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AZSA: Visualizar los daños de los trabajadores

Mar, 15/10/2013 - 12:19
JAVIER VÁZQUEZ
LUIS A. VILLORIA Y JUAN IGNACIO REQUENA*
Condiciones de trabajo

En el pasado número de pEx mostramos cómo en AZSA había fallado estrepitosamente la prevención en el accidente laboral de exposición a mercurio más grave que se conoce en Europa. Ahora, el Gabinete de Salud Laboral de la Federación de Industria de Asturias ha querido dar un paso más allá de las grandes cifras para visualizar los daños de los trabajadores intoxicados. Su objetivo es que estos trabajadores no caigan en el olvido, pues las consecuencias de la exposición aún están por ver.

Todo el mundo parece interesado en que el accidente laboral por exposición a mercurio ocurrido en AZSA deje de ser actualidad cuanto antes. La Dirección General de Salud Pública del Principado de Asturias reconoce tener “bajo control” a 87 trabajadores. Pero, ¿qué les sucede hoy por hoy a esos trabajadores como consecuencia de la negligencia empresarial? Para el sindicato, Jesús, Víctor, Eduardo, Alberto, Francisco, Iván, Santiago, Joaquín, Rodrigo, Laureano, Sergio, Iván, Francisco, Víctor, David, Juan, José Luis, José Manuel, Carlos y Alejandro no son un número. El Gabinete de Salud Laboral de la Federación de Industria de Asturias ha revisado los informes médicos de 20 trabajadores afectados con el objetivo de visualizar los daños.

Las analíticas constatan altísimas exposiciones, en buena parte de los casos a mercurio y zinc. Se sabe que de los trabajadores afectados hay dos que dieron valores de 700 y 900 microgramos/ litro de mercurio en sangre, cuando el valor límite recomendado por la OMS es de 10 microgramos/litro en sangre. Pese al radical hermetismo de la empresa AZSA, todo apunta a que los trabajadores estuvieron expuestos a mercurio en sus formas elemental e inorgánica. El mercurio elemental es tóxico para el sistema nervioso central y el periférico. La inhalación de vapor de mercurio puede ser perjudicial para los sistemas nervioso e inmunitario, el aparato digestivo, los pulmones y riñones, con consecuencias a veces fatales. Las especies mercúricas inorgánicas presentan una gran variedad de solubilidades. Los mercuriales orgánicos son absorbidos a través de todas las rutas y se acumulan en el cerebro y hasta cierto punto en los riñones y el músculo. Tras la inhalación o ingestión de distintos compuestos de mercurio o tras la exposición cutánea a ellos se pueden observar trastornos neurológicos y del comportamiento, con síntomas como temblores, insomnio, pérdida de memoria, efectos neuromusculares, cefalea o disfunciones cognitivas y motoras.

Los efectos de la intoxicación

Tras el análisis de los informes médicos, que tanto desde la sanidad pública como desde la mutua se han proporcionado a los trabajadores, doce de ellos han visto reducido su campo visual, es decir, “ven el mundo a través de una pantalla más pequeña”. Seis presentan visión borrosa. En cuatro de ellos se aprecia alteración del fondo del ojo, lo que da una idea de la importancia de las lesiones, ya que son anatómicamente constatables. Cuatro presentan fatiga visual y tres alteración de la motilidad ocular. Estos problemas en la visión tienen tendencia a ir manifestándose con el paso del tiempo, y no es posible precisar si tenderán a estabilizarse, mejorarán o, por el contrario, seguirán agravándose.

La exposición a mercurio ha afectado también a la función neuromuscular de los trabajadores que presentan las pruebas electromiográficas alteradas: la mitad padece parestesias y disestesias, es decir, “calambres” o “pinchazos” en sus miembros superiores y/o inferiores. Seis sufren cefaleas persistentes, y la mayor parte eretismo mercurial (irritabilidad, cambios bruscos de estado de ánimo, reacciones inapropiadas de agresividad, etc.). Asimismo, en algunos se ha diagnosticado patología neuropsiquiátrica como insomnio, ansiedad o depresión y están siendo sometidos a tratamiento médico al efecto. Lo sorprendente es que el eretismo mercurial solo se ha documentado en casos de exposiciones a mercurio prolongadas en el tiempo y no respecto a exposiciones puntuales, como parecen ser las propias de un accidente como este. Ello nos permite barajar dos hipótesis: que aparezcan estos síntomas por la gravedad de la exposición o que la exposición no haya sido tan puntual como se nos quiere hacer creer.

