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Condiciones de trabajo y absentismo. Por un debate en profundidad

Jue, 15/10/1998 - 12:20

Dossier: Absentismo a debate

Los medios de comunicación se hacen eco con cierta frecuencia de la importancia que para las arcas de la seguridad social representa la incapacidad temporal (IT), popularmente conocida como 'la baja'. Sin ir más lejos, la seguridad social gastó unos 600.000 millones de pesetas en financiar la IT el año pasado. Junto a este elevado coste, las noticias sobre IT en los medios de comunicación suelen referirse al fraude existente en esta prestación y a la necesidad de reducirlo.

Sorprende que lo único noticiable sea el coste del absentismo al margen de su valor como indicador de salud y de las condiciones de trabajo.

Controlar el coste

En los últimos años se han introducido cambios muy importantes dirigidos a la mejora de la gestión de la IT y de la lucha contra el fraude. En síntesis, estos cambios permiten la gestión de la IT por las Mutuas de Accidentes de Trabajo y Enfermedades Profesionales de la Seguridad Social en sus empresas asociadas con lo que los médicos de estas entidades puedan citar y visitar a los trabajadores enfermos y, si lo consideran, proponerles el alta médica. Se pretende, además, acortar los tiempos de espera para ciertas pruebas complementarias o tratamientos posibilitando el uso de los medios técnicos de la Mutuas.

Estas modificaciones legislativas han merecido el aplauso de las Mutuas, de ciertas compañías aseguradoras (que quizás vean en ellos los primeros pasos para su entrada en un sector en el que se mueve tanto dinero) y de las organizaciones empresariales, mientras que han sido duramente rechazadas por los sindicatos y organizaciones profesionales. Una de las reacciones más críticas y razonadas ha venido precisamente de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria. Sin ir más lejos, parece evidente que tales modificaciones suponen serios problemas e incluso algunas amenazas para elementos esenciales de nuestro sistema sanitario y, especialmente, para la equidad.

Por otro lado, no puede dejar de sorprender que lo único noticiable acerca del absentismo laboral sea precisamente su coste, al margen de su valor como indicador de salud de la población trabajadora y de las condiciones de trabajo que existen en las empresas.

Existen grandes evidencias de la influencia de la tensión laboral en el nivel de absentismo.

Absentismo y salud laboral

En efecto, la ausencia del trabajo por enfermedad -aunque con importantes limitaciones- representa un indicador de la salud de la población trabajadora, mientras que el nivel de absentismo por motivos de salud en una empresa determinada refleja en buena medida su nivel de salud organizacional.

De hecho, es de una gran evidencia que no todas las personas se ausentan del trabajo por motivos de salud de la misma forma ni con la misma frecuencia. El estudio de estos motivos entre los diferentes grupos de trabajadores ­hombres y mujeres, jóvenes y mayores, unas y otras ocupaciones- podrá mostrar las diferencias existentes en las condiciones de vida y de trabajo de unas y otras personas.

El estado de salud determina el inicio de un episodio de baja sólo parcialmente. Una misma enfermedad puede incapacitar para realizar una determinada tarea ­de esfuerzo, por ejemplo- pero no otra. A su vez, dos personas con una misma enfermedad y ocupación pueden estar incapacitadas para su trabajo en un grado distinto según su estado de salud general y su edad. Una gripe no incapacita por igual a un administrativo joven que a otro de mayor edad y bronquítico crónico.

¿ Es también fraude tener que trabajar a pesar de no estar en las condiciones de salud adecuadas para ello?

Diversas características psicológicas, la forma como cada cual afrontamos los problemas que tenemos, influyen la vivencia de la enfermedad y la incapacidad. Por su parte, las características psicosociales del trabajo se relacionan con la motivación para ir a trabajar y diversos condicionantes sociales, frecuentemente expresados como diferencias entre hombres y mujeres, dificultan la presencia en el trabajo. En este sentido no cabe duda de que el conocido 'doble rol' de la mujer trabajadora tiene un papel fundamental en la ausencia del trabajo ­y, en contrapartida, en la presencia en el hogar- de las mujeres que conviven con hijos pequeños o con personas mayores, dado el desigual reparto de las tareas domésticas entre hombres y mujeres.

Por lo que respecta la organización del trabajo, existen grandes evidencias de la influencia en el nivel de absentismo de la tensión laboral (muchas exigencias del trabajo y poco control sobre éste, entendiendo el control como autonomía y capacidad de tomar decisiones). Los trabajadores que desarrollan su trabajo en condiciones de alta tensión tienen más episodios de IT que los que trabajan en mejores condiciones. En este caso, la baja representa un mecanismo de protección frente a unas condiciones de trabajo psicológicamente nocivas.

¿Dónde está el fraude?

El absentismo laboral por motivos de salud tiene, pues, causas diversas y complejas. En todo caso deberíamos recordar que cuando una persona asalariada obtiene una 'baja' es porque su médico de cabecera considera que sus condiciones de salud no son las adecuadas para ir a trabajar. En este sentido, la baja laboral forma parte del tratamiento médico destinado a restablecer la salud de la persona enferma. Por supuesto que este profesional puede equivocarse, pero puede hacerlo en dos direcciones: firmando un parte de baja cuando no hay motivo médico para ello o bien no firmándolo en presencia de motivo suficiente.

Por otro lado, si la salud ­como dice la Organización Mundial de la Salud- es algo más que la ausencia de enfermedad parece innegable que para la firma o no del documento de baja el médico debe considerar también elementos de índole psicológico y social. Conceder o no la baja a un trabajador que consulta a su médico es pues un acto de responsabilidad profesional y social de éste, acto complejo y difícilmente valorable en términos objetivos por personas que desconozcan cada situación concreta.

Parece socialmente aceptable considerar fraude no ir a trabajar estando en condiciones de hacerlo. Entonces, ¿es también fraude tener que trabajar a pesar de no estar en las condiciones de salud adecuadas para ello?. Alguien dirá 'fulana no tiene nada y está de baja'. Y alguien añadirá 'pues fulano está hecho polvo pero no quiere la baja por miedo a que no le renueven el contrato'. He aquí dos dimensiones del problema. ¿Dónde está el fraude?.

Sería deseable que el debate sobre la incapacidad temporal se basara en observaciones científicas, empíricamente contrastables, en lugar de discurrir por derroteros estrictamente economicistas y parciales. La mejora de la gestión de los recursos financieros públicos es algo absolutamente necesario y deseable, pero deberíamos huir de los análisis simplistas de problemas complejos que sólo llegan a proponer 'soluciones' fáciles que no hacen otra cosa que culpabilizar a las víctimas. La reducción del absentismo laboral pasa, fundamentalmente, por el estudio y la mejora de las condiciones de trabajo y de vida que lo generan.

Salvador Moncada
Centre de Salut Laboral
Institut Municipal de Salut Pública de Barcelona