de incendios tenemos evaluaciones de riesgos y por tanto no hay una organización sistemática de la prevención". Este es el primer diagnóstico que realizan los delegados sindicales en los distintos cuerpos de extinción de incendios en Valencia y Madrid. La segunda es que todos los riesgos a los que están sometidos se han visto agravados por los recortes de puestos de trabajo practicados por las Administraciones Públicas: bomberos y agentes forestales ha sido los más afectados por estas políticas de reducción del gasto público y las consecuencias están a la vista: "Digan lo que digan, desde un punto de vista experto, la cantidad de hectáreas que se han quemado este verano no se explica sin la escasez notable de recursos en las brigadas forestales", así se expresa Luis Garrido, del Consorcio de Bomberos de la Generalitat valenciana. "Se confunde la prevención con la extinción. Cuando las autoridades salen hablando de prevención dan cifras que solo afectan a medios de extinción, porque la prevención no existe", afirma Garrido.

Los profesionales de este sector sufren porque saben lo que se les avecina con la llegada del verano si no hay una política de prevención de incendios: "No hay nadie limpiando el monte", señala una delegada de TRAGSA que prefiere permanecer en el anonimato. "Antes había trabajadores con contratos de 9, 7, 5 y 3 meses. Ahora todos los trabajadores de refuerzo entran con contratos de 3 meses en la campaña de verano, así que la limpieza del monte la hacemos los trabajadores fijos cuando nos mandan a hacer prácticas y lo hacemos porque queremos, porque sabemos que si el monte no está limpio, el incendio vuela. Sin embargo, lo que hacemos es totalmente insuficiente". Riesgo y precariedad son su pan de cada día y sus palabras no pueden ser más claras: "Nos jugamos la vida y solo por contratos de 3 meses. El compañero que ha muerto este verano tenía un contrato de 7 meses".

Turnos de 22 horas y descoordinación

La reducción de personal significa una sobrecarga brutal de trabajo que acaba cobrándose vidas y haciendo más difícil apagar los incendios. "En los incendios de este verano que se han producido en la Comunidad Valenciana hemos visto trabajadores que se han tirado 23 horas en un incendio", explica Juan Francisco Miralles, delegado de CCOO en TRAGSA. Miralles estima que en la campaña de verano, la reducción de trabajadores dedicados a la extinción de incendios ha rondado las 350 personas en la Comunidad Valenciana. Cuando en extinción de incendios hablamos de 22 horas de trabajo de un agente forestal, estamos hablando de 22 horas sometidos a temperaturas de 60 grados y al estrés que supone saber que te estás jugando la vida.

La reducción del gasto no se traduce solo en supresión de puestos de trabajo, también afecta a otras partidas en las que se trata de ahorrar al máximo a costa de la salud de los trabajadores y de la seguridad de los montes. Así Luis Garrido, del Consorcio de Bomberos de la Generalitat valenciana, señala que es frustrante ver que no te movilizan por razones económicas: "En los incendios de este verano, en la provincia de Valencia se han quedado al menos 200 bomberos por movilizar sin afectar a los periodos obligatorios de descanso".

Este bombero nos habla también de la descoordinación existente entre los diversos cuerpos y cómo eso afecta, en primer lugar, a los trabajadores: "En ocasiones, en un incendio tienes la sensación de estar en el ejército de Pancho Villa. Hay muchos cuerpos distintos interviniendo que en teoría deberían seguir las órdenes del puesto de mando, pero en la práctica no es así". En este sentido, los bomberos denuncian que no se sigue el Plan de Protección Civil de Emergencia por Incendios Forestales en la Comunidad de Madrid (INFOMA) aprobado en 2009: "Desde el año pasado "explica Enrique Jiménez, de la sección sindical de agentes forestales de la Comunidad de Madrid" hay unas instrucciones de funcionamiento del Servicio de Incendios que dan el mando a la empresa privada. El INFOMA señala que el responsable del incendio es un agente forestal hasta que llega un bombero, pero se lo están pasando por el forro".

La empresa privada a la que se refiere Enrique Jiménez es Ingeniería Forestal, en ella trabaja Mercedes, delegada sindical que expone una situación dramática en lo que se refiere a los equipamientos de protección individual. Una situación que nos encontramos también cuando hablamos con los trabajadores de TRAGSA en la Comunidad Valenciana.

Forestales sin los equipamientos adecuados

Cuando en la televisión vemos imágenes de extinción de incendios, generalmente la cámara enfoca a un miembro de la Unidad Militar de Emergencias que lleva un llamativo mono rojo que le proporciona una adecuada protección contra las quemaduras y el calor radiante. Sin embargo, ese nivel de protección no afecta al grueso de los efectivos que luchan con el fuego cuerpo a cuerpo: los agentes forestales.

“El EPI que nosotros llevamos es el equipo más bajo. Cuando pisamos las brasas del incendio con las botas militares que nos proporcionan nos arden los pies. El peto que llevamos es de la categoría más baja y cuando las llamas te dan directamente, te quemas. En el incendio de Robledo no ha habido muertos porque la gente es muy veterana, conoce muy bien el monte y sus vías de salida, pero si allí hubiera habido un retén inexperto, hubiera muerto atrapado por el fuego con unos equipamientos de miseria y sin equipos de respiración asistida”.

Juan Francisco Miralles plantea los mismos problemas en relación a los EPI: “Los monos ignífugos que llevamos son de categoría 2. Cumplen los requisitos mínimos, es decir, entre 7 y 20 segundos expuestos a altas temperaturas, y nosotros estamos horas apagando un incendio. En los incendios de este verano se ha visto claro: las quemaduras que han sufrido los compañeros en espalda, codos y alrededor del pecho han sido por calor radiante, que es el calor del ambiente del cual nos tienen que proteger los monos. Tampoco llevamos ningún equipo de respiración autónoma que nos proteja no solo contra el humo, sino también contra las quemaduras de las vías respiratorias como llevan los bomberos. La empresa siempre nos ha dicho que no lo llevamos porque pesa mucho, pero hay otras soluciones, como las máscaras de escape, que son eficaces en los momentos en los que estamos atrapados por el fuego, y la empresa no las quiere considerar”.

La excusa es el artículo 3

Cuando se trata de comprender la ausencia de evaluaciones de riesgos y de políticas preventivas para estos trabajadores sale a relucir el artículo 3 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, que afirma que la ley no será de aplicación para “los servicios operativos de protección civil en los casos de grave riesgo, catástrofe y calamidad pública”. Como denuncia Enrique Jiménez, se obvia que la expresión “en caso de catástrofe” hace referencia a un momento concreto y no puede servir para eludir la obligación de proteger la salud de los trabajadores. La acción sindical no cesa, pero las autoridades parecen no enterarse: “Hemos puesto un montón de denuncias en la Inspección de Trabajo y no hacen nada”, afirma Luis Garrido. “Lo paradójico –concluye Garrido– es que la falta de autocrítica en los responsables de los cuerpos destinados a apagar incendios genera una única reacción ante lo sucedido: el endurecimiento del Código Penal frente a los delitos de incendio. Y eso es como no hacer nada”.