Todos los trabajadores que sabemos que han sido sometidos a test psicométricos, los presentan alterados, constatándose alteraciones en la atención y en la memoria. Estas alteraciones, que suponen un considerable sufrimiento para las personas afectadas, plantean además la dificultad de demostrar la relación causa-efecto con el accidente por motivos obvios; por otra parte, como en el resto de daños, la evolución esperable es desconocida en el momento actual. En cuanto a la función renal, siete trabajadores la tienen alterada. En general estas alteraciones son de carácter leve en el momento actual, pero queda por ver la evolución de las mismas.

Por lo que respecta a las alteraciones bucodentales, a algunos trabajadores “se les están cayendo” literalmente los dientes. Seis presentan gingivitis, algunos con hemorragia, cuatro inflamación de las glándulas salivares, tres movilidad dentaria y tres pérdida ósea dentaria. Los daños de este apartado adquirirán con seguridad gran protagonismo en el ámbito de las prestaciones sanitarias por su nítida repercusión estética y funcional. Además se han producido otros tipos de alteraciones entre los 20 trabajadores cuyos informes médicos se han examinado: tres padecen dermatitis, tres alopecia, tres hipercalcemia, es decir, una mayor presencia de calcio en sangre que puede estar relacionada con la pérdida ósea dental y quizá en otras estructuras anatómicas, y dos presentan una gasometría alterada.

Y ahora, ¿qué?

Los daños de estos trabajadores muestran el mal funcionamiento de la prevención de riesgos laborales, en este caso en el ámbito del Principado de Asturias, y la escasa capacidad de gobiernos y administraciones para velar por el cumplimiento de la normativa; pero no solo eso, en estos momentos estos trabajadores son un problema para la Administración, para la Inspección y para la empresa. Nadie está interesado en “molestar” demasiado a los dueños del zinc del planeta, “no sea que se enfaden” y trasladen la producción a otro lugar.

Por citar solo alguna de las “disfuncionalidades” observadas en este entramado de intereses, el servicio de prevención externo de la empresa IMSA, a la que pertenecen la mayor parte de los intoxicados, ha solicitado darse de baja como entidad acreditada, en pleno “desencadenamiento” de los daños a las personas. Entidades como la Dirección General de Salud Pública, el propio Instituto Asturiano de Prevención de Riesgos Laborales y la autoridad laboral emiten, meses después de los hechos, profusos informes sobre cuestiones que ya los médicos que atendieron en los servicios de urgencias a los trabajadores, la Guardia Civil y el propio juez de guardia constataron en los días del accidente.

En lo que respecta a la asistencia sanitaria a los intoxicados, la misma deja muchos interrogantes. A dos trabajadores se les determinó arsénico y uno lo presentó alto, ¿por qué no se determinó este tóxico en el resto de trabajadores? Tenemos conocimiento de que al menos 80 trabajadores de la propia AZSA, que no habrían estado en contacto directo con la obra en la que se produjo el accidente, presentaron valores entre 20 y 50 microgramos/litro de mercurio en sangre en analíticas realizadas con posterioridad al accidente. Es decir, el doble de lo recomendado por la OMS. A estos trabajadores ni se les dio de baja ni se les declaró reglamentariamente como afectados por el accidente laboral. Todo hace sospechar que no estamos ante exposiciones puntuales debido a un accidente, sino que existió un riesgo continuado que ni se evaluó ni se ha prevenido.

No podemos dejar pasar tanta negligencia ante un accidente que, como ya ha reconocido la propia Inspección de Trabajo, es el caso de contaminación por mercurio más grave producido en Europa en los últimos años. La empresa ya ha empezado a reaccionar y se ha cambiado el proceso de trabajo en los convertidores y en el uso y almacenamiento de los residuos, y se han mejorado los controles médicos y los EPIS en los procesos de trabajo, pero todo ello solo en respuesta a lesiones consumadas en los trabajadores.

*Javier Vázquez es responsable de Salud Laboral de la Federación de Industria de CCOO en Asturias; Luis A. Villoria es médico y miembro del Gabinete de Salud Laboral de dicha Federación; Ignacio Requena es responsable de la sección sindical de CCOO en AZSA.