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Enfermos por amianto, despedidos por la empresa

Compañía egipcia de fibrocemento creada por Uralita se enseña con los trabajadores que luchan por su salud
Vie, 15/07/2005 - 12:19
PEX
Condiciones de trabajo

Ura-Misr es una fábrica de canalizaciones de fibrocemento que fue creada en Egipto por la compañía española Uralita. Ura-Misr trabaja con amianto, un mineral cancerígeno que en España fue prohibido hace cuatro años. Tras una larga lucha de los trabajadores por la adopción de medidas de prevención y el reconocimiento de sus enfermedades profesionales, el Estado egipcio cerró la empresa en septiembre de 2004 por no respetar la legislación laboral y medioambiental. Inmediatamente 52 obreros fueron sancionados de empleo y sueldo, y finalmente despedidos dos meses después con otros 27 empleados, al ser prohibida por el Gobierno egipcio la importación de amianto. Muchos están enfermos.

Son políticas “típicas en estos regímenes, donde se concede algo al movimiento de los trabajadores (la prohibición del amianto) pero, al mismo tiempo, se vengan de los luchadores que han obligado a actuar” recuerda Laurent Vogel, del Instituto Sindical Europeo para la Investigación, la Formación y la Salud Laboral (ETUI-REHS).

Durante 20 años, estos trabajadores han manipulado toneladas de amianto, “sin mascarilla, sin equipo de trabajo y sin guantes, respirando un aire sobrecargado de polvo cancerígeno, y con aparatos de ventilación insuficientes y defectuosos”, afirma John Monks, secretario general de la Confederación Europea de Sindicatos, en una carta al presidente Hosni Mubarak.

Por su parte, la economista Francoise Clement, de Attac, ha dirigido una denuncia a la OIT en la que llama la atención sobre la dramática situación de esos 79 trabajadores a los que no se les reconocen sus enfermedades profesionales, se les niegan certificados médicos en los hospitales públicos o se les expiden certificaciones que ocultan la vinculación al amianto de sus afecciones. Para Clement es “un ejemplo evidente de incumplimiento del Convenio 139 de la OIT sobre cáncer ocupacional, ratificado por Egipto” en 1982. En 2002, la Seguridad Social se negó a reconocer el carácter ocupacional de sus afecciones y “devolvió a los trabajadores al mismo lugar donde las habían contraído”.

La empresa oculta la verdad

La carta de Monks a Mubarak va más lejos: “El uso intensivo de fibras de amianto desde 1983, agravado por la aspiración insuficiente del polvo y la ausencia de protección individual ha causado en todos los empleados de Ura-Misr graves enfermedades. Los controles periódicos de la salud en el trabajo establecieron desde 1998 que todos los obreros y técnicos tenían afecciones graves, provocadas por el amianto y agravadas por las condiciones de trabajo: insuficiencia respiratoria causada por la asbestosis, mesotelioma, degradación de las articulaciones (columna vertebral, rodillas, pies), úlceras de estómago y de intestino, cánceres de pulmón, de hígado, de riñones, de estómago, de piel, pérdida de vista y de odio, etcétera. Las infracciones reveladas por los ministerios de Industria y Medio Ambiente dan testimonio de las malas condiciones de trabajo, causa de la elevada frecuencia y gravedad de las enfermedades”. Tales infracciones, según Monks, llevaron al propietario de la empresa, Ahmed Abdel Aziz Loukma, a “mentir a la Administración mostrándole las radiografías de empleados nuevos para hacer creer que los obreros veteranos gozaban de buena salud” o afirmando haber reciclado 700 toneladas de desechos contaminados, “cuando las había lanzado al pie del molino y sobre las carreteras de Dix de Ramada”.

Crece la movilización internacional ante el caso, pero los trabajadores aún no han conseguido que la Seguridad Social se haga cargo de las revisiones médicas, ni que la empresa pague a las víctimas las indemnizaciones legales por enfermedad profesional. John Monks pide al presidente egipcio que “Ura-Misr se adapte rápidamente a la legislación, reemplazando el amianto por un sustituto no cancerígeno, dejando de envenenar el ambiente con sus desechos”. 

Dudosas condiciones de seguridad en el derribo de una factoría de uralita en Alicante

Fibrocementos Levante, una factoría de Uralita radicada en la población alicantina de San Vicent del Raspeig, se está desmantelando. En su desaparición, la empresa deja una estela de riesgos para la salud y una serie de víctimas reclamando justicia ante los tribunales.

Ni siquiera el derribo de esta fábrica que, según la Asociación de Afectados por el Amianto, ha provocado al menos 30 muertes entre sus ex trabajadores, se realiza en condiciones de seguridad. Según ha denunciado CC.OO., las placas de cubierta y los laterales se están quitando en seco, sin humedecerlos previamente para evitar la generación de polvo, y tampoco está siendo tratada la superficie que queda al descubierto en la cual se han acumulado “partículas de amianto a lo largo de los años”. Ni siquiera se ha alertado a los vecinos de los riesgos existentes en el entorno.

Aunque Uralita trató de restar importancia a esta denuncia, la credibilidad de la compañía no pasa por su mejor momento. El Grupo Uralita ha hecho negocio al vender los terrenos de Fibrocementos de Levante por 10 millones de euros, pero no ha dado una explicación pública de qué va a pasar con las miles de toneladas de amianto acumuladas en los 40.000 metros cuadrados del solar.

Mientras tanto, el fiscal acusa de ocho homicidios y 30 delitos de lesiones por imprudencia grave a dos altos directivos del Grupo Uralita y a dos especialistas en medicina del trabajo. Se trata de un largo contencioso que se prolonga desde que en 1997 seis ex-empleados de Fibrocementos Levante iniciaran un litigio judicial contra la empresa, por un delito contra la salud y la seguridad de los trabajadores. El fiscal pide un total de 12 años de cárcel para los cuatro imputados y las indemnizaciones reclamadas suponen más de 9 millones de euros para los afectados o sus herederos.

Según la Asociación de Afectados por el Amianto, el 90 por ciento de la plantilla con más de 5 años de antigüedad en la empresa está afectada de una u otra forma por enfermedades derivadas del contacto con este polvo mortal.