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Bajo presión: condiciones de trabajo en el buceo profesional

Jue, 15/01/2015 - 12:20
ÓSCAR BAYONA PLAZA
Condiciones de trabajo

En lo que llevamos de 2014 cuatro buceadores profesionales han fallecido en España mientras trabajaban. Dos lo hicieron simultáneamente mientras revisaban las instalaciones de una piscifactoría en Gran Canaria, un tercero durante unas obras en el puerto de Motril (Granada) y el último succionado por una turbina cuando supervisaba el estado de una tubería de la central térmica de Los Barrios (Cádiz). Una cifra que no difiere mucho de los años anteriores, en 2011 se produjeron seis fallecimientos, y que adquiere su verdadera dimensión cuando se conoce la pequeña población a la que nos estamos refiriendo.

El buceo profesional, dejando al margen los instructores que trabajan en el buceo recreativo, agrupa a los buzos que trabajan en el sector de la acuicultura marina, en empresas de buceo profesional que desarrollan su labor en diferentes sectores (mantenimiento de instalaciones hidráulicas y energéticas, construcción y mantenimiento de infraestructuras marinas, construcción naval, etc.) y en menor número en el buceo científico (arqueólogos, biólogos…) y en el oficial (cuerpos de seguridad, emergencias). No hay datos precisos del volumen de trabajadores al que nos referimos, aunque algunas fuentes lo estiman en alrededor de 500 trabajadores y la Asociación Nacional de Empresas de Buceo Profesional, una de las patronales del sector, calcula unos 200 contratados a tiempo completo y un millar en momentos de pico de actividad. Al tratarse de una población tan pequeña, seguro que no nos equivocamos al afirmar que se trata de uno de los colectivos laborales con mayor índice de incidencia de siniestralidad laboral mortal.

El buceo profesional es una actividad laboral peligrosa, no solo por lo que indica el sentido común, sino porque así está recogido en la legislación laboral española: se trata de uno de los trabajos incluidos en el Anexo I del Reglamento de Servicios de Prevención, en el cual se recogen aquellas actividades especialmente peligrosas; está incluido dentro del listado del RD de Enfermedades Profesionales y aparece en el Anexo II (Relación no exhaustiva de los trabajos que implican riesgos especiales para la seguridad y la salud de los trabajadores) del RD 1627/1997.

Además hay que indicar que existe una norma de seguridad específica, la Orden de 14 de octubre de 1997 por la que se aprueban las normas de seguridad en el ejercicio de actividades subacuáticas (modificada con fecha 20 de julio de 2000). Se trata de una norma antigua que convendría revisar para adaptarla a la realidad actual del sector y acercarla al estándar de seguridad de los países de nuestro entorno. Aun así, esta norma se incumple en numerosas ocasiones y es bastante desconocida incluso por técnicos de las autoridades laborales e inspectores de Trabajo. En CCOO hemos atendido sindicalmente y hemos prestado apoyo jurídico a algún caso de accidente mortal en el que, a pesar de notorios incumplimientos de la norma, ni el informe del técnico del Instituto Regional que investigó el caso, ni el informe del inspector hacen referencia a los contenidos de la orden, lo cual llevó a la absolución del empresario en primeria instancia, lo que nos obligó a presentar recurso judicial.

Los buzos profesionales se enfrentan a múltiples riesgos mientras desempeñan su labor, algunos de ellos comunes al resto de trabajadores de la industria, de la construcción o de la mar (golpes, cortes, quemaduras, atrapamientos, manejo de cargas, los derivados del uso de aparatos a presión o de trabajar en una embarcación, etc.) y otros que tienen su origen en el medio subacuático e hiperbárico en el que se desarrolla este tipo de trabajos, con el consiguiente aumento de la densidad, exposición a condiciones termohigrométricas desfavorables (frío y humedad) y, sobre todo, exposición a cambios de presión.

Este agente físico, la presión, es el responsable de los riesgos de barotrauma (de oído, de senos paranasales, pulmonar…), de hipoacusia, de enfermedad descompresiva (que en sus formas agudas causa los accidentes de descompresión, en algunos casos mortales, y en sus formas crónicas es responsable de lesiones pulmonares, osteonecrosis disbárica, alteraciones neurológicas…), de intoxicaciones por gases presentes en el aire al ser respirados a presiones parciales superiores a la atmosférica (hipercapnia, narcosis nitrogenada, hiperoxia, intoxicación por monóxido de carbono…). Todo un catálogo de riesgos y patologías específicas, graves o mortales y muy desconocidas incluso entre los profesionales de la Medicina del Trabajo y de los servicios de prevención.

