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Brasil: trabajo precario y abuso de agrotóxicos

Jue, 15/10/2015 - 12:20
CARLOS EDUARDO CHAVES SILVA Y JÚNIOR CÉSAR DIAS
Condiciones de trabajo

En Brasil, la actividad agrícola tiene un papel estratégico en el desarrollo económico y representa una buena parte de su mano de obra. En este sector coexisten formas modernas de trabajo asalariado que utilizan tecnologías avanzadas de producción con técnicas primitivas y relaciones tradicionales de trabajo. Es característico el trabajo degradante, próximo a la esclavitud, las altas tasas de informalidad, las elevadas sobrecargas de trabajo, la remuneración variable según producción y los graves daños a la salud debidos a la exposición a agrotóxicos.

En 2013, de los 4,1 millones de trabajadores y trabajadoras asalariados rurales de Brasil, 2,4 millones (60%) se encontraban en algún tipo de situación de trabajo informal, sin derechos laborales y de seguridad social y sin protección del Estado. Vinculado al alto índice de informalidad, que en algunas de las unidades llega a representar el 90% de los trabajadores, se encuentran las subnotificaciones de accidentes y muertes en el trabajo. Entre 2006 y 2012 se produjeron 174.000 accidentes según las cifras oficiales.

El uso indiscriminado de agrotóxicos, que en Brasil tiene una alta tasa media de consumo de 7,2 litros/habitante/año –llegando a 40 litros/habitante/año en los estados de mayor consumo, como Mato Grosso–, es otro problema grave de salud de los trabajadores asalariados rurales, pues son ellos los responsables de la aplicación directa de venenos en las siembras brasileñas. Como pilar del modo de producción agrícola brasileña, el uso de agrotóxicos registró un crecimiento del 288% entre 2000 y 2012. Casi 850 toneladas se comercializaron solo en el año 2011, lo que convirtió a Brasil en el mayor consumidor del mundo de estos productos. El crecimiento del consumo de agrotóxicos está acompañado por el crecimiento de registros de casos de intoxicación y muerte por contaminación –entre 2006 y 2014 fueron más de 60.000 accidentes–, el incremento en el número de casos de cáncer de piel de los trabajadores del arroz irrigado, en Rio Grande do Sul, quienes trabajan inmersos hasta la cintura en agua repleta de agrotóxicos.

A pesar de ser presentada como instrumento de mejora de las condiciones de trabajo, la mecanización/automatización de los procesos agrícolas no ha logrado alterar de forma sustancial el cuadro de trabajo degradante en el medio rural. El uso de máquinas climatizadas y operadas por joysticks (a veces financiadas con recursos de los trabajadores por medio del FAT/BNDES y fondos de pensión) no eliminó los riesgos a la salud y seguridad de los trabajadores, por el contrario, el supuesto lujo ha sido usado como justificación para la ampliación de la jornada y para fijar metas elevadas de producción. En actividades plenamente mecanizadas, como la extracción de madera para fabricación de celulosa, existen registros de diversos empleados que trabajan bajo el efecto de analgésico debido a graves accidentes, como el ocurrido con un trabajador de 44 años que, después de haber trabajado durante años en una multinacional del sector, vive al día de hoy con una bolsa localizada en el abdomen cuya función es inyectar medicamentos en su cuerpo, además de utilizar 18 medicamentos diariamente para aminorar los dolores.

Es innegable que el cambio de este escenario depende de la voluntad política para encontrar alternativas al modelo de producción existente, principalmente para asegurar que la riqueza proveniente del campo no tenga como precio los derechos, la salud y la vida de los trabajadores. Es necesario que haya una acción del Estado que asegure una fiscalización efectiva y eficaz de las relaciones de trabajo, así como también la resolución de un problema histórico, que es la mejora del nivel socioeconómico de los asalariados y asalariadas rurales, principalmente a partir de combatir el analfabetismo, aumentar el nivel de escolaridad, la cualificación y capacitación profesional, entre otros.

*Carlos Eduardo Chaves es asesor de la Confederação Nacional de Trabalhadores na Agricultura (CONTAG) y Júnior César Dias es técnico del Departamento Intersindical de Estatísticas e Estudos Socioeconômicos (DIEESE).