Resulta también imposible determinar el número de accidentes exacto en el colectivo utilizando las estadísticas de accidentes de trabajo del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, debido a que las empresas de buceo están adscritas a diferentes CNAE, y no se puede establecer una relación directa a través de la forma en la que se ha producido el accidente. Por este motivo no nos queda más remedio que acudir a estimaciones y registros realizados por los agentes sociales del sector. En el estudio “Análisis de las demandas físicas y psíquicas en el puesto de trabajo de buceador acuicultor de 1ª y 2ª y su repercusión en la salud y capacidades de dichos trabajadores del sector de la acuicultura”, financiado por la Fundación para la Prevención de Riesgos Laborales y elaborado por la Asociación Empresarial de Cultivos Marinos (APROMAR), CCOO y UGT, se estimaba que “en el periodo 1989-2012 han fallecido en nuestro país 32 buceadores profesionales, y en la última década se ha triplicado la cifra de fallecimientos con respecto a la anterior. El 76% de los accidentes mortales se ha producido entre los buceadores profesionales industriales y un 24% entre los buzos del sector de la acuicultura”.

Pero si los datos de siniestralidad en un colectivo tan pequeño son alarmantes, los de enfermedades ocasionadas por el buceo no lo son menos. En el estudio citado se calcula que la tasa media de incidencia anual alcanza las 1.287,1 EEPP por cada 100.000 buzos que estuvieran ocupados en el sector de la acuicultura, mientras que para el resto de la población activa, la tasa media de EEPP/año se sitúa en torno a 98,48 EEPP por cada 100.000 trabajadores ocupados. Esto supone que un buceador profesional que trabaje en una piscifactoría se enfrenta a un riesgo relativo de padecer una enfermedad profesional causada por la presión 13,07 veces superior que cualquier otra enfermedad profesional para cualquier otro puesto de trabajo y sector. Un dato de estas dimensiones debería ser suficiente para que las autoridades laborales reconocieran el grado de penosidad y peligrosidad de las actividades laborales subacuáticas y la necesidad de adoptar medidas para evitar el deterioro de la salud de estos trabajadores.

Otro dato revelador del impacto negativo de las enfermedades profesionales causadas por la presión es la duración media de las bajas. En los últimos años, la duración media ha excedido de largo el centenar de días al año (182 en 2011, 174,75 en 2012 y 239,22 en 2013). Esta duración tan prolongada de las bajas indica que cuando se produce el reconocimiento de la enfermedad profesional, la salud del buzo está tan deteriorada que necesita un periodo muy largo para recuperar la salud o se resuelve en una declaración de incapacidad. Esta es la prueba del fracaso de la prevención en el sector del buceo profesional.

Los facultativos especializados en medicina hiperbárica y subacuática que atienden a los buceadores profesionales en nuestro país y les realizan los obligatorios reconocimientos médicos anuales, mayoritariamente adscritos a los servicios del Instituto Social de la Marina, alertan de altísimos porcentajes de buzos profesionales, relativamente jóvenes, con patologías crónicas (osteonecrosis disbáricas, alteraciones del oído, edemas crónicos de senos…) que dificultan su actividad laboral y que terminan en declaraciones de incapacidad. Existen más factores que influyen en este deterioro de las condiciones de trabajo: los derivados de la propia crisis económica y la precarización, o la falta de coordinación de actividades preventivas en un sector en el que las empresas actúan como subcontratas.

En CCOO creemos que la situación laboral que están viviendo los buceadores profesionales en España solo puede adjetivarse como dramática. Y que exige la toma de toda una batería de medidas: encuadrar a todos los buzos en el sector del mar, establecer coeficientes reductores de la Seguridad Social que permitan adelantar la edad de jubilación, adecuar la legislación preventiva a la rea lidad, aprobar un protocolo para la vigilancia de la salud riguroso, etc. Pero lo que a nuestro juicio es más urgente es que las autoridades responsables del cumplimiento de la ley se pongan manos a la obra para acabar con una situación intolerable y poner freno a esta sangría.

*Óscar Bayona Plaza es técnico de la Secretaría de Salud Laboral de la Confederación Sindical de CCOO.